Deportes / SEPTIEMBRE 05 DE 2021 / 1 mes antes

Neja Sanz, de figura profesional del baloncesto a jugar en silla de ruedas

Autor : Oliver Gómez Solarte

Neja Sanz, de figura profesional del baloncesto a jugar en silla de ruedas

Nelson Jaime Sanz, más conocido en el deporte como Neja Sanz, hace parte de la selección Colombia de baloncesto en silla de ruedas. Se alista para encarar el ciclo en busca de un cupo a París-2024.

En sus inicios integró el Club Cafeteros, pero una enfermedad en sus rodillas lo llevó a iniciar un nuevo camino en el deporte. 

Ganó ante Argelia y se despidió con decoro. La selección Colombia alcanzó su meta, después de sus 5 caídas iniciales; pues nada es eterno, ni las malas rachas, y ante los africanos se impuso 70-47.

“Nos vamos a ir, pero lo haremos dando la pelea”, dijeron los jugadores que participaron con el uniforme nacional en el torneo de baloncesto en silla de ruedas de los Juegos Paralímpicos Tokio-2020, antes de rodar sobre el maderamen para disputar su juego de despedida.

Contra los argelinos por fin desplegaron todo su potencial y se marcharon motivados, después de días de frustración, pues no habían jugado tan mal como para perder en todos sus juegos, pero así es el deporte, a veces no tan justo.

Uno de los colombianos es oriundo del Quindío. Neja Sanz, por invitación de su amiga Mónica Echeverría, histórica del baloncesto del departamento, envió desde Tokio un saludo a sus coterráneos, y al hablar con LA CRÓNICA sostuvo que no descarta volver a su tierra, aunque aquí poco lo han apoyado. “La verdad nunca he esperado nada del Quindío. Nunca me han ayudado, ni siquiera en lo laboral. Muchas promesas, cero compromiso”, dice. “En Quimbaya, de donde soy oriundo, la gente sí está pendiente”, explicó.

En la actualidad defiende los colores del Valle del Cauca, y está decidiendo qué pasos dar en su carrera, pues tiene propuestas para militar en el baloncesto del exterior. Panathinaikos de Grecia es uno de los clubes que lo tienen en la mira, pues ya conocen su juego, dado que militó allí durante un semestre de 2019 y en 2020, después de su paso por la liga brasileña.

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Cuando el Club Cafeteros nació en Armenia en la década de los 90, él fue uno de sus integrantes, pero ¿cómo terminó en una silla de ruedas? La realidad es que esta ayuda solo la utiliza para competir; en su vida normal es un caminante.

Como jugador convencional caminante ganó en el año 2000 plata con Nariño y en 2004 se colgó el oro con Bogotá, en los Juegos Deportivos Nacionales. En la liga profesional, fue campeón con Piratas en 2003, y con la selección Colombia ganó medalla de bronce en los Juegos Bolivarianos de 2005. También militó en Sabios, Leones de Nariño y Pijaos.

¿Entonces tiene ventaja? Nada de eso: una artrosis patelar degenerativa en ambas rodillas le impidió seguir jugando baloncesto profesional. La Federación Internacional de Deportes en Silla de Ruedas y Amputados -IWF, por sus siglas en inglés- y por Comité Paralímpico Internacional, IPC, lo evaluaron y le dieron una clasificación mínima de 4.5, que le permite estar en el paralimpismo.

Las clasificaciones van de 1 a 4.5, y en el campo de juego, los 5 deportistas deben sumar un total de 14 puntos. “Esa es una estrategia. Nos conjugamos muy bien los caminantes y los deportistas que viven permanentemente en silla de ruedas”, señaló el profesional en deporte y actividad física, especialista en dirección y gestión deportiva

Camina normal, pero siente dolor si intenta saltar o si sube o baja escaleras. Después de que le detectaran su dolencia a finales de 2006, en 2007 inició su cabalgata en el baloncesto en silla de ruedas, como integrante de la selección Colombia, y en Londres-2012 hizo su estreno paralímpico.

En los Juegos Paranacionales de 2008 ganó oro con Bogotá; en 2012, plata con Cundinamarca; en 2015, oro con Bogotá; en 2019, oro con Norte de Santander, y en 2023 estará representado al Valle del Cauca.

Con la selección Colombia ha estado en más de 15 eventos internacionales. En los Parapanamericanos se quedó con la plata, en Guadalajara 2011, y con el bronce, en Lima 2019, y en los Parasuramericanos de Chile en 2015 se apoderó del bronce.

Cuando jugaba convencional, en Piratas coincidió con un compañero al que tiempo después le amputaron un miembro inferior, por esa razón ya había tenido acercamientos con el baloncesto en silla de ruedas, en primera instancia por pura curiosidad. “No hay mal que por bien no venga”, dice.

Su próximo reto será el sudamericano que se desarrollará en el mes de diciembre en Argentina, después vendrá la Copa América, que es clasificatoria a mundial, y tiene en su mente lo que será el inicio del ciclo rumbo a París-2024.

Ha tenido acercamientos con el Quindío para su regreso, pero dice que nada se ha concretado, a pesar de que entregó un proyecto del cual espera respuesta. Por ahora sigue entrenando, pues sea caminando o rodando, este quindiano no deja de avanzar en busca de sus sueños.


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