Historia / SEPTIEMBRE 11 DE 2022 / 2 meses antes

La ciudad en el bósforo

Autor : Rubén Darío Flórez / Especial para LA CRÓNICA

La ciudad en el bósforo

Pero no fue así. Y tiene ese episodio tal gracia, desborda tal abrumadora curiosidad, tan inverosímil  pues ocurrió en una ciudad que uno no sabe cómo ni por dónde empezar a contarla. 

No tengo ahora que escribo en primera persona sino una poderosa asociación en mi memoria con el nombre de la inolvidable ciudad de Estambul. Y ahora que la pongo aquí podría parecer inventada. Pero no fue así. Y tiene ese episodio tal gracia, desborda tal abrumadora curiosidad, tan inverosímil  pues ocurrió en una ciudad que uno no sabe cómo ni por dónde empezar a contarla. 

Había decidido que me quedaría dos semanas en Estambul, en parte porque los pasajes en ese año resultaban económicos y además coincidía mi viaje cuando el calendario lunar prescribía en ese 1 de mayo de 2018 el fin  del Ramadán. En ese mes, según las creencias, se abren las puertas del cielo y yo llegaría a Estambul en vuelo desde Bogotá. La conexión aérea de Bogotá a Estambul recién había comenzado dos años antes.
 

Las palabras para Estambul o constantinopla

 Me acomodé en mi silla de clase económica y repasaba en mi mente los lugares de la ciudad de dos mil trescientos cincuenta y cinco años, que me aprestaba a visitar. La había hecho parte de mis memorias en las anteriores visitas mías. Tenía casi dos estantes de libros con citas subrayadas sobre ella: Constantinopla “buscando allá en el diccionario del espíritu la palabra que la exprese gráficamente” de Edmundo de Amicis, los tres tomos de F. Uspenskii sobre la historia de Bizancio y Constantinopla su capital hoy Estambul que cuenta sobre ella “la ciudad del obelisco egipcio de Tutmosis III llevado en 381”.

El imaginario relato Estambul, Estambul de fascinación y dolor escrito en idioma turco por Buhham Senmez: “¿Acaso no es en esta ciudad donde se juntaron todos los tiempos?”, el libro con las fotos llena de sobrecogedora nostalgia del Estambul de la década anterior a las ilusiones occidentales de los sesenta que naufragaron en este siglo XXI.
 

Paisas en Estambul

Estaba echando globos a pocas horas del aterrizaje cuando escucho -Mijo eavemaría pues y cómo hago con el pasaporte colombiano apenas llegue. Vino de la parte de atrás pues la voz femenina se dirigía a mí. Me volteo, estaba en la silla del corredor y la veo:  como mi tía de Armenia con una camándula en la mano aferrada al brazo de la silla, una camisa bordada, labios pintados de rojo y gafas de actriz. Tendría unos setenta años e iba acompañada de un caballero con pinta de Manzanares. 

 – Es lo más sencillo, simplemente mira a los ojos del aduanero y le muestra el pasaporte colombiano y entra. A Estambul desde Colombia, el pasaporte de Colombia, es la llave que abre la puerta.- Con mi marido vamos a celebrar cincuenta años y yo tengo setenta. Me dijo con la franqueza que uno tiene a veces en los viajes largos. Entre la simpática pareja sumaban 140 años y harían una fiesta de luna de miel en la ciudad de 2.355 años. Estambul tiene estas historias. 
Europa y Asia: una ciudad

Entre dos continentes y recogiendo en el estrecho del Bósforo el mar negro, el mar de mármara, ha cambiado de nombre tanto como pocas urbes: Bizantion, Constantinopla, Istambul, Estambul.
 

La ciudad mágica y saqueada

En 1204 su renombre de ciudad que controlaba el comercio en el mediterráneo, sus mercados de todos los lujos, su diplomacia de todos las artes de persuasión y simulación, su ubicación para entrar en Asia, para pasar a Europa, sus riquezas, tenía la única moneda de oro sólido, despertaron la codicia de los cruzados.

La saquearon camino a Jerusalem. De capital del imperio cristiano de oriente se convirtió en capital del imperio latino. Qué otra ciudad despierta tan ambigua fascinación, está la nostalgia que viene de la catedral Hagia Sophia cuya gigantesca cúpula diseñada por un matemático armenio desafía la condena de la gravedad. Ahí sigue en 2022 desde el año 537. 

Un vendedor de castañas me contaba que el 24 de mayo de 1453, cuando según la leyenda el ángel que la protegía abandonó la catedral, la ciudad pudo ser conquistada por el imperio otomano. Estambul. Fue una ciudad de suspenso, cinematográfica, de contradicciones políticas y seres de voluntad y estrategias diplomáticas refinadas en la década del veinte. Estambul está dividida entre su territorio menor asiático y su territorio mayor europeo Estambul, en las regiones históricas: 
 

Regiones de laberinto en Estambul

Bebek, Balat, Lapeli, Pera, Sultanhamet entre sus calles se mezclan como en un laberinto visual, de arquitecturas, calles, la escritura latina en lengua turca, los pequeños restaurantes, la política como una pasión escondida de la historia de la Ciudad Zar. En Sultanhamet está Hagia Sophia con su extraño color rosa; saqueada por los cristianos latinos, embellecida con íconos por los monarcas bizantinos, preservada durante el imperio otomano, catedral ortodoxa y mezquita que se vuelve museo y otra vez es mezquita por decisión ritual del actual presidente. 

Como su historia y sus memorias de varios niveles y sorpresas llevaban a experimentar hallazgos entre los lugares y la gente me dirigí al Gran Bazar. ¿Por qué esta fascinación hacia Estambul? ¿Por qué si es vetusta, vieja, nostálgica no termina de ser vital con sus quince millones de habitantes? ¿Por qué sus murallas que la defendían de invasiones, sin éxito son monumentales y tristes? Por el acuerdo de Ataturk con los bolcheviques en 1922 la ciudad fue liberada de los ejércitos occidentales.

Constantinopla o Estambul o Istambul es la ciudad de las pujas y las convenciones diplomáticas. Y cada acuerdo ha marcado la vida de la ciudad: Acuerdo de Constantinopla  de 1832 que pone fin a la guerra de independencia de Grecia frente al imperio otomano. El protocolo de Estambul de 1999 para combatir la tortura. Y no podía ser sino en Estambul que alberga las cisternas subterráneas de columnas jónicas, dóricas, de mármoles, de bóvedas bajo la tierra, donde se firmara la declaración de la Unesco del 2002 sobre el patrimonio cultural.
 

Con acento paisa en el gran bazar

 Fiestas, edificios, creencias, cantos, monumentos. Con este pensamiento entré al gran bazar de más de dos milenios de antigüedad: tapices tejidos de bermejo y azul turquesa, una caja en miniatura con un harén de mujeres desnudas, puñales de plata, flores perfumadas disecadas, manuscritos en letra árabe, monedas antiguas del Sahara, el mayor mercado de oro de la región, joyas increíbles.

Y la ciudad, su bazar, sus historias políticas y sus bellezas culturales son una espiral urbana que te lleva: - Oiga mijo, y no le parece que está muy cara, está pispa la sortija, y la quiero para el aniversario de nuestro matrimonio. - Es una alucinación: -¡Eavemaría esto ni que fuera de oro!, usted me dice que no…
. – Madame. Con acento francés oriental aunque era un español exótico le dice el estambulí misterioso, - Esta moneda viene del desierto, se la compré a los comerciantes del oasis tuareg y las líneas onduladas, grabadas en el anillo son las dunas del desierto, cambiantes como la vida, pero vitales y permanentes como su inspiración. Era la señora con su marido de Manzanares que negociaban en el gran bazar de Estambul un recuerdo para sus 50 años de aniversario. Me dije- Esta es Estambul con sus rostros cambiantes y enigmáticos.



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