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Historia / ENERO 14 DE 2024 / 3 meses antes

El ingenio indígena en la construcción de puentes

Autor : Álvaro Hernando Camargo Bonilla. Vigía del Patrimonio. Miembro de la Academia de Historia del Quindío.

El ingenio indígena en la construcción de puentes

“El ingenio de los indígenas halló el medio de pasar los ríos, valiéndose de un arte que luego imitó la sabia Europa llevándolo a la perfección: los puentes colgantes”.

“Los principales son: el río de Tacurumbí, el de la Cegue, el que pasa por junto a la ciudad, y otros que no se podrán contar, según son muchos; en tiempo de invierno, cuando vienen crecidos, tienen sus puentes hechas de cañas atadas fuertemente con bejucos recios a árboles que hay de una parte de los ríos a otra.”

Capítulo XIV LA Crónica DEL Perú PEDRO CIEZA DE León.

 “LA PROVINCIA DE QUIMBAYA”

A la llegada de los españoles en 1540, el territorio conformaba un cacicazgo gobernado por los caciques: Tacurumbí (Tacoronvi) (Chinchiná), Yamba, Co, Consota, Pindaná, Bía, la cacica Ague, Tampa, Cegue, Pindana, Quindío, Guáquita, Pión, Cohinja, Noguo, Pormasa, Yagoyago, Taguambí, Turcunda Saytama, Utancua, Sasacumbi, Conche, Tatacui, Pagua, Orobi, Tarira, Chalima y Jimbatí. Pueblos subyugados sometidos por los conquistadores.

La provincia de Quimbaya”, territorio delimitado desde el rio Cauca, hasta la montaña nevada de los Andes del Quindío, con una extensión estimada en quince leguas de longitud y diez de latitud se toparon con sorprendentes y caudalosos ríos como el de la Vieja, Tacurumbí, Otún, Consota, Cauca, Quindío, Cegue y Sopinga; afluentes que en tiempo de invierno se tornaban difíciles de vadear, sumando además, las frondosidades extensas de enmarañados cañaverales (guaduales), que dificultaban la expedición, abundancia que a la postre les favoreció en la solución de sus necesidades constructivas.

“Hay en ella un volcán de humo que respira en la gran sierra, bien conocida por sus laderas nombradas de Toche, en que, por una barandilla de piedra, que los españoles han labrado en ellas, se hace tránsito de Ibagué a Quimbaya”, de esta sierra bajan muchos arroyos que riegan y fertilizan la provincia y por los más de ellos hay fabricados puentes de guaduas que facilitan el paso, aunque asustan con los columpios”.

Jorge Robledo atravesó el río Cauca en Irrá, empleando la técnica indígena, en balsas de guaduas liadas con bejucos, unidas en los dos extremos con palos atados, acarreadas por indígenas que a nado cruzaron a los soldados de uno en uno puestos entre dos guaduas, práctica que maravilló a los conquistadores.  Así franquearon la otra orilla soldados, caballos, víveres, armas, equipajes, y animales de cría y continuaron la conquista de la Provincia Quimbaya y fundaron Cartago.

Y por los ríos (que no hay pocos) tienen hechos puentes de unos grandes y recios bejucos, que son como unas raíces largas que nacen entre los árboles, que son tan recios algunos de ellos como cuerdas de cáñamo, juntando gran cantidad, hacen una soga o maroma muy grande, la cual echan de una parte a otra del río, y la atan fuertemente a los árboles, que hay muchos junto a los ríos, y echando otras, las atan y juntan con barrotes fuertes, de manera que quedan como puente.”1

Arroyos, ríos y quebradas de caudalosas aguas en tiempo de crecientes, por falta de puentes, detenía las tropas causando la demora y atraso en la conquista, por lo que les hizo utilizar el paso por puentes de bejucos y tarabitas (cuerdas fuertes y altas, y puestas en ella ciertas cabuyas o sogas con que atan el cuerpo de la persona o tercio que quieren pasar, con otras la van halando de una parte a otra para atravesar ríos).2

Es necesario reconocer que los indígenas sabían de técnicas en el arte de abrir caminos y construir puentes colgantes,  tenían claro ubicaciones, distancias y puntos de ubicación de los puentes sobre los torrentes hídricos, observados en forma muy rigurosa para permitir vadear caños y ríos, en sus itinerarios de viaje Gracias a esto, los europeos reprodujeron el conocimiento en la construcción de puentes colgantes.

MANUEL ANCÍZAR MEMORIAS DE VIAJE

En sus memorias de viaje, escritas durante su participación en el primer año de la Comisión Corográfica (1850-1851), recopiladas y publicadas bajo el título de Peregrinación de Alpha por las ocho provincias del norte (Vélez, Socorro, Tundama, Tunja, Soto, Ocaña, Santander y Pamplona), en la sección variedades del Neo-granadino a partir del 21 de mayo de 1850, hasta el 21 de diciembre de 1851, donde describe la técnica y destreza de los nativos en la construcción de puentes para vaderar los ríos.

Los indígenas construían puentes apoyados en las ramas de corpulentos árboles, en las orillas los ríos, y en troncos clavados en el suelo y sustentados con bejucos ensortijados, de donde pendían otros bejucos más delgados, que sustentaban en su extremidad inferior unas guaduas horizontales, en las cuales se apoyaba el piso del puente de aproximadamente 60 centímetros de ancho, hecho con esterillas de guaduas, atadas a  las guaduas tendidas con bejucos delgados, estructura que oscilaba de tal manera, al solo paso de una persona, que era necesario ir asidos constantemente a los grandes bejucos suspensorios, que servían a la vez de pasamanos, para no vacilar y caer con las frecuentes sacudidas.3

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“A flor de agua y uno enfrente de otro arrancan, en el paso de que trato, dos corpulentos árboles naturalmente inclinados hacia la mitad del río, despidiendo numerosas ramas robustas en todas direcciones; de estos árboles se valió el artífice del puente como de estribos capaces de resistir el ímpetu de las corrientes y puntos de apoyo de la fábrica. Una fuerte barbacoa de maderas lleva desde lo alto del barranco hasta encontrar el tronco del árbol; desde aquí parten cuatro gruesas guaduas trabadas a distancia de un palmo por atravesaños firmemente atados debajo, formando un piso sustentado en el aire por un espeso tejido de bejucos que bajan de las ramas del árbol y enlazan las guaduas, que añadidas unas a otras se prolongan de ribera a ribera, hasta encontrarse sobre el centro del río describiendo una curva irregular, cuya parte media se levanta cerca de ocho varas encima de las aguas. Conforme avanzan las guaduas hacia el ápice de la curva se multiplican los bejucos de suspensión, en términos que a la mitad del puente se espesan y juntan, y se cruzan y entretejen los de allá y los de acá con una profusión de nudos que indican el afán del artífice por salir airoso del difícil paso. Sobre las guaduas, y de media en media vara, hay planchas sacadas de la misma planta y afirmadas al piso con bejucos delgados. Finalmente, encima de estos atravesaños y en el sentido de la longitud del puente, hay un listón central de una tercia de ancho, formado de cintas angostas de guaduas, y destinado a ser el piso transitable del puente. Lo angosto de éste y la oscilación que le comunica el transeúnte, no permiten pasarlo a caballo ni con bestia cargada: las cargas, pasan poco a poco a espaldas de los peones, y el viajero toma su muía de diestro y empieza a hacer equilibrios sobre aquella maroma, viendo por entre las aberturas del piso las tenebrosas aguas del río, que ruedan veloces intimando sentencia de muerte al que caiga del movible puente, por cuanto la ruana, los zamarros y las estupendas espuelas orejonas no fueron inventadas para nadar.

Pasamos: y sea dicho en acatamiento a la justicia, mi mula lo hizo con más talento, serenidad y aplomo que su dueño.4

Estolones que liaban con bejucos que juntaban y enrollaban convirtiéndolas en largas y resistentes sogas que atravesaban de una orilla a otra del rio y las fijaban fuertemente a los árboles y les permitía vencer los impedimentos de los ríos y pasaban los aborígenes sin miedo, como si caminaran por tierra firme”. 
 


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