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Historia / SEPTIEMBRE 17 DE 2023 / 6 meses antes

La historia del recordado álbum de cromos “AMOR ES...”

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

La historia del recordado  álbum de cromos “AMOR ES...”

El álbum “AMOR ES...” de hace 50 años.

La portada del álbum es uno de los hitos propagandísticos más difundidos y ya hace parte de ese historial de las revistas  hoy conocidas como comics.

¿Quién - de los que hoy somos adultos mayores -  no gozó, disfrutó y se emocionó con la colección de cromos llamada “AMOR ES...” que se publicó desde finales de los años 60 del siglo XX?

Era un pequeño álbum de  384 láminas, en formato de 17 por 24 centímetros, cómodo para portar, guardar y mostrarlo a los amigos. O para compartir con las parejas de enamorados. Circuló en muchos países bajo convenios publicitarios y, en Colombia, fue editado por Disprocol de Bogotá.

La portada del álbum es uno de los hitos propagandísticos más difundidos y ya hace parte de ese historial de las revistas de entonces - hoy conocidas como comics - ya que era en realidad un vehículo visual que despertaba  suspiros a granel. Al verlo otra vez en la actualidad todavía produce ese efecto y rememora las más gratas remembranzas, sobre todo en las mujeres que hoy sobrepasan los 60 años de edad.

El dibujo de su portada representa a dos niños desnudos, alrededor de una corona de flores azules, representadas como margaritas por la autora del diseño, una mujer neozelandesa que dejaba su nombre - Kim - en la parte inferior derecha de la presentación. Cada dibujo era esperado ansiosamente y de manera comercial se vendía, como contenido adicional de dulces y golosinas. Ello también ocurría con otras láminas de colección de la época, las de chocolatina Jet, por ejemplo. El cromo de 8 por 5 centímetros venía, en este caso, con un chicle de mascar.

La autora de los dibujos se llamaba Kim Grove, quien se enamoró perdidamente de un italiano llamado Roberto Casali. Desde un flechazo romántico, al verlo por primera vez - y en silencio -,la dibujante enviaba a su enamorado los dibujos, que iban acompañados de sugestivas frases, expresando el fervor de aquella época, la del amor libre del hippismo y la del enamoramiento a primera vista, que no consideraba distancias y que se exaltaba con las cartas, las tarjetas y muchos otros motivos, que a veces consistían en dibujos personales, donde el corazón atravesado por la flecha, era otro de los mensajes gráficos más frecuentes. Corrían, entonces, para aquella pareja, los últimos años de la década de los 60. Eran los tiempos del amor que también llevaba al desespero, a la locura y hasta al sacrificio que representaba el ritual de morir por amor.

Los tiempos cambiantes no considerarían, ni entenderían - hoy en el avance de la tercera década del siglo XXI - tal desfogue de sentimientos que expresan el amor humano. Al contrario, en el análisis de ese proceso, que se vivió alrededor del simpático álbum de “AMOR ES...”, críticas  a granel es lo único que podría despertar tal publicación. 

La correspondencia entre Kim y Roberto fue muy nutrida, como era natural para una pareja de novios de entonces, quienes esperaban con ansias las cartas, el único medio de comunicación para que prosperara el idilio. El fragmento de una publicación de la prensa de los años 60, escrita por un columnista del periódico El Tiempo, bajo el título de “COLOQUIOS DE J.M.”, es la muestra palpable de lo que significó el hecho de coleccionar, pegar y conservar con celo los cromos del pequeño álbum:

“A pesar de la sencillez de esas historietas no vacilo en considerarlas como un verdadero compendio de armonía conyugal; dentro de su humor fino dan una positiva lección de comprensión y concordia, como se puede apreciar en algunos ejemplos tomados al azar del álbum que mis hijos pequeños han llenado con entusiasmo: “Amor es...darle un beso inesperado...ser un caballero con ella... comprenderse aun conociendo sus errores... entristecerse porque tan solo son dos...no pedir el plato más caro del menú... tomarse las manos después de varios años de casados...no importarle cuando él ronca...”.

Trasladado ese contenido al panorama de hoy - cuando fluyen miles de mensajes de ese y otro tipo emocional en internet - los comentarios no pueden faltar. Transcribo tres de ellos:

“...El álbum de cromos incorporaba consejos machistas para las niñas, como “ser feliz aunque no tengas libertades”.

“... aquello es prueba de que “Amor es...” fue la cosa más equivocada que ha existido...”

“Este cómic y álbum es sin duda parte importante de nuestros recuerdos pero también es una gran mentira”.

Las tres apreciaciones anteriores, sobre tan censurado álbum, reflejan el sentir de hoy, diferentes a las que se generaron hace 60 años, cuando se emitían los juicios en otro contexto, el de la unión de las parejas con los cánones de la tradición religiosa, tal cual lo asevera dicho columnista de El Tiempo, trayendo a colación el pensamiento de un teólogo de la época, Monseñor Escribá. Así lo afirmaba aquel clérigo erudito,  escuchado entonces, pero hoy rechazado por sus conceptos que despiertan polémica:

“... Para que en el matrimonio se conserve la ilusión de los comienzos, la mujer debe tratar de conquistar a su marido cada día; y lo mismo habría que decir al marido con respecto a su mujer. El amor debe ser recuperado cada nueva jornada, y el amor se gana con sacrificio, con sonrisas, y con picardía también”.

Tal era el contexto histórico en el que el álbum apareció en la sociedad. No existía entonces una fecha precisa - como la del Día del Amor y la Amistad - que se celebrara tácitamente para exaltar a los enamorados. Pues solo hasta 1969 se ideó esa celebración, que equivale al San Valentín de otros países. Mientras la fecha extranjera se rememora el 14 de febrero, la de Colombia se fijó para el tercer sábado del mes de septiembre. Ocurrió que, a falta de un hecho que enarbolara el amor y la pasión, en 1970 y años siguientes, el álbum de “AMOR ES...” empezó a calar en el alma romántica de los hogares. Fue también la época en la que se concentraba el interés, igualmente en muchos países, en torno de una película titulada “Love Story” (“Historia de amor”), que llenó las salas de cine y batió récord taquillero. No había mejor panorama para soñar con los vericuetos del amor. Y, como lo expresó la presentación editorial del álbum, “al referirse a sus destinatarios:

“.....el hombre sin amor sería un ser sin sentimientos, sin bondad, sin cualidad alguna”. 

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El álbum rebasó todo los cálculos de venta,  a partir de la publicación y venta de sus láminas, el 5 de enero de 1970. Además, como también ocurrió con la trama de la película “Love Story”, nadie quería perderse la historia de un par de enamorados que manifestaban los sentimientos mutuos.

El relato subyacente en la relación de Kim y Roberto era compartido por millones de lectores y  el argumento de la película, basada en la novela del escritor Erich Segal, por miles de cinéfilos. La misma Kim lo aseguró en alguna ocasión:

“Yo creía que mis sentimientos eran únicos, así que me sorprendí cuando mucha gente me dijo que sentía lo mismo”.

Al estilo de los romances de otras épocas, los detalles profundizaron más y más la relación de la ingeniosa neozelandesa y el atractivo italiano. La publicación de los dibujos partió del consentimiento de la misma Kim, cuando se dio cuenta que Roberto le enseñaba orgullosamente las caricaturas a sus amigos. Antes de conocerlo, ella era secretaria y ya dibujaba sus propias tarjetas de navidad. Pero la historia de amor no duró mucho. Se casaron el 24 de julio de 1971 en el mismo recinto de Nueva Zelanda donde habían contraído matrimonio los padres de Kim. La muerte sorprendió a Roberto en 1976 y ella falleció dos años después.

En el lapso de su unión matrimonial, ella fue muy activa en mantener nexos con los miles de lectores, de todos los países, que amaban sus mensajes en la parte inferior del cromo. En otra oportunidad manifestó que le llegaban tantas cartas y “se tardaba más en contestarlas que en dibujar las caricaturas”.

En la contraportada del álbum, publicado antes de su muerte, los editores narraron así esas impresiones:

“... Nunca deja una  sin contestar.

Su correspondencia generalmente incluye sugestiones o peticiones para los dibujos de “AMOR ES...” y Kim siempre hace una lista de ellas para seleccionarlas, el problema es que a veces no son completamente satisfactorias, pues tienen que ser simples y concisas. También se han presentado anécdotas muy graciosas como la carta que mandó una señora diciendo que su hijo de dos años se había comido su estampa favorita. La respuesta de Kim fue: “Su hijo tiene buen gusto”.

En 1978 salió a circulación otro álbum, que pretendía continuar con el espíritu sentimental de “AMOR ES...”.Fue publicado con un calificativo complementario, dentro de la categoría de álbum educativo .Se llamaba curiosamente “NO ES AMOR “ y lo difundió Carvajal S.A. en varias ciudades de Colombia. Si bien su color de impresión era más vivo, no remplazó el impacto de “AMOR ES...” pues aparecía solo un personaje y sus gestos ya mostraban otros matices, aproximados al enfado y la exclamación, los que no caracterizaron al primer álbum. Algunos periódicos colombianos, como El Espectador, siguieron publicando, en blanco y negro las caricaturas. A pesar de ello, el interés de leer los mensajes siempre fue vigente.

El álbum “AMOR ES...” ya hace parte hoy de las piezas editoriales de los museos populares. Es todavía un gusto apreciar las reacciones de sus antiguos coleccionistas, al pasar una a una sus páginas. Gestos de asombro, nostalgia, sonrisas y hasta lágrimas brotan  al ver esas legendarias caricaturas coloreadas. Pero, irónicamente, es también el paso del tiempo, y el sentido de la censura de los que hoy apenas conocen esas láminas, los que han mantenido en vigencia al álbum más hermoso y polémico del último medio siglo.


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