Fauna / OCTUBRE 12 DE 2020 / 1 mes antes

La oncilla, una sobreviviente amenazada

Autor : Carlos W. López R.

La oncilla, una sobreviviente amenazada

Las 3 especies conocidas como tigrillos que hay en Colombia son el ocelote —la más grande—, el margay y la oncilla, también conocida como tigrillo lanudo. 

Es el felino más pequeño de Suramérica y se cree que cuando se formó la cordillera de los Andes, evolucionó para adaptarse a vivir en las montañas.

Cuentan los historiadores de Armenia que Jesús María Ocampo Toro, el fundador de la ciudad, solía internarse en la selva y después de varios días regresaba con varias pieles de ‘tigre’, razón por la cual se ganó el sobrenombre de El Tigrero. Teniendo en cuenta que en América nunca ha habido tigre, a excepción de los que han estado en cautiverio, se ha intuido, más no comprobado, que las pieles eran de jaguar —el felino más grande de América y el tercero más grande del mundo—.  

Sin embargo, lo que sí está comprobado es que en el Quindío y, en general, en toda Colombia, tienen distribución 3 especies conocidas como tigrillo: el ocelote —Leopardus pardalis—, el margay —Leopardus wiedii— y la oncilla —Leopardus tigrinus—.  

 Según Juan Camilo Cepeda Duque, biólogo de Unisarc, quien cursa una maestría en ciencias geológicas de la Universidad de los Andes y trabaja en el laboratorio de Ecología y bosques tropicales y primatología de la misma universidad, el ocelote es el más grande de las 3 —tiene una longitud de cabeza y cuerpo de 70 a 90 centímetros, mientras que su peso ronda los 11 kilogramos—, habita desde la selva húmeda tropical hasta los bosques secos y nublados. El margay, por su parte, es una especie un poco más pequeña —mide entre 40 y 60 centímetros— pero sus poblaciones están reducidas como consecuencia de la destrucción de sus hábitats. La oncilla es el felino más pequeño de toda Suramérica, pero genera mayor interés para los investigadores de carnívoros porque, a diferencia de las 2 especies anteriores, tiene su principal rango de distribución en la montaña.  

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 “Por lo general, se encuentra en ecosistemas de alta montaña, en alturas superiores a los 1.300 metros sobre el nivel del mar. Un dato muy interesante sobre la oncilla o tigrillo lanudo es que se cree que tiene una biodiversidad críptica, es decir, probablemente haya más especies ocultas”, explicó. 

 Según el investigador, la oncilla tiene una historia evolutiva peculiar que dependió del levantamiento de la cordillera de los Andes. “Por eso ahora nos interesa ver, a lo largo de las perturbaciones que se están generando a raíz del cambio climático: transformaciones de las coberturas terrestres y demás amenazas inminentes como la deforestación, cómo responde ante estas presiones”. 

 Junto con el Grupo de estudio y conservación de carnívoros de la Universidad del Quindío, Cepeda Duque tienen previsto conocer más en profundidad a la especie. “La idea es formular proyectos para conocer cuál es el estado de las poblaciones, cómo están distribuidas a lo largo de la cordillera y si existe la posibilidad de que las 3 especies compartan hábitat en una zona más baja”. 

 Como casi todos los felinos, la oncilla es un animal solitario de hábitos nocturnos, tiene una longitud cabeza-cuerpo que va de 39 a 78 centímetros, con una cola de 20 a 42 cm de largo. Su altura está entre 22 y 30 cm. Su peso varía entre los 2 y 3 kg, por esa razón, se le compara con el gato doméstico.  

 Además, como buen gato es hábil trepando árboles y saltando, lo cual lo hace un eficiente cazador de roedores, aves y serpientes.  

 Lamentablemente, la oncilla está en riesgo de extinción por la caza indiscriminada, la minería, la pérdida y la fragmentación de su hábitat por la ampliación de la frontera agrícola, lo que genera su desplazamiento. 

“En este momento es necesario generar redes interdisciplinarias de investigación, redes colaborativas con comunidades de campesinos, que están interactuando frecuentemente con estas especies, con el fin de tener una red de monitoreo a escala regional y nacional para poder conservarlas y su belleza nos siga cautivando por un muy buen tiempo”, puntualizó el investigador.  



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