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Historia / ENERO 15 DE 2023 / 1 año antes

La soledad de Benedicto XVI

Autor : Rubén Darío Flórez Arcila

La soledad de Benedicto XVI

El papa solo en sus vericuetos teológicos.

Las noticias tienen su código para descifrarlas. La frase más simple o el gesto más rutinario no son tan fáciles de comprender, dígame usted lectora querida si no hay que explicar la expresión: se hizo el santo. Y mucho menos las acciones y eventos que persiguieron al papa Benedicto XVI. Empecemos por el título que ostentaba: pontífice.

 Y para interpretar a Benedicto XVI, comienzo con la frase de otro pontífice que también influyó desde Roma la ciudad eterna. ¿Cuál es la soledad de un pontífice en su circunstancia? En el año 63 A. d C.  el emperador romano, pontífice Julio César escribía: “La condición de jefatura añade grados nuevos de soledad a la ya existente… Cada orden o edicto aumenta el territorio de la soledad”. Los papas heredaron el título de pontífice de los emperadores romanos.

¿Benedicto XVI experimentó la soledad de su autoridad y de sus acciones como papa?  La primera razón de soledad del pontífice Benedicto fue su formación de teólogo ducho en un lenguaje para examinar sutiles cuestiones como la distinción entre alegoría y parábola; el sentido etimológico de la palabra pan central en el Padre Nuestro: ¿esa palabra existió o no en las Escrituras?  ¿O debe examinarse no en el sentido directo de alimento material sino como signo?  

En una sociedad de materialismo y consumo como la europea a la que perteneció Benedicto, muy difícil resulta atender a la reflexión etimológica y semiótica sobre la palabra pan y que esta no se refiere al pan, sus panaderías y placeres. En libros de análisis etimológico-teológico, Benedicto XVI exponía su interpretación de las escrituras. El papa Benedicto se sentía en zona de confort intelectual entre libros y teólogos alemanes autores de abstrusos tratados sobre Jesús.

 Basta examinar la extensa bibliografía en alemán de su trilogía sobre Jesús de Nazareth. Sus libros están escritos en alemán, idioma de un país de mayoría incrédula a lo que no sea una visión materialista del mundo. En su condición de pontífice se dirigía a un auditorio en A. Latina y en África creyente y lejano del lenguaje teológico en idioma alemán. Esta contradicción creaba la soledad comunicacional del pontífice.

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La teología sin receta  social y sin pesebre

  ¿La segunda condición de la soledad del pontífice fue la red de instituciones burocráticas del Vaticano? Benedicto XVI, como doctor en teología, venía de su vida dedicada a descifrar antiguos sentidos de las escrituras como director de la santa congregación para la fe. Era ducho en enunciar complejos sentidos de su escuela teológica: ¿El reino de Dios en la tierra equivale a qué manera de concebir la justicia, como justicia social? “Escribía Benedicto XVI.

  La llegada del reino de Dios no tiene que ver con un “determinado modelo del mundo que se dará  en ciertas condiciones como lo soñaban los utopistas, constructores de una sociedad sin clases, en la que todo se irá dando de manera ideal , sólo porque ya no habrá propiedad privada”. “Esas recetas simples no las da Jesús”. Cómo teólogo era doctrinario en interpretaciones teológicas de uso político; aunque una cosa era entender la sociedad bajo la óptica de sentidos herméticos presentes como él lo pensaba en las Escrituras. 

Y comunicarlos. En coloquios de élite académica, en academias de la astuta Europa entre teólogos diestros en laberintos semánticos, muy lejos de las afugias  y el áspero lenguaje  de necesidad   de fieles de parroquias rurales y pueblerinas en A. Latina y África. Ratzinger vivió su soledad comunicativa como teólogo lejano a la semiótica de imágenes de los fieles de abajo. Lo dicen sus textos que sacan la mula y el buey del pesebre. Imagen fundamental la de Noche Buena en América Latina.

 No entendió que dicha tradición de creencia no es equivalente al criterio de realismo empírico de la razón positivista.

La soledad mediática y las zapatillas rojas

Vivió su soledad en los medios de comunicación masiva. Le endilgaron un sentido frívolo a sus zapatillas rojas, como si el Benedicto XVI viviera pendiente de su imagen, usando accesorios de moda.  En 2007 fue nombrado por Squire el mejor portador de accesorios. Pero para el pontífice el uso de estas zapatillas de terciopelo rojo comunicaba su apego a la tradición de un uso medieval de este color exclusivo para los jerarcas de la iglesia.

Ratzinger como pontífice debió lidiar con viejos poderes capitalistas, codiciosos y terrenales, con la hermética banca vaticana en la sombra. Y darse cuenta cercano a los 80 años como flamante pontífice de la cristiandad  de la  distancia  entre  su estilo de interlocución con pares académicos, su mundo de perspicaz teólogo  y la opaca institución que administraba los recursos financieros del Vaticano.

 Era el IOR o banco del Vaticano involucrado en lavado de dinero, secretismo fiscal, despilfarros, detenciones  y asesinatos o suicidios de banqueros (Sindona, Roberto Calvi en tratos con mafiosos). El cardenal Oyanekan de Nigeria tuvo que exigir el cambio inmediato de este poder temible y secreto: “El IOR no es fundamental, no es sacramental y no es parte del dogma”. Con realismo desabrochado de cura de pueblo colombiano, el cardenal ponía el dedo en la soledad del pontífice inmerso en cuestiones de teologías y el abismo frente al el IOR (Instituto para Obras Religiosas o banca vaticana) ávido de lucro.

Los bancos de la herejía

El banco IOR, una herejía si recordar la tesis de que los asuntos de la Iglesia no se corresponden con la estructura social de este mundo, cuentas en paraísos fiscales y tratos con la pezuña del dinero. La historia la había iniciado Paul Marcinkus, un sacerdote norteamericano con pases cuasimafiosos para multiplicar el dinero en los paraísos fiscales de Las Bahamas, favorito de Pablo VI y protegido de Juan Pablo II, por su sigilosa maña para mover enormes sumas de dinero y enviarlo a Polonia al sindicato solidaridad. 

La soledad del pontífice

Las artimañas de Marcinkus hicieron que IOR se vinculara con el banco Ambrosiano. Tiempo después, el director del mismo fue hallado ahorcado en un puente de Londres. En 1987 la justicia italiana ordenó la detención de la poderosa figura de Marcinkus. El vaticano impidió su detención. La comunicación del Vaticano se funda en aspectos teológicos y administración de rangos eclesiásticos en todo el mundo, ¿cómo combinar la comunicación sobre  sentidos teológicos en las Escrituras y el manejo del dinero?

Benedicto XVI será recordado en el pueblo como el papa que renunció. Su trilogía sobre Jesús de Nazareth hará parte de la bibliografía académica escrita en idioma alemán. Pero su enorme soledad: de teólogo europeo lejos del lenguaje de las grandes multitudes de creyentes, la soledad entre los vericuetos del poder terrenal del Vaticano, y la  soledad e impotencia ante las máquinas financieras y burocráticas del Estado Vaticano nos muestran su soledad de hombre de profunda fe. 


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