Economí­a / SEPTIEMBRE 20 DE 2020 / 1 mes antes

Tejido social y económico, las deudas de la reconstrucción

Autor : Karol Moreno García y Carlos Wilmar López

Tejido social y económico,  las deudas de la reconstrucción

En esta segunda entrega se evidencia una inversión sin precedentes que representó una oportunidad para resurgir en medio de los escombros, pero que no marcó un impacto significativo para el desarrollo local.

Era la 1:19 p. m. del 25 de enero de 1999 cuando la historia del departamento del Quindío cambió. Un trueno, surgido en las entrañas de la tierra a 17 kilómetros de profundidad, ascendió con violencia, derrumbó casas, fracturó edificios y estremeció los cimientos de una economía frágil, desorientada y en crisis. Bastaron 32 segundos para que el movimiento telúrico, de 6.2 grados en la escala de Richter, marcara un punto y aparte.

A las 5:40 p. m., una réplica de 5.8 grados completó el escenario dantesco, dejando un saldo total de 1.185 muertos, 8.523 heridos, 55.000 damnificados, más de 100.000 inmuebles afectados y daños valorados en US$1.589.000.000.000 a su paso por 28 municipios en el Eje Cafetero, Valle del Cauca y Tolima. 

La ‘Ciudad Milagro’ sufrió el 54 % de los daños totales: “929 muertos, 5.500 heridos, 21.810 viviendas entre destruidas e inhabitables que afectaron cerca de 97.000 personas;  42.272 personas que perdieron el empleo, 22 centros educativos resultaron destruidos. En el sector comercial se registraron pérdidas cercanas a los US$50.000.000; industria y servicios, pérdidas por US$22.000.000 y ventas dejadas de realizar entre enero y abril por un valor estimado de US$160.000.000”. Una catástrofe sin precedentes en la historia reciente del país. 

Recomedado: Economía cafetera: de la bonanza a la crisis

El papel del Forec

Como se mencionó en la entrega anterior de este informe, el terremoto llegó en el peor momento de la economía quindiana, cuando se cumplía la primera década del rompimiento del pacto cafetero y ya los productores preferían dejar caer el grano de los árboles porque les salía más rentable perderlo que comercializarlo.

Para atender la emergencia, el gobierno nacional creó el Fondo para la Reconstrucción Económica y Social del Eje Cafetero, Forec, “una entidad de naturaleza especial, con capacidad jurídica y autonomía presupuestal para financiar y realizar las actividades de reconstrucción y rehabilitación económica, social y ecológica de la región afectada”.

El Forec fue financiado por el Estado colombiano, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, algunos gobiernos donantes y el 1 % por donaciones de los colombianos. El presupuesto total de la reconstrucción ascendió a $3.195.582 mil millones. 

Jorge Iván Cuervo Restrepo, investigador de Opera y profesor de Ciencia Política, en su monografía La gestión de lo público más allá de lo estatal, aseguró que el Forec fue una de las experiencias “más interesantes de política pública y acción colectiva que se han presentado en el país en los últimos tiempos. (...) Se trató de una institucionalidad que pudo generar la confianza necesaria para canalizar recursos nacionales e internacionales” 

La figura trascendió la esfera estatal. “Se plantea la hipótesis de que esta forma de intervención pudo darse en una región como el Eje Cafetero, y especialmente en el departamento del Quindío, gracias a la débil interlocución de los actores políticos con las instancias nacionales que se han visto desplazados por un actor mucho más poderoso. La Federación Nacional de Cafeteros ha sido el ‘Estado en práctica’ en la región”. 

 

El 80 % de los recursos que llegaron al Forec se destinó a labores de infraestructura: construcción, subsidios y obras públicas.

Según Cuervo Restrepo el terremoto hizo más visible la pobreza, en una región acostumbrada a tener buenas condiciones de vida gracias a su ubicación en el enclave cafetero más importante de Colombia. El reto del Forec era hacer reconstrucción con lo mejor del Estado y la sociedad civil, reduciendo los costos de transacción de la intermediación del sistema político, a partir del supuesto de la incapacidad de la institucionalidad existente.

“El modelo de intervención del Forec trató de tender un puente, una transición entre un modelo de desarrollo económico y de conducción política que se derrumba y que ya no cuenta con el excedente de la economía del café, y otro que debe surgir como consecuencia del marco institucional que provee la Constitución de 1991”. 

El académico advirtió que lo logrado se vio truncado no solo por la resistencia de los actores locales a apropiarse de las potencialidades y externalidades positivas de una inversión pública sin precedentes, especialmente en el departamento del Quindío, sino por el diseño institucional que se superpuso a las estructuras locales de poder sin removerlas ni recomponerlas. “El proceso de reconstrucción física de la infraestructura pública y privada sin duda es exitoso, pero no el de la reconstrucción política e institucional”.

Otro punto de vista es el aportado por Henry Gómez Tabares, gobernador del Quindío para el momento del terremoto y quien fue excluido de la junta directiva del Forec. “Fue muy difícil el desconocimiento total de la institucionalidad, por eso me dediqué a buscar ayuda en la empresa privada y recursos de gobiernos amigos me ayudaron en la construcción de algunas viviendas, recuerdo que organizaciones como la GTZ de Alemania vinieron directamente a trabajar con la gobernación del departamento”. 

Las deudas de la reconstrucción

Eddie Polanía Rodríguez, académico y planificador regional en el Quindío, sostuvo que el gran desastre de carácter social, institucional y de desgaste económico, además de daños en la infraestructura regional por más de $60.000.000.000, significó la parálisis de la actividad económica. 

“Hubo gran destrucción de la infraestructura física, crisis, desempleo, muertos. Entonces llega el Forec y la primera decisión que tiene es no meter a la dirección del fondo al gobernador del departamento, bajo el argumento de la corrupción y de la ineficiencia, pero sí mete a Álvaro Patiño Pulido, que era el alcalde de Armenia”. 

Destacó que en los principios filosóficos del Forec se establecía: “La reconstrucción del Eje Cafetero no consiste en devolverle a la zona la situación que presentaba el 25 de enero de 1999 sino en generar las condiciones económicas, sociales y políticas que le permitan ingresar al siglo XXI de una manera eficiente y competitiva”, y que esto se quedó en una frase, pues esas condiciones económicas y sociales no se generaron para el futuro. 

“El año 2000 uno lo veía como algo mágico, tenía una connotación muy fuerte, era el futuro. Empezó la reconstrucción, pero el Forec empezó a mostrar sus debilidades; en el primer año empieza a perfilar su política económica y resulta que la recuperación está 100 % fundamentada en la construcción de infraestructura, es decir, pretendía que invirtiendo la plata en construcción de calles, casas, puentes, la economía se iba a reactivar, eso es cierto, pero cuando pasara el auge de la reconstrucción, ¿qué iba a pasar?, íbamos a volver al mismo escenario de crisis que teníamos antes del terremoto. No había una propuesta estructural de reactivación económica”. 

Polanía Rodríguez hizo una crítica al gobierno y a las instituciones que no pensaron la región, sino que se concentraron en sus intereses particulares. “Por eso este departamento está tan mal. Aquí hay mucha inseguridad, pobreza, desempleo. El trabajo de fondo no se ha hecho. estuvimos esperando que se hiciera en 1999 tras el terremoto, pero no se hizo. La reconstrucción social no se hizo”.

Ver: #Cronicápsula: Armenia confirmada como sede del Suramericano de Fútbol sub 20

Se generó empleo con la reconstrucción, pero faltó fuerza en lo social

Rodrigo Estrada Reveiz, presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío, indicó que a raíz del terremoto llegó un número importante de personas procedentes de otras regiones del país a buscar oportunidades, lo que generó dificultades. “Hubo mucho subsidio y eso es bueno al principio, pero mucha gente se acostumbró al sistema y eso genera una mentalidad diferente”. 

Dijo que el terremoto también generó posibilidades importantes de construcción, de obras nuevas, alcantarillado, acueducto. “Hubo aspectos positivos físicos, pero socialmente quedaron muchas dificultades. 

Habló también sobre la ley Quimbaya que se creó para promover la atracción de empresas para reactivar la economía regional, pero que no tuvo eco, el dirigente manifestó que tal vez fue porque era demasiado exigente y faltó promoción. 

“En su momento era muy difícil, sin justificar a nadie. Se generó empleo con la reconstrucción, se dejó un departamento con una buena infraestructura y la parte social que también se hizo, le faltó fuerza, o tiempo o recursos”. 

Destacó que lo que se fortaleció en ese momento para crecer, fue el turismo y el comercio que creció bastante, empezando por la generación de confianza para que vinieran grandes empresas a través de los centros comerciales, pues en Armenia no había ninguno. 

Una visión de largo plazo que caducó

Dadas las frustraciones del momento, un grupo de académicos y conocedores del ordenamiento territorial, en conjunto con la sociedad civil y bajo la dirección de Eddie Polanía Rodríguez, se construyó el Plan Estratégico Quindío 2020 que planteaba estrategias de corto, mediano y largo plazo para que en la actualidad este fuera un departamento en paz, participativo, y verde; agroindustrial y turístico; que se tuviera la mejor calidad de vida. 

Dentro de los planteamientos estaba recuperar la infraestructura económica, social, la organización de la informalidad y generación de empleo temporal. Luego se tendría que enfocar en la diversificación y la innovación, además de estimular las cadenas productivas, sobre todo en la agroindustria, el turismo y la artesanía.

“El plan expiró sin abrirse ni estudiarse, enterrado consigo el único proyecto a largo plazo construido por la sociedad para transformar la región. Lo grave no fue tanto el olvido sino que en adelante, hasta hoy, la transformación del aparato productivo, la revolución educativa, la construcción de democracia y el desarrollo sostenible, dejaron de ser proyectos concretos para devenir frases huecas en los siguientes planes”. 

Polanía Rodríguez reflexionó que a pesar del impacto destructivo ocasionado por el terremoto de 1999, el año 2000 pudo haber marcado el punto de quiebre de la historia de Armenia y del Quindío. 

“Lo habríamos logrado si hubiésemos sido, más que inteligentes, estratégicos, en razón de la reconstrucción de la que fue objeto la región. En la visión del Forec lo estructural no tuvo resonancia, la tesis de que las millonarias inversiones en construcción de vivienda e infraestructura reactivaría la economía y contribuirían a resolver el resto de problemas no se cumplió. Si bien la política pública resolvió la coyuntura, los desajustes subsistieron y todavía se mantienen”. 

El terremoto fue una catástrofe sin precedentes para esta región de Colombia, pero no hay duda de que también abrió la puerta para que Armenia, y el Quindío en general, construyera los cimientos para el futuro. Los recursos que se percibieron en aquella época, seguramente no se volverán a tener, la reconstrucción sin duda constituyó una oportunidad de oro para esta ‘Ciudad Milagro’. 

Aunque en materia de infraestructura, la capital quindiana renació, los efectos sociales y económicos nos persiguen hasta la actualidad con altas cifras de desempleo, un tejido empresarial débil basado en micronegocios y cuenta propia que viven del rebusque, más del 50 % laborando en la informalidad y problemáticas de drogadicción y microtráfico muy marcadas, así como elevados índices de suicidio. 

Destinación de los recursos administrados por el Forec

 

Una ventana para el turismo

Para hablar de la denominada vocación turística del Quindío, es necesario retroceder en el tiempo y pensar en 2 elementos, el primero es que entre los años 70 y 80 se ‘sembró’ la bonanza cafetera, en todos los rincones del departamento, desarrolló una infraestructura básica de servicios públicos, tales como electrificación, acueductos rurales, escuelas, telefonía, mejoramiento de vías secundarias y terciarias. Esta infraestructura, sin pensarlo, fue la simiente sobre la cual se pudo construir a partir del año 1990 y 2000, gran parte del desarrollo turístico de la región. 

El segundo punto crucial es la ruptura del pacto de cuotas en Londres, al romperse los países productores de café en el mundo se lanzaron a una guerra sin precedentes por la colocación en el mercado de todos los inventarios que tenían almacenados. El resultado de todo eso fue una depresión en los precios, en el mercado internacional. En 2 años, el país pasó de vender su café en el mercado internacional a 1.70 por libra, a niveles de 0.40 por libra. 

Según Diego Arango Mora, connotado líder cafetero y quien concibió la idea crear un parque homenaje a la cultura cafetera, el impacto de aquella crisis fue mucho más fuerte para el Quindío por su dependencia del cultivo. 

“Cuando uno mira el efecto de esa decisión al interior de Colombia, aquellas regiones que tenían una dependencia total del café como en el caso del Quindío, cuya economía dependía en más de un 80 % de los ingresos cafeteros, pues aquí el impacto fue mucho mayor que en otros departamentos que eran más productores, pero tenían más diversificados los ingresos: Antioquia, Caldas, Tolima superaron sin tanto traumatismo esa crisis del precio. Fue demoledor, aquí los productores de café tuvieron que comenzar un proceso de desahorro, es decir, a consumirse los recursos que tenían ahorrados desde las épocas de bonanza”. 

En el año 1984, Arango Mora presentó ante el Congreso Nacional Cafetero, en Bogotá, el proyecto para crear el Museo Nacional del Café.

“A ese proyecto, como tantos que se presentan en los congresos, no se le dio mayor importancia, pero se aprobó, y así el Comité de Cafeteros del Quindío, en su momento, me avaló la compra de un terreno en el área rural para hacer el museo”.

Aunque no fue fácil, al momento de la inauguración, en 1995, había una gran incertidumbre. 

“Hacer el Parque del Café, sin ninguna experiencia, con qué compararnos era todo un reto, pero para sorpresa nuestra tuvimos 270.000, y el número fue creciendo de una manera significativa”.

A los 3 años de estar operando, a Arango Mora se le ocurrió que la propuesta era muy llamativa para las personas adultas, pero dejaba un vacío para los niños y los jóvenes que, si bien, decían que el parque era muy bonito,  no se sentían en condiciones de regresar. “Eso significaba que el parque estaba llegando solamente a una parte de la población, a la adulta y resulta que en la recreación en el mundo quienes mandan en la materia son los niños y los jóvenes, por esa razón tomé la decisión de cambiar una palabra y además darle un giro a las actividades del parque, fue quitarle la palabra museo -sin que se eliminara el museo del parque- y ponerle Parque Nacional del Café, cuando le cambiamos ese nombre, abrimos el contexto de lo que iba a ser el parque, le dimos apertura para convertirse en un centro de diversiones, de recreación, sin que perdiera su esencia alrededor del tema cafetero”.

El nuevo concepto, de inmediato fue un éxito, y marcó la pauta para lo que se convertiría la propuesta turística de la región, aunque esta vocación todavía genera polémica. 

En diálogo con LA CRÓNICA, El consultor económico José Santos Hernández advirtió que cambiar la vocación agropecuaria por la turística es un error grave que le está haciendo daño al territorio. 

Ver: #Croniserie | Recorriendo nuestra tradición cafetera. Cap 2 'Saberes campesinos y caficultura'

“No podemos meternos en sectores de la economía terciaria que son de soporte, pero que no son el motor para el desarrollo de un territorio. Esto hay que mirarlo desde el sector primario y ese sector cómo va a apoyar el desarrollo de la industria.  No podemos cambiar ese uso del suelo por las actividades turísticas que genera ciertas ganancias y algunos empleos importantes, pero insuficientes para sostener un territorio durante todo el año”. 

Sin embargo, para Arango Mora la vocación turística no excluye la agropecuaria. “Las vocaciones de las regiones van cambiando con el tiempo, en la medida en que los elementos económicos, culturales van evolucionando. En los años 40, 50 y 60, La Florida era el mayor productor de cítricos en el mundo, sus tierras estaban dedicadas a producir naranjas, hoy, el área ocupada en cítricos es mínima. 65.000.000 de visitantes al año lo han convertido en el primer destino turístico del mundo y si a cada turista se le aplica un gasto medio de US$1.000... De manera que usted no le puede pedir a un agricultor, que tiene 20 hectáreas, que dedique toda su vida a cuidarlas, empobreciéndose, mientras a su lado surgen importantes desarrollos turísticos”.

 



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