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Historia / OCTUBRE 29 DE 2023 / 5 meses antes

La historia popular del Tesoro Quimbaya

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

La historia popular del Tesoro Quimbaya

Existen historias que marcan el devenir de una región o de una localidad y es la del “Tesoro Quimbaya” o “Tesoro de los quimbayas” la que más ha impactado en la vida de los quindianos y - por extensión - en la de los colombianos. Ocurrió a principios de noviembre de 1890, en un paraje rural del recién creado caserío de Filandia, llamado “La Soledad”. Para entonces, ese poblado pertenecía al Distrito de Salento y éste, a su vez, al departamento del Cauca.

Un par de saqueadores de tumbas indígenas prehispánicas(llamados guaqueros regularmente) encontraron dos grandes bóvedas subterráneas   que, en el argot popular, se conocían como “matecañeras”. Al acceder a ellas - de manera rústica y no como una práctica arqueológica - el hallazgo de más de 400 piezas de oro y un indeterminado número de objetos de cerámica y piedra impactó notablemente la vida provinciana del aislado territorio. Fue tan grande el acontecimiento que días después ya la noticia había cundido y los periódicos locales de varias regiones de la república, así como los de Bogotá, difundían el sorprendente descubrimiento. Por primera vez se hablaba de una población desconocida para todos y   ya era Filandia el centro de atracción de los curiosos y algunos investigadores de la época. Mencionada por la mayoría como Finlandia - igual que el país europeo - las crónicas y   reportes dieron cuenta de los pormenores del suceso, pero también exageraron en la descripción fabulosa.

Para esos tiempos,la guaquería intensa hacía parte de la cotidianidad de los feroces colonos que fundaban pueblos y ello ocurrió   en el curso del proceso llamado la “colonización antioqueña” y que generó también el levantamiento de los actuales municipios de la hoya del Quindío. En lo que corresponde al paraje de “La Soledad”, ese sitio parece tener relación con los relatos que daban cuenta de los hallazgos hechos en sus cercanías. Uno de los cronistas que mencionó las gestas de guaquería fue un sacerdote llamado José Felipe López Montes quien, en sus monografías sobre Montenegro y Salento, cuenta, en dichas publicaciones de principios de la década de los años 20, cómo se exploró, en el siglo XIX, el lugar que hoy ocupan los dos cementerios de la población de Montenegro, lo que desembocó precisamente en su fundación, en 1890, más exactamente en el mes de octubre. El padre López Montes alcanza a publicar aquellos apartes en el Boletín de Historia y Antigüedades, órgano escrito de la Academia Colombiana de Historia.

En 1924,igualmente,en el libro titulado “Recuerdos de la guaquería en el Quindío”, del fundador de La Tebaida don Luis Arango Cardona, la mención que él hace de la “Guaca de La Soledad”, es la más directa referencia al famoso hallazgo. Sólo estos dos autores, entre muchos que aluden al saqueo de las sepulturas indígenas, dan para construir un primer aspecto argumental, que bien podría llamarse “la historia previa del Tesoro Quimbaya”.

Pero también se configuró la “historia extendida o expandida” del Tesoro Quimbaya, una segunda versión de los hechos, representada en la publicación de las noticias de la época, en la prensa de noviembre y diciembre de 1890.Eso lo conocimos en detalle, gracias a la investigación que hiciera la historiadora Carmen Cecilia Muñoz Burbano, a instancias de la Universidad del Valle. La inquieta investigadora hace las pesquisas documentales para dilucidar los detalles históricos del Tesoro Quimbaya y así es como esos reportes salen a la luz pública, haciendo parte de su trabajo de grado, que tituló “El tesoro de los Quimbayas,: estudio historiográfico y documental”, en el año 2003,gracias al beneficio que recibió como ganadora de la Beca de Investigación de Patrimonio del Ministerio de Cultura.

La autora   trae a mención, entre otras, las publicaciones de los siguientes periódicos de Bogotá:

  - “El Telegrama”, noticia del 15 de noviembre de 1890.

  - “La Capital”, noticia del 21 de noviembre de 1890.

  - “El Correo Nacional”, noticia del 6 de diciembre de 1890.

Una de las noticias más impactantes fue difundida por la Revista Comercial e Industrial de Pereira, el 25 de noviembre de 1890.Por su importancia histórica se transcribe a continuación:

“Guacas. En esta nueva población, que dista de aquí unas tres leguas, se ha extraído de los sepulcros indígenas el oro por muchas arrobas. Dos compañías compuestas de hombres trabajadores muy pobres, han extraído en estas dos últimas semanas, la una 28 libras en piezas tan hermosas que para exhibirlas en una exposición no tienen precio, y la otra, que partió para Manizales, conduce tres arrobas y libras, según el peso, en piezas muy variadas de oro macizo, sumamente hermosas, empacadas como loza en una carga de baúles. Uno de los dueños nos dijo que fuera de unas 4 libras de oro que habían dejado en Filandia, habían vendido el que llevaron, a un recomendado de una casa de Manizales, por $39,600 y pico, y creemos que los ha engañado enormemente. El número de libras de oro que extraen personas ocupadas en la guaquería es muy considerable”.

Está última noticia dio, en el ambiente provinciano de Filandia, la pauta para crear en el imaginario una tercera versión, que bien podría llamarse la “historia popular del Tesoro Quimbaya”. Tal vez fueron muchos los chismes y rumores que surgieron de aquella exposición de las “cuatro libras de oro” que menciona la publicación de Pereira. Y también se sabe que, antes de partir para Manizales, las piezas de orfebrería indígena fueron exhibidas en Salento. Nos imaginamos, entonces, el impacto que su brillo y hermosura dejaron en los ocasionales observadores y entre los compradores. Porque también sabemos que hasta Salento y Filandia llegaron personajes importantes. Entre ellos, el historiador Ernesto Restrepo Tirado, quien fue el intermediario entre los propietarios de   los objetos de oro y el gobierno para que, el 20 de agosto de 1891, finalmente el presidente Carlos Holguín Mallarino comprara el Tesoro.

Sobre el destino o transacción de las “cuatro libras de oro” que se quedaron en Filandia, sólo una reseña contenida en la publicación del docente Cornelio Moreno, en agosto de 1928, da cuenta de ello. En su pequeño folleto titulado “Geografía y reseña histórica del municipio de Filandia”, en la página 8, el profesor Moreno cuenta que la “Guaca de La Soledad” había sido extraída por Norberto Ospina y Victoriano Arias y era la primera vez que se conocía el nombre de los guaqueros. También se refiere a que ellos “se desprendieron” de tres libras de oro para las campanas de la iglesia de Filandia. De la libra restante, es posible asegurar que permaneció en los haberes personales de los dos guaqueros, de quienes no se volvió a tener noticias en los años posteriores a 1890.

Durante muchos años, una interpretación errada alimentó la leyenda. Ella se divulgó, hasta nuestros días, como si el metal precioso se hubiera incorporado a la fundición de las campanas, que habían sido fabricadas en la población vallecaucana de Buga en 1891, más exactamente en los meses de abril y mayo. Uno de los comentarios más interesantes consistía en afirmar que el sonido espectacular de las campanas se alcanzaba a escuchar en Alcalá y así lo repetían muchos abuelos, en una suposición que se dirigía al tañido especial de ellas, por el oro de sus estructuras.

Un suceso curioso ocurre en 1928.Desde 1926 se empezaron a desmontar las tres torres del templo principal, que había sido terminado en 1905, después de diez años de convites que lograron trasladar , arrastrados por bueyes, los 22 árboles de barcino que constituyen las columnas. Una obra maravillosa de ingeniería para un templo católico, lo que coloca a esa construcción como uno de los portentoso monumentos de bahareque y tapia pisada. No faltaron las consejas que apuntaban al desmonte de las torres para apoderarse del oro incorporado en ellas.

Después del 20 de agosto de 1928, cuando Filandia cumplió sus primeros 50 años, la leyenda de las campanas de oro cambió de versión. Se aseguraba, en medio de los corrillos y murmullos - pero en completo mutismo - que, con el reemplazo de las tres torres, las campanas habían sido cambiadas. Nadie lo enfrentaba públicamente, para no ofender la condición eclesial, pero persistió la duda hasta los tiempos modernos.

Hasta que, en junio de 2023, la decisión parroquial de Filandia, en el sentido de descolgar las dos campanas de bronce(por el mal estado de ellas) en lo alto de la torre central - y donde habían permanecido durante 95 años - aclaró de una vez por todas la verdad histórica. Se pudieron ver, por fin, las inscripciones presentes en ambas campanas y que confirmaban lo asegurado por Cornelio Moreno. Son de bronce, no se puede colegir que ellas tuvieran el tan mentado “baño de oro”. Y, lo más importante, fueron donadas (en “regalía”, como consta en las inscripciones) por Norberto Ospina, alias Casafú. Aunque el apodo del guaquero no aparece en las letras de las campanas, ese mote popular (Casafú) vuelve al murmullo ciudadano para referirse a la nueva versión - la verdadera - sobre las campanas del templo de Filandia y su historia popular sobre el Tesoro Quimbaya.

De ahora en adelante, esos testimonios históricos, por decisión eclesial ,y por querencia ciudadana, se exhibirán en el pasillo interior del templo, para desmentir, de una vez por todas, la versión que, antaño, empañó el buen nombre de varios protagonistas de la vida pueblerina.


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