Fauna / NOVIEMBRE 30 DE 2020 / 1 mes antes

El águila crestada, un depredador en peligro por la destrucción de los bosques

Autor : Carlos W. López R.

El águila crestada, un depredador en  peligro por la destrucción de los bosques

El ejemplar rescatado en tierras quindianas se encontraba en un estado deplorable por la falta de alimento.

Según la CRQ, hace por lo menos 15 años no se avistaba un espécimen en el departamento del Quindío. 

En el Centro de Rehabilitación de Aves Rapaces San Isidro, Crarsi, de Pereira, se recupera el águila crestada que fue rescatada la semana pasada por personal del área de Fauna Silvestre de la Corporación Autónoma Regional del Quindío, CRQ,y la Policía Ambiental en la vereda Navarco Alto de Salento. 

El director general de la autoridad ambiental en el Quindío, José Manuel Cortés Orozco, explicó que esta especie tiene un valor ambiental muy importante, pues se encuentra en la categoría de alto peligro, de acuerdo con la lista de especies amenazadas de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza, UICN, por lo que el ave entrará a cumplir un proceso de rehabilitación con el fin de regresar a su hábitat natural. 

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Por esta razón y para tener una aproximación a esta especie, LA CRÓNICA contactó a Álex Cortés, profesional de la fundación ProAves, integrante del programa de Conservación y Especies Amenazadas, una persona que lleva 25 años trabajando en ornitología, lo que le ha permitido registrar 4 nuevas especies para la ciencia, y participar de procesos de conservación emblemáticos como en el caso de los cóndores andinos o el loro orejiamarillo.  

“El águila crestada, cuyo nombre científico es Spizaetus isidori, en honor a un ornitólogo francés, se distribuye a todo lo largo de los Andes, desde Lérida, Venezuela, se encuentra por las 3 cordilleras colombianas hasta el norte de Argentina. Habita principalmente en cotas altitudinales que van desde los 1.500 hasta los 3.000 metros sobre el nivel del mar, pero, ocasionalmente, puede ampliar ese rango en búsqueda de recursos”, expresó el experto. 

Se trata de una especie muy poco conocida, que hace sus nidos en las copas de los árboles y, en ese sentido, necesita de los bosques húmedos. 

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“Es muy sensible a los efectos de la fragmentación, en vida silvestre se alimenta de ardillas, perros de monte, otras especies de aves como las pavas, pero cuando se amplía la frontera agrícola se extiende, entra en conflicto con el humano y empieza a consumir aves de corral”. 

Los científicos en Colombia calculan que en el país existen unas 370 parejas de águilas crestadas, sin embargo, es una sobreestimación del tamaño poblacional. “Yo creo que sería mucho más pequeña, no excedería los 200 o 250 parejas reproductoras”, agregó. 

Para el experto, haber encontrado al individuo tan cerca de una zona rural es realmente muy peligroso para la especie. “El águila parece ser un juvenil, en su primer año de adultez, está en un estado deplorable de salud, el pectoral está bastante desgastado. Este animalito, al parecer, hace mucho rato no consumía alimento. Eso hace que baje hasta zonas urbanizadas, posiblemente el águila no ha sido víctima del campesino, pero sí vemos que hay cables eléctricos que atraviesan el paisaje, puede que se haya golpeado con ellos, ya que no tienen ninguna señalización y eso pudo ocasionar que cayera”, señaló Cortés. 

Y es que cuando el paisaje se va urbanizando presenta muchos riesgos para especies tan delicadas como el águila crestada. 

“Al ver presas tan fáciles como aves de corral, obvio que va a intentar cazarlas. Este mismo problema lo tuvimos en una de nuestras reservas en la Sierra Nevada de Santa Marta, identificamos a un individuo juvenil de esta misma especie, afortunadamente se pudo hacer un programa con las comunidades campesinas de allí, algo muy sencillo como enmallar el lugar de las aves de corral. Mientras más intentemos disminuir estos conflictos, podemos dar paso a un mejor bienestar para estas especies”.  

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Por supuesto que también hay que plantear otras medidas, como disminuir la fragmentación, destinar más áreas para la conservación donde participen los entes del Estado, pero también la ciudadanía, los campesinos, las zonas veredales. “Por lo general, muchos campesinos tienen bosque o pueden hacer cultivos, beneficiando a los árboles. Fomentar zonas boscosas donde puedan habitar muchas especies nativas. Esto unido a procesos y programas de educación, monitoreos que pueden hacer las mismas comunidades, uno, las puede empoderar para que ellas mismas protejan los bosques, pero que esto también mejore sus entradas, esto se va a reflejar en un bienestar para la fauna silvestre, en especial para las especies amenazadas como estas, con poblaciones tan bajas y degradación de hábitats tan alto”, puntualizó el profesional de la fundación ProAves. 

Un ave imponente 

El águila crestada mide entre 60 y 80 centímetros de altura. Es muy oscura y se caracteriza por su cresta. En Colombia hay 4 especies, la isidoris es la más grande. Es imponente, dentro de este grupo es de las más bonitas

Como muchos depredadores, su función en el ecosistema es regular poblaciones de otras especies, sin este tipo de animales se dispararían los problemas fitosanitarios en el ecosistema. 


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