Fauna / DICIEMBRE 07 DE 2020 / 4 meses antes

El búho ocelado, misterioso habitante de los bosques quindianos

Autor : Carlos W. López R.

El búho ocelado,  misterioso habitante de los bosques quindianos

A través de un trabajo pedagógico se pretende que la gente conozca los búhos y no les tema por mitos sin fundamento. Foto : Yhon Mario Giraldo

Ave fascinante que se deja escuchar, pero muy difícil de ver.

Para graduarse del programa de biología de la Universidad del Quindío, Yhon Mario Giraldo estudió durante 13 meses la dieta del búho ocelado, un ave rapaz que tiene presencia en las 3 cordilleras colombianas, que es fácil de escuchar, pero muy difícil de ver.

El joven investigador, apasionado por las aves, en diciembre de 2015, asistió a un grupo de colegas en un trabajo de campo en la reserva La Sanadora del municipio de Calarcá, y allí, sin esperarlo, descubrió la especie. “La vi, me gustó y quise aprender más sobre ella”, relata.

Desde ese momento, una vez a la semana, hasta mediados de 2017, se dedicó a recolectar y procesar las egagrópilas, con el fin de conocer qué había en los restos de comida de la especie.  

“Las egagrópilas son como unas bolas de pelo, porque los búhos tienen una particularidad, a diferencia de otras rapaces, de tragar entero, agarran a su presa y la tragan completa, después de un día, antes de salir a cazar de nuevo, regurgitan los restos que aún no han sido digeridos. Estas bolitas son muy útiles para los biólogos porque nos permiten estudiar sus hábitos”.

Un estudio previo daba cuenta de que el búho ocelado se alimentaba de insectos, musarañas y algunos roedores, pero él encontró que de 680 presas identificadas 480 eran escarabajos y como dato particular encontró restos de otras aves, murciélagos y chuchas, algo que no se había contemplado en ninguna otra investigación.

El trabajo de Giraldo es solo un paso para acercarse más al animal, ya que se desconocen los hábitos reproductivos y otras costumbres que podrían ser útiles para la educación, ya que todos los búhos suelen generar fascinación, aunque la información es casi nula.

“El ocelado es una especie bastante común, habita en bosques húmedos y se distribuye por varios países como Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia, en un gradiente altitudinal desde los 1.700 hasta los 3.700 metros. Muchas personas lo identifican por su sonido, pero por sus costumbres nocturnas no se le puede ver fácilmente”, agrega el biólogo, cuya pasión por las aves ahora se enfoca en este grupo, teniendo en cuenta todas las historias positivas o negativas con las que se les suele asociar. “El búho, en algunas culturas se le tiene como un reflejo de sabiduría, mientras que en otras se les relaciona con malos presagios, de ahí la relevancia de generar más conocimiento y difundirlo”, reflexiona.

El ocelado es de tamaño medio, de 35 a 50 centímetros, también se le llama lechuza moteada, tiene plumaje color blanco, crema con un leve rufo —rojizo— que le baja desde el cuello hasta el pecho y posee disco facial marcado con plumas blancas alrededor de los ojos.

“El estudio fue realizado en la reserva La Sanadora, un predio de conservación en la vereda Planadas de Calarcá, que queda cerca de la repetidora —un bosque conservado, bastante bonito—, sin embargo, aquí en el Quindío también se le ha visto en otros municipios como Salento, Génova y Circasia”.


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