Historia / AGOSTO 29 DE 2021 / 1 mes antes

Dos visionarios del turismo cultural en el Quindío

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Dos visionarios del turismo cultural en el Quindío

Pablo Oviedo en su trabajo de asesoría turística en comunidades.

El 22 de agosto de 2021 se conoció la muerte de un quindiano muy estimado. En una nota periodística del periódico LA CRÓNICA DEL QUINDÍO, escrita el día 26 por Andrés Felipe Ramos Gámez, así lo recuerda Francisco Jairo Ramírez Concha, rector de la Institución Universitaria EAM de Armenia: 

“…El Quindío ha perdido a un visionario, una memoria histórica muy significativa en varios temas...”. 

Se refiere esta nota a Fáber Martínez Rodríguez, un educador, líder empresarial y ambientalista, que fue además director del Centro para el Estudio del Bambú-Guadua y uno de los propulsores del programa de administración turística de la EAM a finales de la década de los años setenta del siglo pasado. 

El destino también se había llevado, hace 5 años, a otro visionario del turismo en el Quindio y el Eje Cafetero. Se llamaba Pablo Oviedo Castaño, quien murió muy joven, el 20 de agosto de 2016. 

Ambos, Martínez y Oviedo, se anticiparon con sus acciones, iniciativas y propuestas novedosas, al espíritu que finalmente llevó a la inclusión del Paisaje Cultural Cafetero en la Lista de Patrimonio Mundial de Unesco. Ambos entendieron muy bien la concepción teórica del turismo cultural, esa modalidad que necesita con urgencia la región central de Colombia, y donde sus dirigentes han optado por marchar en un mal concebido sentido, para mostrarse al mundo como tesoro patrimonial. Me refiero al turismo masivo y depredador, que poco a poco va imponiéndose y haciendo desaparecer las evidencias físicas de la arquitectura tradicional de bahareque y las expresiones y manifestaciones del patrimonio inmaterial. 

El turismo cultural es todavía una categoría que no ha podido entenderse e incluirse en la práctica turística del territorio que conforma el Paisaje Cultural Cafetero de Colombia. Tal cual lo presentamos en la obra escrita titulada ‘Visión antropológica de Quindío’ (Editorial Universitaria de Colombia, Armenia, 2003), con el coautor del libro -el antropólogo Néstor Eduardo Hernández Morales- adoptamos el siguiente planeamiento, que aclara cómo se genera el ámbito del turismo cultural, tomado dicho texto de un ensayo del escritor francés Claude Molin: 

“... Existen 3 características de la cultura que la antropología reconoce ampliamente. En primer lugar, no se nace con la cultura, se aprende. En segundo lugar, las diversas facetas de la cultura están interrelacionadas. En tercero, la cultura se comparte dentro de las fronteras de diferentes grupos y se define en ese contexto”(“Comunidades anfitrionas, cultura y turismo”. En “Turismo Cultural en América Latina y el Caribe”, Unesco, 1996). 

Martínez y Oviedo siempre entendieron esta consideración conceptual y obraron en consecuencia, cada uno dentro de sus campos de acción, siempre cautos y en labor silenciosa. Fueron incansables propulsores de la causa patrimonial desde sus respectivas posiciones personales. 

Fáber Martínez, siendo docente de la EAM, a principios de la década de los años ochenta, promovió las cátedras de Antropología, Museología, Patrimonio Cultural y Folclor en la malla curricular. Junto con otros directivos del nuevo programa de Administración Turística, como fueron John Jaramillo Ramírez y Luis Fernando Ramírez Echeverri, también promovieron la realización de los viajes académicos a diferentes regiones de Colombia, para que los jóvenes estudiantes conocieran la dinámica turística desde la perspectiva cultural. Dentro de esos periplos estuvieron los Parques Arqueológicos de San Agustín y Tierradentro, Popayán en la época de Semana Santa, Nariño y Boyacá. En varias ocasiones el recorrido se trasladó al hermano país del Ecuador. 

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En 1985, como coordinador del Plan Ambiental de Guadua de la alcaldía de Armenia, Fáber Martínez participó activamente en el programa de reforestación masiva de la guadua en la capital, dentro de un ambicioso programa del burgomaestre de entonces. Pero fue en el plano docente y de asesoría empresarial donde la posición de Martínez Rodríguez sobresalía, frente a las discusiones adelantadas en varias reuniones académicas. Por ejemplo, en un foro sobre el devenir de Salento, titulado “Turismo sí pero no así”, aclaró ante los estudiantes y participantes que no era el turismo el problema del municipio, sino el camino escogido para llegar a la magnitud de tal situación -que hoy todavía se presenta- con aglomeraciones y embotellamientos en esa localidad. Pocas veces intervenía en público, pero cuando lo hacía en eventos donde se debatía la materia turística, era certero, claro y sensato en sus pronunciamientos. 

Pablo Oviedo Castaño era conocido ampliamente en el medio turístico pues transmitía con alegría los conocimientos en sus recorridos por los diferentes municipios. Se destacaban en él su vocación y abnegación, la sencillez y cordialidad. Era oriundo de Manizales, pero demostró una gran querencia por el Quindío adonde llegó para desempeñarse como docente en el programa de turismo del Sena y donde compartió con la directora de la Escuela de Turismo, la administradora Carmenza Quintero. 

Pablito, como lo llamábamos cariñosamente, dejó su marca perenne en todas las acciones turísticas del departamento, pues asesoró a diversas entidades en la configuración del necesario sentido de turismo cultural, acompañando esos procesos en todos los municipios. Conocía muy bien la esencia del turismo histórico y comunitario, como que en esa dinámica también había trabajado con grupos étnicos y comunidades campesinas de Colombia. En el Sena nacional, donde asesoró a 37 alcaldes de Cundinamarca y a 3 delegados del Casanare, siempre colocaba como referencia la experiencia turística del Quindío. Fue un eficiente guía de turismo en San Agustín, Huila. Coordinó la elaboración del Plan de Desarrollo Turístico del municipio de Cogua (Cundinamarca) y orientó varios trabajos de grado, en su condición de profesional en turismo ecológico. También se le recuerda por su desempeño en las charlas impartidas en la Cámara de Comercio de Armenia. Era fotógrafo aficionado, como lo fue también Fáber Martínez, y las fotos de ambos, en las líneas ambiental y antropológica, serán testimonios de sus trabajos profesionales. 

En particular, se recuerda un trabajo académico de Pablo Oviedo. En 1995, con otros autores de Manizales, publicó un fascículo de la serie titulada “Caldas, patrimonio y memoria cultural”, en el periódico La Patria. Allí quedó plasmado un interesante inventario mapificado, que incluye los sitios de encuentro, bienes de interés cultural y natural, así como otros datos sobre patrimonio inmaterial de cada uno de los municipios de Caldas. Su proyecto estuvo encaminado a replicar un proceso similar en el Quindío, algo que se truncó con su muerte. Por eso, con su desaparición, la quindianidad perdió uno de sus principales difusores. 

No solo el sentimiento de ser Quindianos -en mayúscula- se ha golpeado con la partida de Martínez Rodríguez y Oviedo Castaño. El proceso de apropiación social del Paisaje Cultural Cafetero, en el alma profunda de los habitantes de la región, también ha perdido con la muerte de los visionarios del turismo cultural. Solo se espera que sea aprovechado el esfuerzo que otros gestores del departamento despliegan en ese mismo sentido, para que -como lo afirma Claude Molin en la cita atrás referenciada- se permita al turismo cultural alentar las formas latentes de la cultura de las que el pueblo no se percata. Eso, como pretendían Martínez y Oviedo -y los que actualmente lo deseamos- nos facilitaría el mejor conocimiento de nuestro entorno. 



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