Historia / AGOSTO 16 DE 2020 / 1 mes antes

Catarino Cardona, el personaje íntegro de la historia provincial de Quindío

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Catarino Cardona, el personaje íntegro de la historia provincial de Quindío

En los primeros años de vida administrativa de Salento se presentaron problemas de linderos, situación que preocupó a Ramón Elías Palau, uno  de sus fundadores, lo que llevó a gestionar la llegada de un joven dinámico llamado Catarino Cardona. Era el año 1885 y Cardona solo contaba con escasos 17 años de edad. El motivo de aquella gestión de Palau no era otro que encargar a Cardona de la resolución de los conflictos suscitados entre vecinos.

José Adán Alzate Gómez, en su obra Génova 1903 – 1993,  anota que “don Catarino había adquirido  conocimientos de abogacía, desempeñando el puesto de secretario en varios juzgados de la provincia y su inteligencia, lo mismo que su don de gentes, le conquistaban climas benéficos en las amistades”.

Catarino Cardona había nacido en Villamaría en 1868. Hizo sus estudios en Cartago y, también joven, “consagró sus primeras energías mentales al servicio del magisterio, prestando de esta manera valiosos favores al pueblo, primero como director y después como catedrático”, tal cual lo escribió en 1930 el escritor Fernando Arias Ramírez en el capítulo de un libro icónico titulado Calarcá en la mano, de Eduardo Isaza Arango.

El talento y acciones cívicas de Cardona fueron conocidas ampliamente y días después que se logró su radicación en Salento, fue nombrado en el primer cargo municipal, convirtiéndose en el alcalde más joven.

En ese momento, a Cardona le tocó sortear la primera dificultad, por las condiciones de la guerra civil que había comenzado en enero de 1885 en Tuluá, ubicado para ese entonces en el Estado  del Cauca, y dicho conflicto se recrudeció en tierras de Quindío, donde, según lo escribe Helio Fabio Henao Quintero en su libro Diálogo con Simón Bolívar el libertador, los caminos se tornaron peligrosos, especialmente el Camino Nacional que cruzaba por Salento y para transitar por él se necesitaba de escoltas.

Catarino Cardona fue nombrado después del triunfo de la revolución como prefecto del Quindío, pero no pudo servir debido al fracaso inmediato del movimiento revolucionario, acota Arias Ramírez en el libro de 1930.

Luego de restablecerse la calma, Cardona atendía en su despacho de Salento, donde seguía dirimiendo los problemas de los pobladores. Se cuenta que su oficina permanecía repleta con la presencia de colonos, atraídos por la simpatía del joven abogado sin título, como lo llamó Alfonso Valencia Zapata en su tercera edición del libro Quindío histórico, del año 1964.

Su fama crecía y las ejecutorias le merecieron llegar al concejo de Salento, donde fue el primer defensor del proyecto de acuerdo para la erección de Armenia en corregimiento, en el año 1890. Para entonces ya era buen amigo de Jesús María Ocampo, el Tigrero, a quien había defendido en la legalización de sus tierras en el naciente caserío que él había fundado.

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Ello ocurría en el marco de la lucha de Cardona contra la problemática generada por la compañía Burila, sociedad latifundista que se había constituido en 1884 y que, contando con la complicidad de algunas autoridades, cometía atropellos contra los colonos y, entre ellos, también afectando al Tigrero.

La Burila venía actuando desde 1887 y en 1888 la Corte Suprema de Justicia había dictado un fallo inapelable en contra de los colonos, lo que agudizó el enfrentamiento entre Cardona y  la compañía.

Cardona se seguía defendiendo con sus códigos y en verdad se veían progresos. El escritor Jaime Lopera Gutiérrez, en su libro La colonización del Quindío se refiere así a esta situación:

“La batalla frente a la Burila fue parcialmente ganada en ese entonces por los colonos, merced a la febril actividad jurídica de Catarino Cardona, quien según cita del notable historiador Carlos Miguel Ortiz, resultó a la postre tan insoportable para la gente de la Burila y para los corregidores aliados de la compañía, que se ingeniaron la leyenda de que el defensor de los colonos padecía lepra. Dada la utilidad de tales diagnósticos como categoría de exclusión social de la época, don Catarino Cardona fue efectivamente aislado enviándole al leprocomio de Agua de Dios, así suprimieron por un tiempo la presencia de esa contrafuerza actuante dentro del propio Estado. Transcurridos algunos años se comprobó la salud de don Catarino y se le restituyó a su comarca, donde prosiguió la tutela jurídica de los lugareños”.

En la obra de Lopera, de 1986, aparece consignada esa condición especial de Catarino Cardona, como el ser íntegro que fue. Igualmente, en su capítulo del libro Calarcá en la mano, Fernando Arias Ramírez utiliza el mismo calificativo para exaltar a Cardona. Lo llama hombre integérrimo, término de aquella época, a quienes muy pocos hoy se les puede endilgar. También afirma que fue puro ejemplo de probidad y de civismo.

2 hombres más, además de Jesús María Ocampo, sobresalieron en la historia de esta región como defensores de los colonos frente a la Burila. Fueron don Segundo Henao y don Zabulón Noreña. Sobre este último, a quien Lopera Gutiérrez no duda en llamar el primer líder agrario quindiano, se podría escribir otra semblanza relacionada con sus hazañas.Cuando Catarino Cardona regresó de Agua de Dios, los jinetes de Noreña lo recibieron en cabalgata triunfante.

A su vuelta a la vida pública, Cardona siguió luchando con bríos. Un memorial que dirigió al presidente de la República y  al ministro de obras, firmado por cientos de colonos, pidiendo la derogatoria de la resolución que reconocía a la Burila como la única dueña de aquellas tierras, dio sus resultados años más tarde, en 1930, cuando ya Cardona había fallecido.

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Se radicó en Calarcá desde 1895 y fue concejal en varios periodos, gestionó su erección en municipio, logró la consecución de la línea telegráfica, la celebración del contrato para el alumbrado público, la creación del Juzgado Primero del Circuito y otros menesteres.

En 1907 fue presidente del concejo calarqueño y en su legislatura se expidió el acuerdo por medio del cual faculta al alcalde para dar labor a unos lotes de terrenos abandonados. En 1908 fue integrante de una comisión agraria.

En 1919, el concejo tramitó y consiguió, con algunas trabas, que  se celebrara un contrato entre el personero municipal y Cardona, por $50, en reconocimiento a sus méritos y por sus esfuerzos en pro del municipio.

Cómo última alusión al hombre íntegro y probo que fue, el escritor Arias Ramírez anotó lo siguiente sobre Catarino Cardona:

“En las últimas horas de su existencia enseñó por la postrera vez su moral incorruptible, cuando en el lecho de muerte se concretó a marcar con nombres las hojas de papel sellado y estampillas que de distintos clientes quedaban en su poder, recomendando la entrega de ellas a sus respectivos dueños”.



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