Historia / AGOSTO 02 DE 2020 / 2 meses antes

La tragedia de la inequidad y la cultura

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

La tragedia de la inequidad y la cultura

Donde más encontramos los puntos álgidos de inequidad es en el aparato burocrático, e inserta también en el sector democrático de la cultura.

La inequidad es una condición de origen y prevalencia humana, que va en contravía de la ecuanimidad, de la justicia y de la sana convivencia. Es, si se puede comparar, una enfermedad que corroe a la sociedad.

El Quindío que he conocido es profundamente injusto, y la inequidad ha invadido no solo a los sectores gubernamental y privado, sino que ha llegado hasta el ámbito familiar, e incluso, el campo de la cultura.

Históricamente, sus dirigentes no han alcanzado el nivel de comprensión para evitar la calamidad que azota al grueso de ciudadanos de uno de los departamentos más densamente poblados del país. Las cifras de desempleo, el índice de suicidios o las estadísticas que muestran el pobre alcance académico universitario para los egresados de la educación media, son apenas 3 indicadores fatales de esta pequeña porción de territorio colombiano, que es irónicamente grande en la falta de oportunidades para sus habitantes.

 

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Donde más encontramos los puntos álgidos de inequidad es en el aparato burocrático, e inserta también en el sector democrático de la cultura. En ambas esferas, los nepotismos, los clientelismos y los amiguismos son el común denominador. A las posiciones públicas, en muchos casos, no se llega por mérito, ni tampoco por capacidad, ni por emprendimiento. Simplemente se hereda y se reparte el botín de los cargos de mando y de responsabilidad fiscal o administrativa. Mientras, en el campo cultural, todavía observamos que a sus coordinaciones, llámense casas de la cultura, Corpocultura o secretarías, solo arriban los que han conseguido el pago a sus favores politiqueros.

Algunas experiencias han demostrado en la historia reciente de Quindío que los alcaldes o gobernadores que se apartan del compromiso adquirido de nombrar a los beneficiarios de dichos favores y en lugar de ello, designan a gestores y cultores con conocimiento del sector, aciertan en su decisión. Y es que una región o un país que no escoge a sus mejores hombres o mujeres para la formulación y administración estatal de políticas públicas culturales, es un territorio sin futuro, sin posibilidad de crecimiento para su sector artístico y cultural, y, en consecuencia, seguirá siendo el reproductor eterno de la mediocridad.

Precisamente por la ausencia de esas políticas culturales en Quindío, se continúa practicando la insana costumbre de considerar a los cargos sagrados de la cultura como la caja menor para satisfacer vanidades y para facilitar el también indeseado paternalismo.

En los últimos meses, un medio escrito local, basado en una exhaustiva y documentada investigación en Secop I, ha puesto en evidencia la inequidad que ha existido desde tiempo atrás en la distribución presupuestal para arte y cultura en Armenia y Quindío. En una de sus entregas, la investigación muestra que la Asociación de Músicos Profesionales del Quindío —erróneamente llamada Banda Departamental de Música del Quindío—, fue beneficiaria del 20 % de los recursos de la secretaría de Cultura en el periodo 2012-2015. Me llamó la atención que en el ranking de los primeros diez contratistas publicado por ese medio local, no estuvieran también otros nombres conocidos, de ONG artísticas y culturales que, así como la Asociación de Músicos Profesionales del Quindío, también son destacadas por su trayectoria y resultados.

¿Y por qué sucede esto? Porque históricamente la secretaría de Cultura departamental ha sido dirigida por personas poco idóneas, con nula idea de la formulación de políticas culturales, que se dedican a pregonar, con discursos insípidos y simplistas, que lo cultural es equivalente solo al espectáculo, y están convencidos de que esta dependencia de la gobernación es el vehículo de la supuesta bondad del gobernante de turno, y la oficina que debe suministrar los shows que amenizan cada acto oficial.

Deja un mal sabor de boca que la Asociación de Músicos Profesionales del Quindío haya tenido una extraordinaria financiación para su proyecto artístico entre 2012 y 2015, mientras que otras entidades y artistas, también ciudadanos de Quindío, también con derechos a acceder al presupuesto público del departamento para cultura, hayan obtenido un valor dramáticamente menor, desigual, o en el peor de los casos, ningún tipo de financiación en el mismo cuatrienio.

 

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Los malos liderazgos imperantes desde tiempo atrás en el sector cultural de Quindío han profundizado la inequidad y le han quitado la posibilidad a artistas, gestores y organizaciones culturales de crecer a nivel profesional. Por años, estos líderes han comulgado con la politiquería, y con ese embeleco de mercantilizar todo proyecto artístico o cultural. Entonces, los poco cultos secretarios de Cultura que hemos tenido, han asignado recursos a determinado proyecto, en la medida en que nutra la demanda de cultura-espectáculo. Desconociendo los procesos, ignorando que no todos los productos artísticos pueden ser presentados en el marco de un desfile o comparsa, que no todas las creaciones artísticas tienen que seguir los designios y parámetros de un gobernante de turno, que pide caprichosamente un ‘toque de canciones’, una ‘obrita’ o unas ‘danzas’, para quedar bien ante una comunidad. 

Requerimos mayor equidad, mayor democratización de los recursos para el arte y la cultura en Quindío, y una distribución de los mismos a través de una categorización, pues no es igual la financiación que requiere un grupo artístico que recién inicia, a uno que cuenta con años de trabajo continuo, y que ha mostrado un crecimiento artístico y formalización a lo largo del tiempo. Diferente es el apoyo estatal que requiere un grupo artístico escolar o amateur, a una organización que genera empleos y está conformada por artistas profesionales con experiencia. 

El Quindío que insisten en proyectarnos nuestros gobernantes, cada vez con menor éxito, es la panacea de la eterna felicidad, mientras la mayoría de sus habitantes no pueden disfrutar sus paisajes, ya usurpados para la contemplación privilegiada de unos cuantos, ni pueden ya solazarse en los sitios de encuentro, como los parques, por su extremo estado de abandono, o participar en los procesos democratizantes de formación de público para las artes, por la disculpa inveterada de la escasez de presupuesto. 

La generación de cambios en las entidades públicas también depende de la capacidad de análisis y acción de la sociedad civil, por ello extiendo la invitación a los artistas y gestores culturales de Quindío a que dejen a un lado la indiferencia y la indolencia, que analicen críticamente cómo ha sido la realidad del manejo de los recursos públicos para cultura, pues el desarrollo del sector cultural depende de este importante momento de reflexión. Y precisamente leer investigaciones basadas en datos veraces, como la ya mencionada, donde no se cuestiona a los proyectos u organizaciones, pero sí a la administración de lo público, brindan un insumo valioso para este ejercicio analítico. En cuanto a la ONG Asociación de Músicos Profesionales del Quindío, la invito a comprender que existen más organizaciones representativas en el departamento, que así como esta, generan empleo, tienen notables resultados artísticos, realizan procesos de formación artística y de públicos, e incluso, algunas de ellas cuentan con importantes infraestructuras. Es el caso de la Fundación Torre de Palabras, Fundanza, Danzar, Cuyabrito de Oro, Teatro Azul, La Loca Compañía, el Centro de Documentación Musical, el Maqui, por mencionar algunas de las más destacadas. Y le reitero a la Asociación de Músicos Profesionales del Quindío que deja mucho que desear su egoísta manera de gestionar recursos públicos. 

Este departamento, anhelante de una mayor equidad para el sector, requiere que su gobernador actual mire con respeto el tema cultural, y que su secretario de Cultura trabaje de verdad para que esta cartera cobre la importancia que merece dentro de la agenda pública departamental, gestionando el aumento de recursos propios para la secretaría y fortaleciendo los mecanismos de democratización de recursos que ya existen: las convocatorias de concertación y estímulos.

La inequidad en la cultura se traduce en la ausencia de políticas culturales. En la ausencia de categorización de sus cultores y artistas. En esa lamentable condición mendicante e indigna que terminan asumiendo resignados muchos de ellos, ante la mirada desdeñosa de la institucionalidad. En definitiva, la tragedia de la inequidad en la cultura está en la pésima gerencia de quienes asumen los cargos representativos en los órdenes municipal y departamental.

 



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