Cultura / NOVIEMBRE 19 DE 2018 / 2 años antes

Teatro Azul de Armenia, 20 años de investigación y creación en el Quindío

Teatro Azul de Armenia, 20 años de investigación y creación en el Quindío

Teatro Azul está cerca al parque sucre de Armenia.

El proyecto se convirtió en un interesante recomienzo que miraba al entorno destruido, pero que se gestaba para inyectar entusiasmo.

Cuando Leonardo y Ximena plasmaron el sueño de iniciar su proyecto de vida cultural —el hoy conocido Teatro Azul de Armenia— la tierra ya comenzaba a resentirse en el Quindío, preparándose para el fatal terremoto del 25 de enero de 1999. Corrían los meses de 1998 y ellos habían regresado de Cuba, la isla que les inspiró el nombre del proyecto teatral en el Quindío, luego de apreciar el cielo azulado de la inmensidad del mar caribe.

El sismo no les truncó sus ilusiones. Al contrario, Leonardo Echeverri y Ximena Escobar, el primero de madre nariñense y ella, de raigambre de esta tierra cafetera, siguieron su empeño en medio del desastre. A la postre, el pellizco que nos produjo el remezón, y que estaba proyectado para que instituciones y personas cambiáramos de actitud en el departamento, a muchos no los transformó y hoy seguimos peor que antes, provocando constantemente una debacle que se materializa en peores niveles de convivencia y de vulneración de nuestro medio. Pocos siguieron en la mejora de sus proyectos, entre ellos Teatro Azul, aprovechando esa ‘nueva oportunidad’ que nos daba el movimiento telúrico, sobretodo para pensar en nuevos modelos de proyección en el mundo de la cultura.

Teatro Azul no se quedó impávido. El proyecto se convirtió en un interesante recomienzo que miraba al entorno destruido, pero que se gestaba para inyectar entusiasmo, cual ave fénix que resurge de sus cenizas. Comenzó así la constante que ha perseverado en el seno de este grupo, o sea “un continuo proceso de investigación teatral”, que han enriquecido con su participación en varias versiones del Festival Internacional de Teatro de Manizales y en otros eventos de países vecinos y del contexto latino y europeo como fueron el Encuentro de Baja California, el Festival Centroamericano de El Salvador o el Festival Internacional de las Artes en Quito, entre otros.

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Esto ocurrió entre 1999 y 2010, mientras se iban creando las obras teatrales que los han dado a conocer. Se destacan entre ellas ‘Una ventana al infinito’ y ‘Bolívar el libertador desnudo’, coproducidas en 2005 con Mutantheater de Alemania y que abordan la problemática de la trata de personas la primera y la semblanza histórica la segunda.

Es impresionante el talante y la fogosidad del grupo más reconocido del teatro en Armenia, que desde hace 20 años viene regalándole a los colombianos —y en especial a los quindianos— lo mejor de la puesta en escena desde el abordaje de temas relevantes.

Sería cómodo presentar la lista de sus realizaciones teatrales, como una muestra de su imparable actividad. Pero también es cierto que es más importante aún encontrar el objetivo renovado de ellas, tan versátil y tan variado, que ha dado lugar a la generación de un concepto que sus directores resaltan: el teatro necesario. Gracias a ello, Colombia se sensibilizó, en 2010, con la obra ‘Libelos y memorias’, una reflexión sobre el bicentenario de la independencia patria, desde la puesta en valor de las tablas. Fue con esta obra que el Teatro Azul reforzó su planta de actuación con la convocatoria a los actores y actrices jóvenes, un colectivo que luego se presentaría en la región y hasta en otros países, donde el grupo de más o menos 10 integrantes hizo el periplo, sin encontrar en esos viajes internacionales lo que en cualquier proceso pudiera considerarse un obstáculo.

No ha conocido el Teatro Azul de Armenia la talanquera para salir adelante. Tal vez el mayor logro en esta tónica lo consiguieron al adaptar una antigua construcción —en ruinas y olvidada— para su nueva sede que actualmente se levanta a una cuadra del parque Sucre.

Se aprovecharon las butacas abandonadas de un desaparecido escenario para el actual acondicionamiento físico de su nueva casa y la refacción se hizo ladrillo tras ladrillo, conseguidos con esfuerzo.

Como también con tesón ha sido su gestión cultural, que ha permitido los mejores alcances, a veces sin la ayuda estatal. Años atrás, Teatro Azul se había empoderado de otro espacio de la ciudad: la ocupación de una casa de bahareque, en el parque Los Aborígenes, la llamada Casa Aristizábal, una muestra palpable de su apropiación del patrimonio cultural.

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Gracias a Teatro Azul, los quindianos hemos experimentado múltiples sensaciones del espíritu, amarrados a esas sillas renovadas, frente al estrado por donde han transcurrido sus obras. Las menciones de algunas, con su trasfondo argumental, son la prueba de algo que sus directores expresan con el convencimiento de haber optado por el camino correcto. Así lo demuestran ‘Ciudad Fantasía’, con su mensaje de la urbe que agoniza por el desastre ambiental, pero que se esperanza en la concepción de un buen manejo de sus recursos. ‘Sin sentido’ es un monólogo teatral que nos emplaza para cuestionarnos con nuestra fachada de la vida educativa y ciudadana. ‘Vida’ es un excelente manejo visual y escenográfico sobre la vitalidad del planeta donde vivimos. ‘En el escenario’ y ‘Hominum, perdón por ser’, sus últimas producciones, son vigentes ante la realidad del posconflicto.

No es solamente el encanto de cada jueves ‘azulado’, o un viernes en la noche, para la gala teatral de Armenia, lo que nos depara Teatro Azul. También está lo más esencial de todo proceso cultural: la formación de público y la sensibilización estudiantil, que han sido uno de sus pilares. Ello se ha cristalizado con un programa fabuloso llamado ‘Temporada de teatro para la Vida’, lo que ha representado que sus sillas hayan sido ocupadas por miles de estudiantes que se alimentan del nutriente artístico y que, como lo dice Leonardo Echeverri, “hicieron visible la necesidad que tiene el ser humano de pensarse y de analizar algunos temas que nos competen a todos”.

Cada función de Teatro Azul es una satisfacción sin límites. Cuando escribo estas líneas, todavía sueño con la dicha que mi espíritu sintió noches atrás, al apreciar otras de sus presentaciones, ‘Nerudianas’, que es como un paseo por la poesía y la representación teatral. Siempre habrá, entonces, con la posibilidad del arte, mucho por disfrutar. Gracias, Teatro Azul.


Roberto Restrepo Ramírez
Especial para LA CRÓNICA



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