Fauna / SEPTIEMBRE 21 DE 2020 / 1 mes antes

Las chuchas, marsupiales incomprendidos y estigmatizados

Las chuchas, marsupiales incomprendidos y estigmatizados

La chucha se caracteriza por ser una madre abnegada que asiste a diferentes crías. Fotos cortesías de Fundzar.

En Colombia hay más de 50 especies de zarigüeyas, de las cuales 2 son muy comunes en el Quindío.

Los mamíferos marsupiales se caracterizan porque tienen un corto desarrollo dentro del útero, después de nacer terminan su crecimiento en una bolsa o marsupio, que carga la mamá. 

De las 300 especies de marsupiales que existen en el mundo, cerca de 200 viven en Oceanía, las más famosas son los canguros y los koalas, las otras 100 especies de marsupiales son las zarigüeyas, que viven en América —desde el sur de Estados Unidos hasta el centro de Argentina—. 

En Colombia existen 50 especies de zarigüeyas, de las cuales 2 suelen habitar el departamento del Quindío. Infortunadamente, el desconocimiento, la ignorancia ha llevado a que la especie sea estigmatizada, maltratada y odiada. 

También conocidas popularmente como chuchas, las zarigüeyas son un animal fascinante, que además de cumplir un papel fundamental en los bosques, se caracterizan por su gran capacidad para adaptarse a los entornos urbanos.

Según Jean Parra, docente de sociología rural y urbana en el programa de biología de la Universidad del Quindío, la chucha orejiblanca —Didelphis pernigra— y la chucha orejinegra —Didelphis marsupialis— son las 2 especies que suelen ser avistadas en esta región.

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“Ellas son omnívoras, pero principalmente se alimentan de frutos, semillas y pequeños vertebrados como lagartijas o invertebrados como grillos. Desafortunadamente la gente tiende a asociarlas con las ratas, pero ellas no son roedores, ni son vectores de enfermedades, ni tienen los mismos comportamientos”, explicó.  

A través de un trabajo pedagógico en las comunidades rurales del Quindío, el profesor Parra se ha encontrado con 2 graves problemas a la hora de tratar de desestigmatizar a las chuchas. 

“Al interior de la ciudad, la gente la desconoce, la trata como un roedor más, porque le genera aversión, mientras que, con los campesinos, hay una relación de conflicto, ya que la zarigüeya ocasionalmente consume gallinas, entonces hay una caza por retaliación”.

Para Francisco Javier Flórez Oliveros, director de la Fundación Zarigüeya, Funzar, de la ciudad de Medellín, es mucho el desconocimiento tanto de la parte científica como cultural. “Una especie que lleva entre 30 y 50 millones de años de evolución, no podemos resumirla en que son ratas gigantes que se comen las gallinas y los huevos”.

Por el contrario, es un individuo que se adapta a todos los entornos urbanos, convive con todas las situaciones que los humanos generan como el urbanismo, la expansión de los cultivos agrícolas, la deforestación, la minería. 

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La chucha orejinegra se caracteriza por su hocico alargado, es de color café claro oscuro en el vientre, dorso negro, cola larga escamosa y desprovista de pelo. También por su pulgar oponible en las extremidades anteriores que le permiten agarrar, trepar por todo terreno. Un adulto pesa entre 2 y 4 kilos, y se reproduce 2 veces al año, dependiendo de la disponibilidad de refugio, agua, comida. En cada camada puede tener entre 4 y 12 cachorros, pero no todos sobreviven —generalmente solo 3—.

“Entre las funciones principales para los ecosistemas está el control biológico sobre otras poblaciones de animales —que tienden a convertirse en plagas— como por ejemplo los alacranes e, incluso, de los caracoles africanos”.

Si bien no está reportada como una especie en peligro, sí es afectada por la estigmatización. 

“Yo creo que los procesos de educación ambiental deben ser continuos porque el público generacionalmente va cambiando. El concepto que tienen los abuelos sobre la chucha, que es una rata, se convierte un problema que está afectando radicalmente la especie. Todas las acciones se quedan cortas para proteger a un individuo que poco o nada tiene que ver con esa mala reputación que le endilgan. El trabajo se está haciendo en la medida que la gente ya denuncia, sin embargo, el gran reto continúa”, puntualizó el director de Funzar. 

 


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