Fauna / SEPTIEMBRE 28 DE 2020 / 2 meses antes

Mejor cusumbo solo que mal acompañado

Autor : Carlos López

Mejor cusumbo solo que mal acompañado

Los coatíes sobreviven desde los 1.800 hasta los 3.500 metros sobre el nivel del mar, en bosques húmedos, matorrales, páramos y partes secas, son muy versátiles.  

Una simpática, curiosa y amigable especie propia de Sudamérica y de la misma familia de los mapaches.

Para obtener su título de bióloga de la Universidad del Quindío, Paula Andrea Trujillo Ortiz investigó durante 18 meses los hábitos alimenticios de una familia de coatíes, de la especie Nasua nasua, grupo de 10 individuos que vive en la reserva natural Acaime, localizada en el municipio de Salento.  

Una iniciativa que surgió a partir de su interés por el comportamiento de estos simpáticos animales, cuyos parientes más famosos son los mapaches norteamericanos, y que en la región cafetera suelen identificarse con el nombre común de cusumbo, curiosa palabra que la tradición popular acogió para señalar a esos hombres ensimismados, que poco comparten con el resto de los mortales: “Ese es un cusumbo solo”, todavía se escucha decir por ahí. 

Y no se equivocan los abuelos con dicha comparación, porque en esta especie, de entre 41 y 70 centímetros de longitud, color marrón, hocico alargado, garras fuertes y cola anillada, los machos suelen aislarse cuando llegan a la edad adulta y cuando encuentran una pareja, la abandonan después del apareamiento, responsabilizándola del cuidado de las crías.  

Sin embargo, lo que llamó el interés de la joven bióloga no fue esta particularidad, sino la dieta de los cusumbos en la reserva, pues frecuentaban la cabaña para pedir comida: sobras de arroz, fríjoles, papas y hasta alimentos procesados como galletas, los atraían de tal manera que, cuando nadie les brindaba, buscaban en la cocina a alguien que se apiadara de ellos. La gente de la reserva, por piedad y desconocimiento, flaqueaba ante el pedido y alimentaba a la familia con lo que tenía a la mano.  

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“Los coatíes o cusumbos en realidad son omnívoros, comen frutas, lombrices, vegetales, es decir, de todo. Por eso se aprovechan de la gente y se acostumbran a ser oportunistas. En este caso, jamás se dejaron tocar, pero cuando alguien les brindaba comida la aceptaban, a la defensiva pero sin desperdiciar la oportunidad. Por ejemplo, una vez les brindaron queso y les encantó, lo comían desaforadamente”, relató Trujillo Ortiz. 

Aunque llegaron a aceptar chocolate —un alimento que a ciertos mamíferos no les cae bien—, durante la investigación, los individuos no presentaron ninguna señal de afectación por esa dieta de sobras, algo positivo, pero que genera muchas dudas de cara al futuro. “En ningún momento se evidenciaron alteraciones en el pelaje ni nada, pero sí debemos esperar qué pueda suceder en el largo plazo”.  

De acuerdo con la investigación, la familia de coatíes se había habituado tanto a visitar la cabaña, que la gente aprendió a reconocerlos e, incluso, se atrevió a darles nombres, cariño e identificarlos fácilmente. 

Por esa razón era fácil reconocer al más viejo del clan llamado Bartolo, un animal solitario, de caminar lento y relajado al que se le notaba el paso de los años por la decoloración de su pelaje y el peso de su vida cuando se quedaba dormido tomando el sol, —los Nasua nasua son una especie longeva, un individuo puede llegar a vivir entre 13 y 15 año—.  

Cada vez que la joven bióloga quería recopilar más información para su trabajo, intentaba perseguirlos por los senderos de la reserva, sin embargo, al ser grandes escaladores y tener costumbres arbóreas, podían evadirla fácilmente, aunque a veces ni siquiera era necesario. 

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“Una vez me caí por perseguirlos, ya que es una zona muy empinada y ellos son muy escurridizos, por fortuna no me pasó nada, pero cuando intenté recuperarme noté que me estaban observando detenidamente”. Le bastó ese momento casi mágico para sentir que ellos se habían acostumbrado a su presencia, les preocupaba su integridad y no la veían como una amenaza.  

Lastimosamente la amenaza sí llegó, no de parte de la investigadora, sino por otros factores externos. 

“Cuando ya faltaban pocos días para finalizar el trabajo de grado me enteré de que un perro, que fue llevado por un turista, mató a la Cariblanca, una coatí hembra que se descuidó por un instante mientras pedía comida”. 

Fue un hecho lamentable, no solo porque los perros no deberían ser llevados a una reserva donde hay tal riqueza de fauna silvestre como dantas y venados, sino porque desde entonces, toda la familia se ausentó.  

“Dentro del estudio quedaron varias recomendaciones como evitar la visita de los perros a la reserva y, si los cusumbos vuelven, alimentarlos con comida no procesada. Comida preparada sin sal, ni aceite, ya que ellos también cumplen un rol biológico importante dentro del bosque como dispersores de semillas”. 

 

Experiencia similar 

En un parque nacional de Brasil se registra una interacción similar entre los cusumbos y la gente. Una familia de coatíes, integrada por 30 individuos, se acostumbró a pedir comida y cuando no se les da, riegan las basuras o se la arrebatan a la gente de la misma mesa. Es por esta razón, la importancia de permitirles que desarrollen su instinto de conservación y que busquen su propio alimento.  

 

Aunque la especie es muy escurridiza, tiene la costumbre de frecuentar los lugares donde los alimentan.  


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