Historia / JULIO 04 DE 2021 / 2 meses antes

Me encontré en la vida con… Alfonso Tobón Gutiérrez

Autor : Gabriel Echeverri Gónzalez

Me encontré en la vida con…  Alfonso Tobón Gutiérrez

La ambición humana dio muerte a uno de los grandes patricios del Quindío, ciudadano sin tacha y trabajador incansable.

Valioso emprendedor y colono visionario nacido en una finca del corregimiento San Félix municipio de Salamina en septiembre de 1900, fallecido el 29 de noviembre de 1970, sus padres Fabricio Tobón Ossa y Ana Rita Gutiérrez, oriundos de Rionegro en el oriente antioqueño, en dicha unión nacieron diez hijos, tres mujeres y siete hombres: Clímaco, médico, casado con Isabel Uribe Arango; Alfonso;  Fabio, nupcias con Marina Gutiérrez Botero;   Oliva, casada con Bernardo Moreno Alvear;  Julio,  matrimonio con Celia Hurtado Gómez; Maruja; Luisa, casada con Vicente Giraldo Gutiérrez;  Luis;  Josué y Enrique, matrimonio con Blanca Gómez Gómez, de esta unión nacieron ocho hijos: Gloria, presidente ejecutiva de la Corporación José Ignacio de Márquez, Olga Cecilia, Blanca Lucía, María Helena, Jorge Enrique, Luz Estella, Clara Inés y Beatriz Eugenia.

Cursó sus estudios primarios y hasta cuarto de bachillerato en Salamina, pero como la situación económica era apretada por la numerosa familia, resolvió emigrar al Quindío y en Armenia comenzó a trabajar en la droguería Quindío del doctor Restrepo; contaba con catorce años y con su esfuerzo juvenil ayudó a la familia y a los estudios profesionales de Clímaco, el hermano mayor. La droguería tenía buen mercado en toda la región y en el norte del Valle, Alfonso hacia los domicilios a lomo de caballo.

En 1927 contrajo matrimonio con la distinguida dama manizaleña Elvia Londoño Villegas, hija de Jesús Londoño Martínez y Camila Villegas; Don Jesús, reputado educador en Calarcá, rector en la época del colegio Robledo. En dicho hogar nacieron siete hijos: Bernardo, abogado de la Universidad Complutense de Madrid, casado con María Cristina Ocampo, cuatro hijos; Jaime, economista y publicista, casado con Joan Ingral, una hija; Blanca Inés, nupcias con Álvaro Ángel González, dos hijos; Alfonso, casado con Lida Aristizábal, dos hijos; Jorge Hernán, economista de la Universidad Javeriana, casado con María Mercedes Merizalde Mosquera, cuatro hijos; Luis Guillermo, matrimonio con Elsi Aristizábal, dos hijas y  Eduardo, nupcias con María Cristina Arango, dos hijos. Familias ilustres que han dado prestigio a la región en sus diversas tareas económicas y sociales.

¡El edén en el horizonte!

Con los años y su tesón para el trabajo, compró la droguería- una cuadra abajo de la plaza por la calle 21 —y después adquirió dicho edificio en asocio de Vicente Giraldo, su cuñado (1); con excelente visión para los negocios y su amor por la ganadería, fue comprando algunas tierras, la primera fue nada menos que el edén,  bellísima propiedad con casa principal, unos fundos en Murillo— hoy sede de Comfenalco campestre-;  la Fosforera y otros terrenos en una de las zonas más bellas del Quindío, como el Diamante y la Primavera. Vendió la droguería a su hermano Fabio. Debe anotarse en los negocios de la droguería, además de los artículos farmacéuticos, comerciaban productos de la casa Nestlé, leche condensada, alimentos y mercancías europeas.

El gran aeropuerto

Con terrenos, por la parte sur de la hacienda El Arco de José Jaramillo Vallejo, por la parte central y el norte con el Edén de Alfonso, se construyó el aeropuerto, una gesta cívica inigualable, donde participó con mucho entusiasmo toda la sociedad, un emblema inolvidable de altruismo , que parece haber desaparecido en la actualidad. El primer avión aterrizado en el aeropuerto El Edén, piloteado por el capitán Chester Calvo, HK121 de Avianca, el 14 de octubre de 1948; las nuevas generaciones deben apoyar el aeropuerto, fruto del esfuerzo descomunal de nuestros antepasados; a ellos rindo mi testimonio de admiración y gratitud.

A lomo de caballo

Desde niño se aficionó a montar a caballo y adquirió gran destreza equina, era su pasión y su hobby personal, ayudó al desarrollo de la raza equina e impulsó su práctica, en un momento de la historia en que era un instrumento fundamental para las fatigas de la vida cotidiana; tuvo, disfrutó e hizo negocios con afamados caballos de paso y fue feliz propietario del reconocido Contrapunto, valioso ejemplar equino.

Su otra gran pasión fue la ganadería, ganado de levante y ceba, traía ganado flaco y terneros de su finca La Herradura del Banco —Magdalena— y los engordaba para la venta. Esa hermosa hacienda de 700 hectáreas, la conserva su hijo Jorge Hernán.

La educación en primer lugar

Desde 1945 organizó el traslado de su esposa Elvia y sus hijos a la ciudad de Bogotá, con el fin de que continuaran sus estudios de bachillerato y universitarios; se interesó vivamente en la formación de su familia, que a la postre han sido profesionales y ciudadanos al servicio de la región y de Colombia. Don Alfonso no descuidaba ni su familia ni sus negocios y alternaba sus estadías entre Bogotá y Armenia. En la ciudad capital incursionó en finca raíz como inversionista con dos edificios y un depósito de madera llamado San Ignacio.

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Secuestro infame

El día 27 de noviembre de 1970, cuando regresaba de sus faenas habituales, esa vez en su finca El Diamante, delincuentes denominados los avivatos, secuestraron a Don Alfonso en un sector cercano al aeropuerto; con crudeza extrema y maldad fue reducido con la intención de obtener dinero de su familia, pero desafortunadamente pereció en un secuestro muy rápido, probablemente por problemas de salud  o quizás porque intentó zafarse de sus captores; para desgracia de la región y de su familia, su cadáver nunca apareció para darle cristiana sepultura. La ambición humana dio muerte a uno de los grandes patricios del Quindío, ciudadano sin tacha y trabajador incansable.

Alfonso Tobón Gutiérrez recibió de la feria equina un diploma especial de creador y gran activista de la afición de  los caballos de paso que alcanzaron fama nacional, pero ninguna institución pública o privada reconoció su estupenda gestión de colono incansable desde temprana edad, trabajador,  ejemplo de honradez y pulcritud; casero, ajeno al licor y la vida social en exceso, amó a su familia con fidelísimo cariño y  procuró su formación académica; fue un ejemplo de trabajo honrado,  la vileza de su muerte, cegó para los suyos y para la región  uno de sus mejores hijos.

Al destacar para la posterioridad ciudadanos como Don Alfonso, quiero resaltar el valor social y económico de la colonización del Quindío, por valerosos hombres de trabajo y constancia, por el esfuerzo y la enorme visión para los negocios, desde la temprana edad adolescente; muchos de ellos abrieron el surco de la selva espesa y con muchísima dedicación no exenta de grandes sacrificios, organizaron las haciendas modernas y la propiedad de la tierra.

Mención especial debo hacer de la señora Elvia Londoño Villegas, su dignísima esposa, hija de un egregio educador, lectora incansable y señora madre de una familia que da lustre al Quindío. Así mismo, agradezco la oportuna colaboración de su hijo Jorge Hernán, por los datos e informaciones sobre su padre y su amabilidad.

En las semblanzas que en su totalidad reunirán tres volúmenes por lo menos, he querido exaltar ciudadanos, muchas veces desconocidos por el gran público, que con su dinamismo, fuerza cívica y coraje, crearon las condiciones de desarrollo social y económico de la región y la república actual; a ellos y en esta ocasión a la memoria de Don Alfonso Tobón y de su familia, rindo mi testimonio de agradecimiento y admiración, que envuelve desde luego la gratitud de los lectores. Su fallecimiento trágico en manos de sus captores es una página triste de nuestra historia, que en nada enluta su existencia de luchador vital y de buen padre de familia. Dios lo tenga en su gloria. 

1) Echeverri González, Gabriel. Julio 2021. Pinceladas. Ensayo Biográfico. Volumen 2. Fotografías de Olga Lucía Jordán. Semblanza de Vicente Giraldo Gutiérrez. Centro de Publicaciones Universidad del Quindío. 262 páginas.
 



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