Historia / OCTUBRE 24 DE 2021 / 1 mes antes

Matices de un encuentro con la historia y el patrimonio en Salamina, Caldas

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Matices de un encuentro con la historia y el patrimonio en Salamina, Caldas

Durante 3 días, en Salamina, la cita con la historia y el patrimonio cultural fue la característica principal de un singular evento titulado ‘Encuentro de patrimonio, colonización y paisaje’. Los temas tratados estuvieron relacionados con la recordación de la llamada ‘Colonización Antioqueña’, el Paisaje Cultural Cafetero y sus 10 años de inclusión en la Lista de Patrimonio de Unesco, así como la proyección hacia el Bicentenario de esta hermosa población de Caldas en el 2025.

Salamina, una joya del patrimonio arquitectónico —considerada por algunos como la cuna del PCCC—, nos recibió a los participantes en una sede emblemática, en la cual se desarrollaron 11 ponencias y también nos atendieron con las delicias culinarias de la cocina vernácula. Se trata de la Escuela Taller de Caldas y del Paisaje Cultural Cafetero Colombiano, la única que tiene influencia en los departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda y Quindío. Uno de los propulsores del encuentro fue el director ejecutivo de la institución, James Peña Garzón, un impulsor cultural que describe así su quehacer misional:  “...Es la gestión, protección y salvaguardia del patrimonio cultural, a través de la formación para el trabajo y el desarrollo humano en artes y oficios, la recuperación de materiales, técnicas constructivas y saberes tradicionales, a personas en situación de vulnerabilidad, generando oportunidades de emprendimiento y autoempleo, como motores del desarrollo, la reconstrucción del tejido social y la construcción de cultura de paz dentro del departamento de Caldas y el PCCC”.

Fue un encuentro que abordó el cuestionamiento de la dinámica que ha vivido la región central de Colombia alrededor del PCCC. También lo fue para dar a conocer los detalles significativos del patrimonio y del factor humano, encarnado en la socialización de algunas historias de vida. Así como el de discutir los términos históricos del proceso colonizador. Uno de los ponentes, Pedro Felipe Hoyos Korbel, no dudó en afirmar que en el encuentro realizan a diario su labor con mucha pasión.

La posición crítica del PCCC estuvo a cargo del consultor en temas de turismo rural y comunitario Carlos Ocampo Trujillo y del profesor universitario Gonzalo Duque Escobar. Mientras el primero insiste en la denominación correcta que debe darse al PCCC, con la sigla Unesco incorporada, el segundo se refirió a la necesidad de considerarlo como “sujeto de derechos bioculturales”, teniendo en cuenta la condición delicada de la región cafetera, por la deforestación y pérdida de los cultivos de café, guaduales y bosques de niebla.

Las reseñas biográficas de varios personajes de la vida regional fueron dadas a conocer desde los ámbitos del arte, la literatura, la arriería y la ebanistería. La trayectoria de Olga de Chica (1921-2016), descendiente de pacoreños, y considerada como la pintora que mejor plasmó el paisaje cafetero en sus cuadros primitivistas, fue el tema de mi disertación, como que ella es la artista más famosa de mi natal Filandia, en el Quindío. Mientras tanto, otros 3 personajes fueron dados a conocer desde sus semblanzas, enmarcadas en el tema de la identidad cultural. El profesor Jaime Ochoa Ochoa (poseedor de la mayor colección bibliográfica del Eje Cafetero) entregó una sinopsis investigativa sobre Bernardo Arias Trujillo, el autor de Risaralda, una novela dedicada a los negros, con el escenario de Sopinga, el nombre vernáculo del puerto de La Virginia. El manizaleño Ramiro Henao Jaramillo hizo una presentación de lo que será su obra escrita, titulada ‘Paulino Acevedo, el poeta arriero’. Es el descubrimiento de un personaje popular de finales del siglo XIX, que elaboró escritos populares y versos, recuperados hoy por el ingeniero Henao y que pertenecen a un gran archivo histórico de Manizales, representado también en periódicos antiguos y otros documentos valiosos, que heredó de su padre, el médico Felix Henao Toro. El tercer valor humano del pasado es un ebanista famoso. Gracias al libro titulado Eliseo Tangarife el Miguel Ángel de la Cordillera, su autor, Fernando Macías Vásquez, nos presenta la trayectoria del más grande artífice de la talla de madera del territorio, cuyos calados, puertas, ventanas y mascarones se aprecian con orgullo en las casas salamineñas. Es Macías, además, el más acucioso compilador de la memoria histórica de Salamina, desempeñándose también como instructor y coordinador administrativo de la Escuela Taller de Caldas.

En tanto se escuchaban las disertaciones del encuentro, los aprendices y matronas portadoras de los saberes culinarios preparaban y nos ofrecían los platos de la cocina tradicional. Además de esta modalidad, la escuela taller ofrece formación en Maderas y Artesanías, Costura y Tejeduría, Vivienda de Interés Cultural y Turismo Cultural. Fue agradable degustar varios manjares, como los “indios” con yuca, la crema de zanahoria, el pollo “enjalmado”, el arroz paisa con mixtura de Salamina o la recuperada mistela, preparada de varias frutas.

En cuanto a tradiciones populares, el folclorólogo Julián Bueno Rodríguez hizo presentación de su charla titulada “Y qué bailaban los arrieros”, con menciones alusivas al Carnaval de Riosucio, el folclor de los arrieros, organología, aires musicales y la remembranza histórica de las 4 provincias, que fueron —y son todavía— sus escenarios festivos. El exministro de Cultura, Juan Luis Mejía, se refirió a la representación del café en las expresiones de las artes plásticas de los siglos XIX y principios del XX. También, sobre historia regional, el economista Gonzalo Valencia Barrera se refirió al avance colonizador del Quindío, desde la premisa histórica presentada en el libro de su autoría y que correspondió al título de su conferencia, “Antioquia puso la gente, el Cauca, la tierra y Caldas, el café”. Mientras el historiador Roberto Luis Jaramillo expuso el tema de la cartografía de la región, enseñando imágenes de mapas y gráficas antiguas y lo que se constituyó en algún momento como el departamento del Sur, capital Salamina.

 

El entramado popular compuesto de esterilla de guadua, tierra, “boñiga” y estuco de cal (técnica constructiva singular del PCCC) no podía faltar en el desarrollo académico del evento. El inquieto historiador Hoyos Korbel hizo alusión a ello mediante la disertación gráfica titulada “Un viaje arquitectónico de Santa Fe de Antioquia a Pijao”. Mientras el experto de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, Felipe César Londoño expuso de forma virtual sobre “El bahareque como expresión cultural”.

Otros personajes nos acompañaron, en aquel acto académico que se convirtió, por su especial convocatoria, en el primero de los encuentros de los saberes y las aperturas al conocimiento del territorio que delimita el PCCC. El intelectual de Santa Rosa de Cabal, Fernando Buitrago, también integrante de la Academia de Historia de Risaralda. Álvaro Gartner, autor de la famosa obra titulada Los místeres de las minas. El ámbito artístico estuvo representado en el muralista Fernando Toro Ceballos, quien nos invitó al recorrido por sus murales, que muestran con detalles la historia de Salamina. Uno de ellos se llama “Toriles”, la famosa zona de tolerancia, cuya fotografía aparece en la portada de una de las obras escritas de Macías Vásquez, titulada “Toriles: el otro mundo”. Estuvieron 2 salamineños de grata recordación, ‘Mayita’ y el amigo que se ha convertido en compilador de su producción escrita, Carlos Arturo Gómez. Es ‘Mayita’ uno de esos personajes autodidactos que, en los pueblos de Colombia, se han convertido en guardianes de documentos, libros y de la memoria oral de sus comunidades.

Salamina, durante los 3 días de este encuentro con la historia y el patrimonio, también hizo gala de sus atractivos y nos quiso enseñar algunos de los tesoros culturales. La fuente pileta histórica de su parque principal. El interior de la basílica, con su configuración arquitectónica en bellas maderas. Sus calles tranquilas. Las bellas fachadas. El cementerio. La singularidad de sus cafés, donde se degustan el tinto, el pintadito y la tradición. Las historias y anécdotas. Las actividades festivas, con las comparsas del pregón de la Noche del Fuego, que pudimos presenciar en la segunda noche del evento académico. El suceso más conmovedor de su cotidianidad contemporánea, la próxima beatificación de la religiosa Berenice Duque Hencker.

Mientras nos despedíamos de ‘La Ciudad Luz’ de Caldas podíamos apreciar, en las afueras, otra joya patrimonial, la casa de bahareque de 4 pisos. Y en el camino a Aranzazu, los paisajes de sus cañones, caminos antiguos en zig zag y montañas abruptas, que hace casi 200 años fueron los senderos de los fundadores de pueblos. Sabemos que hay mucho más por admirar, en una ciudad que aprecia los valores de su patrimonio cultural y que debe prepararse para asumir un modelo de turismo responsable, el histórico y cultural, el único sustento que puede poseer el Paisaje Cultural Cafetero Colombiano para permanecer en la Lista del Patrimonio Mundial.

La consigna, entonces, para conocer más, es retornar a Salamina.



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