Historia / SEPTIEMBRE 13 DE 2020 / 1 mes antes

Me encontré en la vida con"¦ Eladia Jaramillo de Gutiérrez

Autor : Gabriel Echeverri González

Me encontré en la vida con…  Eladia Jaramillo de Gutiérrez

Eladia Jaramillo y su esposo Darío Gutiérrez Ángel.

Distinguida matrona nacida en Pácora, Caldas, el 22 de noviembre de 1901 y fallecida en Armenia el 22 de julio de 1969, sus padres Rafael Jaramillo —maestro— y Genoveva Mejía, oriundos de Sonsón, Antioquia, de esta unión nacieron 15 hijos: Andrés, Elvira, María, José María, Rafael, Virginia, Jesús, Elena, Lucía, Uriel, Corona, Bernardo, Miguel, Félix y Eladia.

Cursó sus estudios en su ciudad natal y su docente principal era su propio padre don Rafael, quién la formó en el currículo de la época, la educación recibida le permitió a ella ser maestra en Pácora antes de casarse.

 El 22 de julio de 1922 contrajo matrimonio con Darío Gutiérrez Ángel, joven empresario con estudios en economía, carrera que debió interrumpir ante la muerte de su señor padre Faustino Gutiérrez Mejía; la joven pareja decidió liar bártulos y fijó su residencia en Armenia en 1923, de dicha unión nacieron 7 hijos: Augusto, casado con Fabiola Valencia; Grecia, con Luis Carlos Alzate Buitrago, 7 hijos; Gloria, quien murió en plena juventud; Alberto, ingeniero y exalcalde de Armenia, casado con Luz Villa Velásquez, 4 hijos; Rodrigo, casado con Gloria Mejía, 3 hijos; Alonso, con Luz Elena Arango, un hijo y Lucía con Jorge Arias Posada.

Vida social y civismo.

Los 2 brillantes esposos inicialmente administraron una finca, gracias a los buenos oficios de la ilustre señora Anita Gutiérrez de Echeverri, familiar de Darío, más tarde Darío comenzó el negocio de venta de seguros para los almacenes importadores; se involucraron rápidamente en la vida social local, y a la par con la llegada de sus hijos y el trabajo de Darío en la venta de seguros en calidad de gerente de Suramericana, se comenzaron a destacar en las diferentes actividades cívicas; muy pronto se dieron cuenta de que en el hospital San Juan de Dios no existía sala de maternidad y con el fin de recolectar fondos organizaron un entretenido y maravilloso grupo escénico.

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Grupo Escénico de Armenia.

Fue fama en esos años el entusiasta elenco que formaron los 2 esposos merced a la gracia, simpatía, donosura y picaresca de Eladia, el aporte interpretativo de Darío y el creciente apoyo del público que asistía a las graciosas veladas de obras costumbristas; es dable mencionar que del famoso grupo hacían parte Teodoro Velásquez, el recordado médico Ernesto Ramírez Molina y su esposa Nidia Velásquez, Carlos Abel Botero, inicialmente, y más tarde Carlos Eberto Mejía, Margarita Rosa Toro Arango, Lucía Gutiérrez y Gloria Alzate, entre otros; el grupo persistió de generación en generación, con la dirección de John Vélez Uribe y Leonor Rivera hasta 1976. Era tanto el entusiasmo que imprimió Eladia al grupo, que también ingresaban los hijos y después los nietos.

San José, mi señor y maestro.

San José, esposo de María, descendiente de David y padre putativo de Jesús Nuestro Señor, conocido como trabajador humilde, hombre justo y defensor de la ley, se constituyó en su santo de predilección, en su devoción confiaba su vida y en lo sucesivo, después de una enfermedad, el servicio social caritativo y la fe religiosa basada siempre en el apego permanente al padre putativo de Jesús.

Siempre con los más pobres.

Su alegría contagiosa solo era empañada con el dolor que le producía la pobreza en la ciudad y en particular en los niños; con un grupo de señoras, buscaba que los almacenes de las familias Mowerman y Fadul, les regalaran telas con defectos y retazos y con esos pedazos organizaban ropitas para los niños; algo similar hacía don Antonio Hadad, comerciante y empresario sin tacha, quién con el Almacén Estrella, colaboraba en las labores cívicas de doña Eladia.

Generosa con su tiempo, entregaba remesas semanales a grupos de indefensos ciudadanos postrados en la penuria, a cada uno le dedicaba unos minutos que incluían consejos para ellos y para sus hijos, esta práctica cotidiana la aseguró a sus hijos después de fallecida.

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Mamá Yaya y las empanadas procatedral

Conocida por su amplia y reconocida parentela como Mamá Yaya, no fue ajena a la gesta en pro de la construcción de la catedral, en la que participó como un solo cuerpo toda la sociedad de Armenia que, gracias a la venta de empanadas y otras viandas, consiguió los fondos para edificar el hermoso templo. No era una ayuda simplemente, además fue constante su colaboración con la iglesia en la organización de la procesión de la Soledad el sábado Santo, que matizaba con 2 misas diarias.

Sociedad de Mejoras Públicas

Hizo parte del cuadro de honor de esta entidad durante muchos años y recibió de ella la Medalla al Mérito Cívico; coadyuvó en la buena marcha de la ciudad y en los numerosos programas de la SMP.

Club de leones

Su afán de servicio social y comunitario la llevó con su esposo a integrar esta institución mundial fundada en Estados Unidos por el empresario Melvin Jones en 1917, en Chicago, con el fin de ser útil al mundo; alcanzó a concurrir a una convención mundial en México.

Club América.

Colaboró a su esposo en la fundación del Club América, con otros ciudadanos; situado después en sede propia en la calle 13, un bello edificio confortable y que tuvo una época esplendorosa de vida social en el centro de la ciudad. La fusión con el Club Campestre produjo, años más tarde, su cierre.

Madre amantísima.

El amor y la dulce pedagogía a los necesitados era en grado sumo para sus hijos y nietos: prodigaba afecto con su maravillosa capacidad de entrega, de aconsejar, de ayudar, de alegrar los días y las horas; formó una descendencia que enaltece al Quindío en diferentes campos y disciplinas, porque en su papel de mamá y abuela, supo prodigar su excelsa condición humana que adquirió de los mayores y que aportó con alegría a sus sucesores: Augusto, gran señor agricultor; Grecia, educada en Manizales, lectora vivaz y constante; Gloria, fallecida en su juventud; Alberto, ingeniero, alcalde de Armenia, quién heredó la fina palabra, el humor y el poema a flor de piel, la inigualable condición humana; Rodrigo, experto en café y en su molienda; Alonso, ingeniero que vive en Nueva York, y Lucía, secretaria de Educación y viajera.

Eladia Jaramillo de Gutiérrez dejó una profunda huella en la vida comarcana por sus notables condiciones humanas, su don de gentes, su alegría contagiosa, su profunda y constante fe religiosa, el amor a su familia y el afecto sincero a los más necesitados; la picaresca, el teatro, la enseñanza, le daban a su vida diaria un toque de gracia que era imposible soslayar, un sentir existencial positivo y feliz, a pesar de una enfermedad que superó por su fe y amor a la vida.

Con su nieta Luz Elena Alzate Gutiérrez y la complicidad del amigo de todas las horas, Jorge Eliécer Orozco, hemos caminado por los senderos vitales de una dama maravillosa, orgullo de Quindío; su ejemplo, su cordialidad y su espíritu bienhechor, vive en la región y en su familia como un legado imperecedero de una vida ejemplar que es menester exaltar para la posteridad y la historia.



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