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Historia / MARZO 24 DE 2024 / 2 meses antes

Los municipios de Génova y Pijao, en la senda del turismo arqueológico

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Los municipios de Génova y Pijao,  en la senda del turismo arqueológico

Muestra arqueológica de Pijao.

Las condiciones están dadas para que, desde el cumplimiento normativo, se rescaten y resguarden los hallazgos. Y, a partir de las muestras y museos arqueológicos, se realicen recorridos para los turistas. Pero, lo más importante, se sensibilice a las comunidades locales, a docentes y estudiantes en el conocimiento de su pasado y en la historia de sus orígenes.

La modalidad del turismo arqueológico -  dentro de la línea de un turismo histórico  y cultural -  se asoma apenas, y tímidamente, en las alternativas de los municipios, como un modo de mostrar al Quindío a sus locales y visitantes. Y, siempre, dentro del marco de la inclusión del Paisaje Cultural Cafetero Colombiano (PCCC) en la Lista de Patrimonio de la Humanidad, como que uno de sus atributos es precisamente el Patrimonio Arqueológico.

Pero no han sido suficientes los llamados que se hacen a los alcaldes, secretarios de Planeación municipal y encargados de las oficinas de turismo de las diferentes localidades, para que se incluyan el componente arqueológico y el aspecto educativo basado en la arqueología, en los Planes de Desarrollo municipal. El primero -  el componente arqueológico - comprende las etapas que deben cumplirse en las obras viales y de infraestructura, para que se salven y protejan los hallazgos arqueológicos. El segundo es, en esencia, la estrategia educativa que lleva a valorar la arqueología y las muestras museales que se refieren al pasado prehispánico.

Las condiciones están dadas para que, desde el cumplimiento normativo, se rescaten y resguarden los hallazgos. Y, a partir de las muestras y museos arqueológicos, se realicen recorridos para los turistas. Pero, lo más importante, se sensibilice a las comunidades locales, a docentes y estudiantes en el conocimiento de su pasado y en la historia de sus orígenes. Ese es el punto de partida para comprender y vivenciar el sentimiento de quindianidad. O sea, desde el origen de las primeras poblaciones del territorio que, en el caso del Quindío, se reporta en su ocupación territorial desde hace diez siglos, y a partir de las evidencia encontradas, como son las puntas de proyectil (artefactos líticos para la cacería de mastodontes y otros animales) en algunos sectores del departamento.

En esa perspectiva histórica, ha sido la guaquería (el saqueo de los yacimientos arqueológicos) el factor que más ha perjudicado la acción arqueológica y la difusión de lo educativo a través de los espacios museales.

Son casi todos los municipios quindianos los que disfrutan el contenido de dichas instalaciones. Pero cuando se trata de mostrar impactos y resultados en la formación de público potencial que pueda asistir a los museos, no son satisfactorios. Veamos algunos casos:

Armenia, la capital, cuenta con tres museos arqueológicos. El primero, manejado por el Banco de la República; el segundo, bajo la responsabilidad de la Universidad del Quindío. Y el tercero, en el Palacio Departamental. Mientras el Museo del Oro Quimbaya hace ingentes esfuerzos por divulgar sus colecciones de oro prehispánico, el público que asiste a sus instalaciones es todavía escaso, algo que se repite desde finales de la década de los años 80, hecho inconcebible como que dicho espacio es uno de los seis de la concepción de Museo del Oro en Colombia. Mientras tanto, la  Sala de Exhibición Arqueológica de la Universidad del Quindío, estando en un lugar privilegiado del centro de Armenia, cerró sus puertas desde hace varios años. El llamado Recorrido Arqueológico de la Gobernación del Quindío, instalado desde 2005 tras sendas vitrinas en los pisos primero, 5, 6, 9 y 18,  y extensivo a las instalaciones de la Asamblea Departamental, no cumple su función educadora porque tampoco se promueve su observación grupal para turistas, funcionarios y estudiantes.

El panorama de los restantes municipios es parecido. Las Casas de la Cultura de Quimbaya, Montenegro y La Tebaida cuentan con buenas instalaciones museográficas instaladas, pero el impacto educativo es mínimo. Los municipios de Buenavista, Salento, Córdoba, Calarcá, Circasia, Buenavista y Córdoba poseen colecciones arqueológicas de cerámica, pero en regular estado de exhibición, sin montaje de expertos y sus piezas siempre están en estado de vulnerabilidad.

Un caso especial se da en Quimbaya. Es el único municipio que ha emprendido la modalidad de turismo arqueológico a partir de un yacimiento in situ. Las tumbas de cancel del Instituto Quimbaya, hallazgo arqueológico que ocurrió en el año 2000, ha involucrado a los estudiantes activos y algunos exalumnos en la promoción turística del yacimiento, conformando ello una experiencia que se destaca. Sin embargo, la muestra arqueológica que debe sustentar el recorrido adolece de un montaje técnico y todavía las piezas líticas y de cerámica no están registradas en el listado de Patrimonio Arqueológico del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH).Se resalta, eso sí, el gran esfuerzo de la gestora de dicha iniciativa, la docente Martha Lucía Arias Rodríguez, su rector y la comunidad educativa.

Las muestras arqueológicas de Génova y Pijao son las únicas que han entrado en una perspectiva de mejoramiento, en cuanto a la difusión, planteamiento educador y alternativa de tipo turístico, y contando con la iniciativa de la sociedad civil. Enseguida, haremos un recorrido por ambas muestras, en el entendido que sus municipios han entrado en la senda de un turismo arqueológico a partir de su divulgación.

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EXHIBICIÓN PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO DE PIJAO

El municipio ‘donde se posan las garzas’ también es arqueología. Se ha logrado este propósito a partir del nivel divulgativo que ofrece la singular muestra de cerámica y líticos que se instaló en el primer piso de la alcaldía. Aunque en sus textos se ofrece información sobre los Pijao, el grupo arqueológico que habitó en el valle del río Magdalena (perteneciente al actual departamento del Tolima), algo que todavía está por comprobar desde la investigación arqueológica, el sentido de esta muestra es, más que todo, ofrecer datos sobre la tipología cerámica de los pueblos que habitaron estos parajes que rodean al municipio.

La historia de la compilación de tantas piezas de cerámica es bien interesante. Comenzó en los años 80 cuando un director de la Casa de la Cultura, interesado por los testimonios materiales de nuestros antepasados, motivó a muchos guaqueros y habitantes del municipio a entregar las vasijas e integrar una gran colección. Era - y lo sigue siendo todavía - la más grande en número de un municipio quindiano, después de la que pertenece a la Universidad del Quindío.

Fue tanta la emoción, que un esqueleto completo, encontrado en perfecto estado de conservación - y perteneciente a una tumba de pozo con cámara lateral - entró al inventario. Tales restos fueron enviados a las instalaciones del Laboratorio de Antropología Física de la Universidad Nacional y allí fueron consolidados y devueltos al municipio para integrar la muestra.

No ha tenido Pijao una tradición de investigación arqueológica. Al contrario, sus colinas han sido saqueadas hasta el cansancio y muchos relatos de guaquería matizan la historia del poblado. Pero es tan hermosa esta muestra, que el visitante olvida muy pronto el pasado imperfecto del saqueo, para adentrarse en la introspección de un simbolismo, encerrado en sus cerámicos. Están las vasijas de uso doméstico, las hermosas representaciones de varios tonos, los sellos y estampaderas y cientos de copas con pintura negativa, que nos transportan a la imaginación ritual. Porque, sin duda, esas vasijas acompañaron sus fiestas religiosas.

Hoy, Pijao entra en un camino turístico que ha repotenciado lo cultural y las tradiciones. Por cuenta de la iniciativa de mostrarse como un poblado “sin prisa,”, dentro de la modalidad de los destinos de turismo sustentable, esta muestra arqueológica ayudará a sembrar conciencia de propios y visitantes.

Mónica Flórez Arcila es la gestora de la modalidad turística inspirada en las Cittaslow, los emplazamientos urbanos de menor número de habitantes, que procuran vivir en consonancia con la naturaleza, las costumbres y la vida sosegada. Y, en el caso de lo arqueológico - ojalá así se conciba por parte de sus habitantes - en el respeto por el pasado. Para así darle paso, en el futuro, a la necesaria investigación arqueológica. Y se recuerde, entonces, que en el año 2000, en el marco de rescates de sitios, un arqueólogo hizo excavaciones en terrenos del hospital Santa Ana, donde la hermosa cerámica del yacimiento encontrado habló una vez más sobre el pasado en términos del lenguaje de los antepasados.

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SALA DE EXHIBICIÓN PLAZA CAFÉ DE GÉNOVA

Con un atractivo llamado, a partir de la frase “De paseo con Totorombó”, esta muestra museal del municipio más retirado del Quindío, se constituye en la más bella y atractiva. Se encuentra dentro de unas instalaciones locativas inauguradas en el año 2012, con el objetivo de reunir en ese edificio de dos pisos, lo más importante del Patrimonio Cultural local, incluyendo lo atinente  a la cata y producción de los cafés especiales, que  se transforman en el mejor elemento saborizado,  proveniente  directamente de los plantíos rurales, y que Génova tiene como una de sus fortalezas.

Pero lo que nos ocupa en esta reseña es el salón museal del segundo piso, donde los temas relacionados con la cerámica prehispánica, la arquitectura de la colonización, los andenes grabados y el aspecto ambiental se conjugan en una exhibición que logró algo que no poseen otras muestras museales del departamento: condensar y transmitir lo relacionado con el proceso histórico que recorrió el PCCC desde sus inicios. Lo que hace de esta muestra la más completa en información cultural a nivel  municipal.

Génova no se ha apartado de esa tradición de guaquería. Pero, con esta exhibición se repuso el daño infringido en la mentalidad de muchos genoveses por la destrucción de sus yacimientos prehispánicos. Dos hechos lo alimentan. La permanencia de muchos predios en la parte rural, donde todavía se puede hacer investigación básica. En el momento del terremoto de 1999, este municipio fue el menos afectado y eso permitió, también, que se conservaran en gran parte los terrenos para la potencial excavación arqueológica del futuro. Algunos  conjuntos de casas del estilo de la colonización, donde el bahareque se destaca en sus virtudes, igualmente se conservaron después del movimiento sísmico.

El otro aspecto incidente, en el impacto que puede evidenciar esta muestra arqueológica, es la realización de una excavación profesional que aportó mucho al conocimiento de los orígenes. Se realizó en 1985  e intervinieron varios arqueólogos en el trabajo de campo. El sitio excavado fue la hacienda Gibraltar, vereda La Primavera, y se derivó de ese trabajo el único testimonio documental elaborado por arqueólogos. El que, irónicamente, apenas se está dando a conocer a la ciudadanía.

En el espacio de Génova, y gracias a la recreación museográfica, se llega de manera didáctica a través de la ideación de un personaje de la mítica historia. Se da a conocer con un nombre que gusta mucho a los visitantes. Así dice el guion documental: 

“Totorombó es un tabloide arqueológico, elaborado en arcilla, que invita a niños y adultos a conocer y comprender el patrimonio cultural y natural del territorio genovés. Ese es el nombre original de un sitio antiguo, identificado para la región del Quindío por el IGAC”.

De la mano de Totorombó, entonces,  el turista podrá  encontrar otros aspectos de interés: El territorio natural, donde las gráficas, fotos y leyendas  nos hablan de la gran biodiversidad de este municipio, donde no puede faltar el componente faunístico y, especialmente, el de sus aves.

El territorio construido se expone a través de la información sobre la arquitectura tradicional, ya que Génova, con sus casonas antiguas, un buen número de grabados de andén y la conservación de detalles patrimoniales, ameritan que cualquier visitante nacional y extranjero se acerque a su casco urbano, después de transitar por una carretera recientemente intervenida y mejorada. Y donde el plus de su disfrute es observar los más espectaculares paisajes.

Dentro de la muestra arqueológica se aprecia la singularidad de su cerámica. Las grandes urnas funerarias de los entierros secundarios de aquellos pueblos del pasado y que algunos llaman los bulirá o burila. Después de permanecer en muchos sitios, en pésimas condiciones de exhibición y montaje, las grandes urnas arqueológicas de las montañas de Génova reposan en el más adecuado salón museal del departamento.

La muestra, ambientada por el personaje mítico Totorombó, tuvo en sus inicios a los gestores y creadores que participaron en su montaje. Fueron ellos los integrantes de la fundación Las Mellizas y la fundación Guaicamarintia. También intervinieron las antropólogas Sory Morales Torres, Ligia Inés Vélez Ceballos, autora del guion curatorial, y la arquitecta Martha Sofía Vélez Ceballos, en el diseño de vitrinas y módulos.

Después de muchos años de abandono de esta sala, por causa directa de negligencia estatal, llegó un gestor a sus entornos. Se trata de Nicolás Osorno, un gestor cultural maravilloso quien, con su empeño y dedicación, ha sacado adelante este proyecto  de turismo arqueológico, sobreviviendo sin estipendio económico, lo que hace de su labor algo digno de encomiar.

Ojalá las administraciones municipales valoren su trabajo y apoyen sus actividades y talleres de cerámica y de sentido ambiental. Pues, gracias, a estos hombres y mujeres de vocación comunitaria, tales espacios museales se mantienen en el tiempo. En caso contrario, desaparecen y entran en el sendero del olvido. Se exponen a un nuevo saqueo, el de los enemigos de la labor cultural.
 


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