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Historia / JULIO 31 DE 2022 / 1 año antes

Alexander von Humboldt y su paso por el camino del Quindío

Autor : Álvaro Hernando Camargo Bonilla

Alexander von Humboldt y su paso por el camino del Quindío

El viaje del geógrafo, astrónomo, humanista, naturalista y explorador alemán de Ibagué a Cartago, rumbo a Popayán.

Se conmemoran 221 años  (octubre de 1801) del paso de Humboldt y Bonpland por el camino del Quindío. En sus memorias describe algunos acontecimientos de su travesía por tierras quindianas.

Luego de una estadía de 2 meses en Santa Fe, el 8 de septiembre de 1801,  emprendieron camino  rumbo a Quito, vía Fusagasugá, Pandi e Icononzo, llegando a Ibagué el día 21 de septiembre de 1801, donde debieron permanecer 8  días (del 22 al 29 de septiembre), a causa de escasez de cargueros que se negaban a transitar la montaña por miedo de contagiarse de la viruela, epidemia que se presentaba en Popayán y Santafé, circunstancia que desataba mucho temor entre los cargueros.

Ansiosos de atravesar la fabulosa montaña

Después  de su obligada estadía, reanudaron la marcha en pleno periodo lluvioso, asistidos por 5 cargueros, 12 bueyes cargados de enseres, colecciones y provisiones.  Se disponían a transitar por uno de los lugares ricos en plantas útiles e interesantes del territorio neogranadino.

Empiezan la travesía de las laderas oriental y occidental de la cordillera de los Andes del Quindío, a su paso, mencionan la existencia de las rancherías, contaderos y tambos como: La Palmilla, Buenavista, Moral, quebradas Azufral y Aguas Calientes, Toche, gallegos, Boquía, en donde se albergan 4 días, para reposar y reponer su estado físico y continuar su viaje, pasando por Portachuelo, Buenavista, Pavas, La Balsa, Piedra de Moler y Cartago, a donde  llegaron el 13 de octubre de 1801.

Canalones del camino

La curiosidad de explorar el afamado paso, se sobrepuso a las inclemencias de la obstinada temporada pluviosa. 13 días de viaje por un intrincado y despoblado camino rodeado de inmensas selvas, espantosos barrizales y guaduales que arruinaron sus calzados al hundir sus espinas filudas, obligándolos a caminar descalzos

Describe el camino como un canalón cónico y profundo, con taludes cubiertos de capa vegetal que servían para aferrarse cuando había peligro de caer y donde el equipaje rozaba con las paredes en las angostas y serpenteantes curvas.

Así, tambaleando y serpenteando por esos oscuros camellones, apoyándose en los barrancos  y colocando los pies en los almohadones formados por el paso de los bueyes y mulas que permanecían inundados de fango por las constantes lluvias, corrían el  peligro de caer a esos huecos si el pie no daba con la cúspide de los caballetes para salvarlos  y, si se fallaba, se llenaba el calzado con fango, y algo más grave, se podría sufrir fracturas en las piernas y pies, si se caía en esas oquedades.

En la ladera oriental de la montaña del Quindío, en el punto denominado Pie de Cuesta, a distancia, se les revelaba un hermoso paisaje del valle del río Magdalena, parte de la población de Ibagué y el pico nevado del Tolima, espectáculo que moldeó Humboldt.

Extasiados y fascinados observaban las hermosas formaciones orográficas, como el majestuoso  cono truncado del Tolima, el Ruiz y Quindío, cuyos picos nevados parecían el remate de garitas de castillos suspendidos en las filigranas montañosas cubiertas de selvas enmarañadas

En paraje denominado El Moral, describe el asentamiento una familia blanca que vive y se ocupa del aprovechamiento de la extracción artesanal de azufre. Más adelante, el camino les presentó una desagradable sorpresa; el encuentro casi fantasmal, de una caravana de viajeros, andrajosos y casi desnudos, que lloraban a causa de la escabrosidad y penalidades del camino.

4 días de tránsito por la montaña del Quindío, donde describe lugares como: El Azufral, Aguas Calientes, Toche, Tres Cruces (lugar donde refiere la existencia de una piedra, con una descripción que recuerda que en aquel lugar celebró una misa el arzobispo de Popayán), Tochecito (cubierto de palmas de cera y pasifloras), Los Gallegos, La Ceja, Volcanes, Volcancitos y la Guarida del Páramo (boquerón del páramo).

Del Boquerón, empezó su descenso por la vertiente occidental, donde menciona la triste experiencia de la persistente lluvia, escoltada de truenos retumbantes, que los acompañó de día y noche, hasta llegar a Boquía, el 4 de octubre de 1801, donde posaron en un lugar desprovisto de árboles, que habían sido derribados a golpe de hacha, y que los cargueros denominaban ranchería, contadero o tambo, donde refugiaron por cuatro días.

Ranchería, contadero y/o tambo en Boquía.

Los dibujos muestran el armazón y las hojas de la techumbre. Armazón amarrada con bejucos o en su defecto con pita o fique (agave), para luego cubrirlo con hojas bijao.

Durante los 4 días de su viaje  por el Quindío, en Boquía, vivieron la experiencia de la lluvia a cantaros de día y noche, con truenos y rayos retumbantes ininterrumpidos  Aprovechó los ratos sin lluvia para  recopilar orquídeas y mariposas que remitió a la Sociedad Linneana de Londres, por recomendación de Mutis, quien el 12 de septiembre despachó un “chasqui” a Ibagué, para solicitarle el estudio de unas muestras de minerales de cinabrio, que su herbolario Roque Gutiérrez había recogido en el Quindío.

Para evitar que los sorprendiera la noche, armaron la ranchería, en el contadero de Boquía.  Los cargueros buscaron bejucos, cortaron palos y en pocos minutos construyeron la casa, techada con hojas bijao, donde durmieron Humboldt y Bonpland en compañía de los cargueros, quienes los atormentaron toda la noche con sus sudores y flatulencias desagradables.

El cobertizo lo techaron con hojas de bijao, las que se recogían en la vertientes oriental y  occidental de los Andes del Quindío, en las orillas de los ríos Combeima, y de la Vieja, entre Piedra de Moler y Cartago.   Modelo de techumbre asimilada por los españoles de los indígenas., acontecimiento que admiró a Humboldt,  al ver que esos techos de hojas,  al igual  que cualquier carpa, resistían a los más fuertes aguaceros. 

Continuaron el camino, cruzando por el alto del Roble, Portachuelo, Buenavista, La Balsa, Piedra de Moler  y finalmente  Cartago, de donde emprendió otras incursiones a los territorios mineros del Chocó, Marmato, Quiebralomo, antes se seguir su ruta hacia Quito, por el valle del río Cauca.

Intenso tránsito por el camino del Quindío

A pesar de constantes afirmaciones de viajeros relacionadas con el exiguo tránsito del camino, Humboldt describe que a cada momento se encontró con mulas, bueyes, silleros, comerciantes de Popayán, Buga, e incluso de Pasto, que viajaban a Honda, Mompós y Santa Fe, a comprar ropa (así llamaban a toda clase de telas para la confección de vestidos). Para este transporte, muchas veces se necesitaban hasta 60 cargueros, también cuenta el trasporte del tabaco y sal a la provincia de Popayán.


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