Cultura / NOVIEMBRE 15 DE 2020 / 11 meses antes

Old Providence y el grito necesario del post-punk

Autor : Juan Felipe Gómez Cortés

Old Providence  y el grito necesario del post-punk

Nada abre la mente tanto como los nuevos sonidos. Acostumbrados a la precariedad de la radio comercial y sometidos a la tiranía de los algoritmos en nuestros dispositivos de reproducción, de vez en cuando, sin embargo, la curiosidad y el hastío nos conducen por sendas de gratos descubrimientos. La aparición del nombre Old Providence en una lista de reproducción junto a las palabras post-punk y Armenia puede desconcertar al principio, pero al darle play y permitirse conocer la propuesta de esta agrupación, podemos acceder a una experiencia sonora y estética estimulante.

Puesta en marcha en el 2016, la agrupación cuenta actualmente con Joner de la Pava en la voz, Felipe del Río en la guitarra, Óscar Cardona en la batería y José Daniel Herrán en el bajo, y en estos 4 años de camino han puesto a sonar un puñado de canciones integradas en los EP’s Niebla (2017) y Tamas - Old Providence (2019), y en el álbum Al final sólo hay vacío (2018). 

Con una influencia inicial del sonido indie, 2 de los integrantes decidieron proponer algo diferente, que no existiera en esos momentos en el Quindío, donde tradicionalmente ha habido público para el punk y el metal en sus derivaciones más comunes. Se trataba de “crear un sonido nuevo en la ciudad”, que además de permitirles la experimentación rítmica, les sirviera para expresar la ansiedad de vivir en una de las ciudades con mayor desempleo, suicidio y corrupción del país, como menciona el baterista Óscar Cardona. 

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Pusieron entonces la mirada en el post-punk, un estilo cuyos orígenes se remontan a finales de los 70 cuando la oleada punk se diluía dando paso a nuevas exploraciones sonoras. Con un claro y nutrido mapa de influencias en ese y otros estilos del rock, Old Providence ha alcanzado en estos 4 años una identidad sonora en la que destacan las “baterías contundentes y rápidas, líneas de bajo sólidas, guitarras cargadas de sonidos atmosféricos y una voz potente, dinámica y oscura”.

Vinculado tradicionalmente a lo marginal y underground, el post-punk es también un grito frente a la represión, permite “sacar cosas de adentro que la gente normalmente no es capaz de expresar”, dice Felipe del Rio. Para el baterista el post-punk es “el punk de las clases media y media-baja, que quieren expresar la melancolía y el hastío frente a una sociedad en la que no se consideran representadas”. En este sentido, las letras cobran un gran protagonismo, y “han marcado parte de la ideología de la banda, siempre con un contexto de nihilismo”, dice Óscar. Encontramos en ellas líneas directas y sencillas, la mayoría cargadas de rabia: “Te conviertes en una sucia pieza más / de un crimen que jamás resolverán” —“No hay regreso”—; “Mi cabeza es una bomba de tiempo… / Menos mal nadie sabe lo que pienso”. —“Sublimación”—. 

Aunque el peso de las influencias los ha llevado a versionar algunas canciones, desde un principio tuvieron claro que querían componer sus propios temas. “No tenemos una forma concreta de componer, a veces cualquiera llega con una canción, otras salen en medio de improvisaciones o en el ensayo”, dice José Daniel. En la configuración de su propuesta y pese a que la denominación de su estilo podría limitarlos a un nicho reducido de público, la respuesta ha sido particular. “Es curioso, y creo que los 4 pensamos igual: desde un metalero muy radical, hasta la persona que escucha solo pop, le gusta el sonido. El espectro sonoro de la banda es muy amplio y hemos estado en festivales que son muy pop, hasta festivales muy underground”, cuenta Óscar. 

Como músicos autodidactas, tienen claro que el Quindío tiene “una gran cantidad y calidad de artistas en cuanto formación y ejecución, y que gracias a instituciones como Bellas Artes se ha podido consolidar una camada de músicos que en lo que respecta a teoría y ejecución tienen un amplio manejo”. Sin embargo, también reconocen que “hay círculos muy cerrados que limitan a las personas que no han podido tener una formación teórica estructurada para que se entusiasmen a seguir el camino artístico”.

Impulsores de una movida emergente, son conscientes del peso de las presentaciones en vivo, dinámica afectada ostensiblemente por la actual crisis: “Es uno de los pilares de lo que es nuestra banda. En sí, el show en vivo y la puesta en escena son algo en lo que desde el principio hemos enfatizado para ser cada vez mejores, pues lo que queremos es que la gente que va a nuestras presentaciones pasen un rato de diversión y puedan expresar con nuestra música los sentimientos que llevan dentro. Es por eso que como banda tenemos una temática en cuanto a vestimenta, cómo nos paramos en el escenario y cómo debemos actuar en los distintos momentos del show”. 

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Con respecto al público y la audiencia consideran que son “las razones por las que seguimos adelante y tratamos de hacer que las cosas sean llamativas tanto visual como sonoramente, pues entendemos que las personas no van a vernos tocar, sino a pasar un rato de diversión, y para esto debemos hacer que el público esté cada vez más empatizado con todo lo que es Old Providence, desde las letras, la música y nuestra forma de ser con ellos”.

La mirada crítica y las posturas contestatarias propias del género que promueven se expanden a la misma dinámica musical, y ponen de manifiesto una discusión siempre necesaria para aportar a la evolución de la cultura local: “Es necesario replantearse y reparar en lo que se cree por escena musical en el Quindío. Entendemos que hay muchas agrupaciones y en ocasiones se realizan eventos, pero no se ve una unión entre bandas y esto es fundamental a la hora de realizar toques o difundir el trabajo de los demás artistas. También se necesitan más espacios dispuestos a salir de esa zona de confort y apoyar esta clase de eventos alternativos. Por último, se necesita crear un público que apoye, que entienda que el cover que se paga a la entrada es para apoyar a la banda, al bar, y contribuir para que se sigan realizando conciertos. Si no se mejoran esos aspectos es muy probable que la “escena” musical en el Quindío siga en lo mismo”.

Como contribución a que ese panorama cambie, la agrupación ha gestionado el espacio Armenia Sombría, un evento para dar a conocer con regularidad lo que se está haciendo dentro de su género y propiciar el disfrute de todo lo que se conjuga en una presentación en vivo.

Con estos espacios, y la voluntad inquebrantable de experimentar y mover conciencias, Old Providence trasciende los estereotipos de la música marginal e invita a abrir la mente para apropiar nuevos sonidos y decir lo que la sociedad muchas veces calla. 

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