Historia / AGOSTO 09 DE 2020 / 1 mes antes

La familia Castañeda, un desfile festivo inolvidable

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

La familia Castañeda, un desfile festivo inolvidable

Sus organizadores tuvieron el cuidado de presentar ello como añoranza y pertenencia social y hasta promocionaron el desfile de la familia Castañeda con esta estrofa que invitaba al jolgorio.

El ambiente festivo y las manifestaciones de la cultura popular son elementos que no pueden faltar en las celebraciones tradicionales de todos los lugares del país.

Uno en especial tuvo su origen en Antioquia, y sus coreografías y parafernalias se han trasladado a diferentes regiones de Colombia, aunque en 2 de ellas se presenta con mayor relevancia. Se trata de la familia Castañeda, una organización festiva que representa todavía para Nariño y para el Carnaval de Blancos y Negros de su capital, un motivo más para la preparación de sus alegorías de esta fiesta, que ya está inscrita en la Lista de Patrimonio Mundial de Unesco.

Pero igualmente, en las festividades de la región central de Colombia, la familia Castañeda significó uno de los momentos escenificados más esperados de cualquier desfile, en el marco de los aniversarios de sus localidades o en los carnavales. Hechos alegres estos que han desaparecido también, para dar paso a otros eventos o festivales que exaltan los valores de la idiosincrasia o que resaltan los símbolos en los cuales se identifican los ciudadanos.

En el Carnaval de Blancos y Negros, el tercer día de la celebración recuerda la llegada de esta tradición, que se incorporó al espíritu festivo desde el año 1929 a manera de comparsa y que, inicialmente, apareció en las calles con el nombre de la familia Machuca. Esto obedecía a la necesidad establecida desde 1927 de involucrar nuevos elementos alegóricos al carnaval multicolor en el que ya se había convertido tal celebración. El nombre Machuca se escogió para no crear confusión con el de la familia Castañeda, que es un elemento de origen antioqueño, con una connotación histórica bien interesante.

En efecto, la familia Castañeda nace en la población antioqueña de El Retiro, donde se gestó a partir de lo que se considera fue la primera manumision de esclavos afroamericanos que se hizo en territorio colombiano.

La historia de este suceso humanitario se originó a partir de la decisión de una matrona viuda que liberó a sus esclavos. En El Retiro ello se celebra todavía con la Fiesta de los Negritos, del 26 al 30 de diciembre de cada año, para conmemorar el hecho singular.

La familia Castañeda fue, en Armenia y muchas localidades del antiguo Caldas, un símbolo de la tradición que llegó con la colonización de raigambre antioqueña. Se expresa esto en pretérito, porque dicha coreografía ya se ha remplazado por otras manifestaciones con nuevas facetas alegóricas, que también tratan de rescatar el sentido identitario. Por ejemplo, en Salento y otras poblaciones, el coroteo.

En Armenia, gran parte de ello lo ha tomado el desfile cuyabro. Mientras en Filandia, las alegorías de la familia tradicional o de los oficios, como la guaquería, y la del orden eclesiástico, desfilan con las magníficas dramatizaciones de sus habitantes, en el Festival Camino del Quindío del 20 de julio. La familia Castañeda se configuró, hasta el centenario de Armenia, y tímidamente como evento folclórico en otras poblaciones de la actualidad, como una tradición de primer orden de su patrimonio inmaterial.

Como el yipao, no podía faltar en la programación de los festejos, y ello fue el determinante de congregación ciudadana en grandes ciudades, pequeños municipios y hasta en algunas veredas. La costumbre, en Armenia, tuvo mucho realce cuando se vinculaba a sus carnavales.

Se recuerda su presentación en Armenia desde el carnaval de 1925. El miembro de la Academia de Historia del Quindío, John Jaramillo Ramírez, nos recuerda que la familia Castañeda desfiló en los carnavales de 1927, en la fiesta del cincuentenario, celebrada en diciembre de 1939 y en su primer centenario en octubre de 1989.

La tradición, que se representaba mejor como el regreso de la familia Castañeda, era un desfile muy esperado en las fiestas locales. Tuvo su origen en el siglo XVIII cuando, en El Retiro, la señora Javiera  Londoño de Castañeda, viuda de don Ignacio Castañeda y Atehortua, murió en 1767 y dejó algo en su testamento. En ese momento esa población antioqueña se conocía como El Guarzo y era una vereda de Rionegro.

En su testamento doña Javiera decidió dar la libertad a sus 125 esclavos afroamericanos y les regaló una mina en las cercanías. Ademas les entregó tierras lejanas para vivir, buscando con esto que no regresaran para no correr el riesgo de una nueva esclavización. Eso sí, les puso la condición de construir una capilla en El Retiro, para entronizar en ella la devoción a la Virgen de los Dolores. Desde 1768 los esclavos, ya liberados, volvieron cada año para rendir un homenaje a su libertadora.

Este viaje de regreso, con sus familiares, pertenencias y animales, generó el hecho popular de representarlo cada año que transcurría, ya con sus descendientes. Años después comenzaron los desfiles en las poblaciones de Antioquia, con las familias de las generaciones sucesivas y quienes habían adoptado, para su escenificación, el apellido del antiguo patrón.

“Este desfile representó la unión familiar y el componente de identidad, porque así no tengan el mismo apellido, no sean primos, ni hermanos de sangre, se unieron para simbolizar una tradición que nos ha hecho famosos en todo el mundo”. Esto lo manifestaron los propulsores del desfile de 1989 en Armenia.

Con el tiempo, en los municipios colonizados por antioqueños, estos desfiles fueron adoptados a manera de comparsas, porque además ello llegó con la herencia cultural de los fundadores. En el primer centenario de Armenia, doña Inés Uribe Vélez fue la coordinadora del desfile de la gran familia, en la que ella hizo el papel de alcaldesa, y en el que no podían faltar la representación del bobo del pueblo, los borrachos o el cura que oficiaba el matrimonio de los contrayentes ataviados con trajes de novios. Los rezanderos, los niños, los arrieros, los abuelos, las muchachas campesinas, el notario, la gitana, las mujeres de la vida alegre. Los oficiantes de labores domésticas y hasta la personificación de mitos y leyendas.

El desfile, en total, pudo tener hasta 150 personas voluntarias. Sus integrantes solo pedían alimentación y transporte y no cobraban por su participación. En el desfile imperaba, como ocurre hoy en el desarrollo de otras alegorías festivas, el sentido de identidad y el deseo de rememorar la historia de su región y de Colombia criolla.

Otro organizador, John Jaramillo Ramírez, fue el alma y nervio de aquel desfile simbólico. Era el encargado de la determinación, en su condición de presidente, de cuáles grupos familiares desfilaban y de los mínimos detalles de su fidelidad histórica e identitaria.

No sólo la familia Castañeda fue uno de los motivos festivos más destacados de aquel primer centenario de Armenia. También desfilaron comparsas de las colonias y de otros municipios, las carrozas de clubes sociales y de las reinas del V Reinado Popular de la Chapolera y del I Reinado de Colonias.

Sus organizadores tuvieron el cuidado de presentar ello como añoranza y pertenencia social y hasta promocionaron el desfile de la familia Castañeda con esta estrofa que invitaba al jolgorio.

“El desfile será grande

y algo extraordinario,

la familia Castañeda

lo mejor del centenario.

Vean este desfile,

es símbolo de cultura

porque les muestra bobos,

borrachos y hasta cura.”


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