Historia / SEPTIEMBRE 23 DE 2022 / 1 semana antes

Morir en septiembre: aniversarios de tres recordados poetas

Autor : Roberto Restrepo Ramírez / Especial para LA CRÓNICA

Morir en septiembre: aniversarios de tres recordados poetas

Alejandra Pizarnik, Baudilio Montoya y Blanca Isaza de Jaramillo Meza. Foto : Archivo particular.

Coincidencias entre la obra de tres figuras de la literatura que murieron en el noveno mes del año, en épocas diferentes.

Por estos días del mes de septiembre de 2022, el mundo recuerda a la poeta argentina Alejandra Pizarnik quien decidió poner fin a su existencia hace 50 años, el día 25 del noveno mes, en el año 1972. La frase lapidaria que dejó escrita en una pizarra, y encontrada luego de dictaminar su muerte por sobredosis de barbitúricos, evidenció la triste realidad: “No quiero ir, nada más que hasta el fondo”. 

En la estrofa de uno de sus poemas, titulado ‘El despertar’, también nos transmitió la dualidad contradictoria entre la esfera de la vida y el umbral de la muerte: 

“Cómo no me suicido ante un espejo y desaparezco para reaparecer en el mar  donde un gran barco me esperaría con las luces encendidas?” .
 

Alejandra Pizarnik.(1936 - 1972).
Alejandra Pizarnik.(1936 - 1972).

Otros dos recordados escritores de esta tierra cafetera, otrora llamada el Gran Caldas, también murieron en septiembre. Fueron ellos Blanca Isaza de Jaramillo Meza y Baudilio Montoya. El tema de la muerte no fue ajeno en los apartes de sus obras. Baudilio, conocido como un rapsoda (recitador de versos), tuvo presente en su obra la realidad de la tragedia y el acoso de la muerte en las formas diversas, como la que transparentaba la violencia de su época en las estancias campesinas quindianas. Sobre ello, así lo refiere el escritor Jaime Lopera Gutiérrez, en el ensayo de un libro de la colección Biblioteca de Autores Quindianos titulado ‘Lecturas críticas de la obra de Baudilio Montoya’. (Compilación de Juan David Zambrano y Mayra Sarmiento Aguirre, Centro de Publicaciones de la Universidad del Quindío, Armenia,2011): 

“... Pensar en Baudilio es como pensar en una ciudad que vive su pesadumbre… La muerte preside sus congojas, porque vivió la tragedia de los suyos tan de cerca que sus rimas parecían ser una forma de sortilegio”.  

En ese ir y venir de las alusiones literarias sobre la muerte -y la vida que se sobrepone- considero conveniente transcribir una sensible prosa de Blanca Isaza de Jaramillo Meza, a propósito del fallecimiento de Baudilio Montoya y escrita en su columna del periódico, días después de la muerte del poeta de Calarcá, acaecida en septiembre, el 27 de ese mes del año 1965: “Ha muerto un poeta”. 

“En esta fría mañana del 27 de septiembre, prendida de encajes de niebla y musicalizada por la llovizna, suena el teléfono de larga distancia; es mi hijo Ramiro que nos anuncia desde Calarcá la muerte del poeta Baudilio Montoya. Siento un pesar hondo y sincero ante la desaparición del amigo de toda la vida, del colaborador de nuestra revista, del poeta romántico que puso en sus versos toda la emoción y la bondad de su alma, de este trovador sencillo que nada supo de las nuevas formas poéticas, que fue fiel a la tradición sentimental de los grandes creadores del romanticismo. Los detalles de su muerte acongojan mi espíritu; hacía veinte días había sido recluido en el Hospital; no quería morir; estaba demasiado enamorado de la vida y se resistía a dejarla tan pronto; quería escribir aún muchos versos y publicar más libros; era el cantor del paisaje, de las cosas lindas de su tierra, de las muchachas en flor, de los niños de su escuela que ya eran hombres, de los sucesos triviales, de las fiestas hogareñas; él era el encargado de coronar a las reinas, de celebrar las fechas históricas de su ciudad, de decir su mensaje lírico en las solemnidades, de compenetrar las estrofas con las inquietudes y los éxitos de sus paisanos. Sometido al tormento de las transfusiones y del suero, al fin fue resignándose a lo inexorable y en el amanecer, serena, dulcemente, sin mayores sufrimientos entregó su alma al Señor; se durmió como un niño con una última sonrisa en el labio callado.

La poesía de Baudilio es armoniosa y sencilla; lo mejor de su vasta obra son los romances; él ponía todo el corazón en sus cantos, era como los sinsontes madrugadores que llenan con sus trinos los cafetales providentes, como esos arroyos que van haciendo música a la sombra de los guaduales, como el viento de verano que dobla la cabellera rubia de los trigales. Un poco bohemio y un mucho soñador, para él la vida fue amable, no le pidió más al destino; se conformó con su parcela de La Bella, con sus libros, con sus cariños hogareños, con el afecto de su tierra; ha sido sepultado allí en ese sitio que amó tanto, al amparo de los rosales que plantó su mano, al arrullo amoroso de sus palmeras fraternales. Este hombre fue discreto y cordial, dedicado la mayor parte de su vida a las actividades didácticas, tuvo un alma simple de niño, un alma hermana del alma de los chicos de su escuela

Baudilio no tuvo mayores ambiciones; no le importó figurar en los cenáculos literarios que reparten la fama por entregas en los suplementos dominicales; en él el canto era una costumbre, una necesidad de su espíritu romántico, una manera habitual de apreciar los seres y las cosas.

Que el sueño eterno de este poeta del más puro acento romántico sea tan sereno y luminoso como el paisaje familiar que es color y música y emoción y dulzura en sus versos. Viajeros por mares ignotos te despedimos desde la playa, amigo Baudilio”.
 

Baudilio Montoya (1903 - 1965).
Baudilio Montoya (1903 - 1965).


Blanca Isaza de Jaramillo Meza murió dos años después, también en septiembre, el día 13 del año 1967. Su prosa fue igualmente un canto a la vida, pero que además enviaba un mensaje de congoja por la muerte, como lo afirmara en su ensayo titulado ‘La muerte de las cosas’, publicado en la antología de su obra (‘Blanca’, Matiz Taller Editorial S.A.S., Manizales, 2018) y donde se refiere a una faceta singular, la desaparición paulatina de un monumento arquitectónico de su departamento, la estación del tren de Villamaría: 

“…Existen extrañas similitudes entre la muerte de las personas y la muerte de algunas cosas; a veces es una muerte súbita, impresionante, fatal; otras es la desintegración lenta, progresiva, inexorable; la agonía despaciosa e ignorada que acaba ya por no conmover a nadie “.

Blanca Isaza de Jaramillo Meza (1898 -1967).
Blanca Isaza de Jaramillo Meza (1898 -1967).

A propósito del tema de la muerte en el manejo literario -y no solo sobre la que sobreviene en septiembre - el escritor Octavio Paz afirma lo siguiente: “El culto a la vida, si de verdad es profundo y total, es también culto a la muerte. Ambas son inseparables. Una civilización que niega a la muerte, acaba por negar a la vida”.



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