Historia / AGOSTO 22 DE 2021 / 1 mes antes

Homenaje múltiple a Carlos Alberto Castrillón

Homenaje múltiple a Carlos Alberto Castrillón

Ilustración de María Camila Cabrera Celis

No hay duda, Carlos Alberto Castrillón Ramírez marcó un hito en la vida intelectual, literaria y académica del Quindío, del Eje Cafetero. Su muerte constituye el cierre de una carrera docente llena de brillo y rigor. En este homenaje múltiple, varias voces se unen para recordarlo, para festejar su obra y memoria.  

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Cuando pienso cuán fácil es morir me pregunto si la muerte es la muerte que nos toca. Es cierto. Nacemos para morir, pero hay muertes que duelen más, que atribulan más. En el caso de Carlos Alberto Castrillón se podría pensar que vivió tanto, hizo tanto, que a lo mejor murió en el momento preciso. Parecería que toda su obra, personal y académica, no sería superada por él mismo. No obstante, el Quindío pierde al hombre que más amó este territorio; al intelectual que más recabó en su pasado para comprender a los poetas que lo cantaron; a los cuentistas que lo narraron; a los novelistas que escanciaron sus historias para revelar historietas no dichas en la historia oficial. Nosotros perdimos al amigo. La Universidad del Quindío perdió al académico impulsador de proyectos, ideas, empresas cuya función sería la exaltación de sus mejores hombres. También la Universidad Tecnológica de Pereira pierde a uno de sus motores en el posgrado de literatura. No quiero sucumbir a la frase del filósofo de cajón con la sentencia de paz en su tumba. Prefiero, mejor, solicitar un minuto de aplauso por su vida fructífera. Por toda su obra. No ha muerto. Vive en el recuerdo de quienes lo conocimos. (Adalberto Agudelo Duque, novelista caldense). 

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Cómo escribir la ausencia del amigo cuando los versos del poeta han detenido su ritmo. Cómo escribir este vacío, este nunca más y aceptar que solo poseemos una llama y un exilio. En ese palmo de luz prestado, Carlos Alberto nos enseñó la precisión de las palabras, la austeridad y su carácter simbólico. Liberado de sí mismo, y en su retorno al océano desconocido, su obra y sus lecciones nos guiarán como a las gaviotas el paciente rumor del oleaje. El maestro rescató del olvido el quehacer de varios escritores que también encontraron en la creación el sentido de la existencia. Sobrio en la expresión y discreto en el discurrir de su vida deja un importante legado que se preservará en la voz de otros. Lejos ya de dolores y en su regreso a la estrella sabrá el poeta que no hay lluvia ni niebla donde el tiempo pierde su clepsidra. Habrá un lenguaje nuevo y una manera de estar lejos de los afanes y del llanto. Perdurará vivo su pensamiento: huella luminosa e indefectible. (Esperanza Jaramillo, poeta quindiana). 

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A veces su rostro parecía impasible y uno se mentía creyendo que Carlos Alberto Castrillón no escuchaba. Pero en verdad respondía con mucha seguridad al interlocutor a tal punto de no existir ninguna duda sobre su capacidad de prestar atención. Eso no es todo: se puede ser eficaz en el diálogo, como él lo era, pero es más lógico hacerlo en las ejecutorias: así, como todo minucioso, lo que se proponía le solía quedar bien y sin remiendos. Estos dos atributos de Castrillón eran propios de alguien cuya disciplina personal, y su respectivo nivel moral, le fueron inherentes en la construcción de una vida hecha para la cultura y para la docencia. 

Vivimos con Carlos Alberto Castrillón varios momentos de intercambios literarios. Pero en el trabajo para los libros de historia que él revisaba, allí encontré al editor que se destacaba por sus exigencias. Siete tomos de esa colección registran un trabajo conjunto y perdurable que hicimos para la Academia con Gonzalo Valencia. Desaparecido el escritor, el poeta y el amigo, nos queda el recuerdo de haber sido sus académicos colegas: su estatura intelectual se merecía el sillón con el cual enalteció su colaboración con nuestra entidad y con la historia regional (Jaime Lopera, historiador y cuentista quindiano). 

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Carlos Alberto Castrillón fue como una de esas plantas de escasa floración que rara vez uno se encuentra por el camino. Fue todo un acontecimiento mi encuentro con él. Lamento que la muerte arrebate tan temprano a un ser tan maravilloso. Si una palabra pudiera abarcarlo está sería “generosidad”. Siempre lo vi dando de sí todo lo cultivado en su espíritu. De él recibí gran parte de mi formación literaria, siendo mi profesor de maestría; empujó mi obra. Fui su lector permanente. Por sus libros conocí de cerca la poesía y la cultura del Quindío, como a poetas de otras lenguas en sus traducciones del esperanto y el inglés. Sé que luego de su muerte mucho queda para revelarnos. Sus haikus son espléndidos y en ellos permanece Castrillón como poeta, revelándonos la belleza de su pensamiento, así como las tragedias humanas. Las nuevas generaciones del Quindío tendrán mucho que aprenderle. Ojalá la Universidad del Quindío se apropie de su legado artístico e intelectual creando en su nombre alguna cátedra de crítica literaria o de literatura regional. Castrillón no merece ser olvidado, pues todo lo que pudieron hacer varios intelectuales por su región, casi él lo hizo solo. Un abrazo solidario a su esposa Diana, a Daniela y demás familiares y amigos del escritor quindiano. (Nelson Romero Guzmán, poeta tolimense). 

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Conocí a Carlos en un campus universitario, lugar de concentración del pensamiento contemporáneo. No había otro sitio mejor para conocerlo. Era adusto, inquisitivo en su mirada de ojos pequeños, lácteo en sus cráteres lunares faciales. Lento en su manera de fumar, era diestro en el arte de no derramar el café mientras hablaba de escritores tan exóticos como su manera de convertir en relato los dilemas de las teorías literarias. Era profundo en su mirada; pero no porque uno le interesara; las ideas, sí, eso que pudieras aportar a un diálogo inteligente. Su mirada estaba en otra parte que no es posible definir, quizá en el asteroide del esperanto. Era irónico cuando se le daba la gana y tenía la capacidad de hacerte sentir que cuando hablaba había que escucharlo.  

No le interesaba el clima ni los efectos inflacionarios en la bolsa de valores, ni la política actual. Solo le interesaba la literatura y lo que en ese campo podía derivar en un trabajo de investigación, próximo a la arqueología. Fue mi profesor en una especialización que hice en la Universidad de Caldas. Llegó en el momento justo en que mis compañeros de clase –Octavio Escobar y Orlando Mejía– reclamaban un profesor distinto. Carlos entró al aula, observó a los estudiantes que había allí, escribió en el tablero tres categorías de análisis y decidió que la clase debía ser un diálogo de cafetería. Lo extrañaré siempre, como se extraña a esos seres esenciales que determinan algo de tu vida. No es fácil conocer a un hombre que muere convencido del valor de las palabras. No me extraña por eso que haya escrito poesía. Tampoco me extraña que fuese un hombre silencioso. (Rigoberto Gil, novelista risaraldense). 

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Carlos Castrillón fue un samurái de la palabra, practicaba el bushido y el haiku, y desde allí nos fue enseñando la rectitud, la valentía, la sinceridad, la lealtad y el honor, sobre todo el honor de no claudicar, ni transar con la mediocridad. Carlos amaba la música y la poesía, y así quisiera recordarlo, desde su gusto por el jazz en todas sus formas y en todo momento; desde su pasión por Neil Young & Crazy Horse o desde su deseo inalcanzable por tocar la guitarra como Tony Bourge; la memoria es una cuestión de oído, y entonces aparecen las bandas sonoras de algunos encuentros: Sarah Vaughan, los Rolling Stones, Black Sabbath, Led Zeppelin y Pearl Jam. En cuanto a la poesía era un lector infatigable: el Tao-Te-King, Liu Zhanqiu, Chuang Tse, y un sin número de autores que iba dejando a lo largo y ancho de la conversación. Carlos Castrillón fue un hombre universal preocupado por su aldea; sin duda, el mejor crítico literario de la región, quien ejerció con soberanía su rol de intelectual y amplió la conciencia crítica de las nuevas generaciones; como poeta siempre me preguntó, con su habitual ironía: ¿Quién puede creer en el poeta que vive a la vuelta de la esquina? el tiempo lo dirá…y que los eunucos bufen. (Juan Manuel Acevedo Carvajal, director de la Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana de la Universidad del Quindío).



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