Historia / OCTUBRE 17 DE 2021 / 1 mes antes

Obdulio Arias Arias, el aguadeño de Filandia, andariego y cultor

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Obdulio Arias Arias, el aguadeño de Filandia, andariego y cultor

Escribo estas notas en el municipio de Salamina, mientras discutimos -en un evento académico realizado en las instalaciones de la Escuela Taller de Caldas- sobre los 200 años de la llamada colonización antioqueña. 

Con relación a ello y sus diferentes versiones hay “mucha tela para cortar”, sobretodo si se debe hablar de migración o invasión y referirse a la gran “aventura” de los antioqueños que fundaron pueblos en el periplo cumplido desde Sonsón hasta Pereira y los municipios circundantes, en el transcurso del siglo XIX. Sobresale en este recuento un hecho indudable. Fue una oleada de andariegos, guaqueros y aventureros que llegaron a las tierras del sur y de cuyos núcleos familiares descendemos muchos quindianos. 

En particular, vino a mi mente el recuerdo de dos aguadeños que llegaron desde muy pequeños a mi natal Filandia y dejaron allí su impronta literaria y artística. Fueron ellos Narciso Vargas Gaviria y Obdulio Arias Arias. 

Del primero, la existencia de la casa donde él habitó, en el sector del Hospital Mental, rememora su presencia en el medio educativo y poético de principios del siglo XX. Y también se destaca el empeño que ha tenido su hija, Nubia Vargas Muriel, para convertir esa morada en una casa museo, que presenta en su bella fachada una placa de la comunidad aguadeña, colocada hace algunos años, en la celebración del centenario de su natalicio. 

De Obdulio Arias Arias, el otro aguadeño célebre de Filandia, hay mucho para relatar. Se celebraron, el pasado 30 de septiembre de 2021, 20 años de su fallecimiento. Mi estancia en esta bella ciudad de Salamina, la ‘Ciudad Luz’ de Caldas -divisando los caminos en zig zag de sus parajes montañosos y la profundidad de sus cañones- me recordó que el compositor, cantante y poeta Obdulio Arias Arias los había recorrido en dos momentos de su existencia, con las afugias de aquellas andanzas de las épocas pasadas. 

Lea también: La conquista de la Provincia Quimbaya: engaño, avaricia, violaciones, mutilaciones y exterminio

Los padres de este cultor musical famoso llegaron procedentes de Aguadas a principios de la década del siglo XX, con pesadas cargas de equipajes, ellos llenos de esperanzas y con varios niños de su prole, de por sí numerosa, como caracterizaba a las familias de entonces. Uno de esos párvulos era el pequeño Obdulio, quien había nacido en Aguadas en 1912. A los menores se les cargaba en canastos, transportados en las muladas de arriería, y así llegaron al sector rural de Filandia que hoy se conoce como la vereda La Cauchera. 

Pero el espíritu andariego del pequeño Obdulio lo llevó a emprender, a sus 8 años de edad, la segunda aventura de su existencia, y como lo menciona la canción “Por los caminos de Caldas”. 

Su hijo Fernando Arias, quien reside en Medellín, me brindó información valiosa, contenida en un valioso documento que el cantante escribió y que se titula “Bosquejo autobiográfico de la vida de Obdulio Arias Arias”. 

En sus primeras páginas se encuentran los pormenores de las peripecias del niño, quien decidió escapar una madrugada. Menciona en el escrito a sus padres, Venancio y Cleotilde -o misiá Tilde, como la llamaban cariñosamente-. A su progenitor lo recuerda con nostalgia y gratitud pues el niño Obdulio, a esa edad temprana, “ejecutaba con facilidad el tiple y la guitarra”, instrumentos que no faltaban en la humilde vivienda campesina, ya que don Venancio también poseía la afición musical. 

Su primer destino fue la plaza de Filandia, a las 3 a. m., donde tomó rumbo a Pereira, encontrando trabajo en panaderías, pues le llamaba la atención ver la venta masiva de parva, nombre curioso con el que se ha denominado al pan horneado y a otras golosinas elaboradas de harina, que las muchachas de entonces vendían. 

Al aprender panadería fue fácil para Obdulio desempeñarse en ese oficio, cuando se topó con la dura realidad en los destinos siguientes, Santa Rosa de Cabal y Manizales. En esta capital amasaba el pan y lo llevaba en canastos grandes hasta la galería. Así retomó el camino que habían recorrido sus padres años atrás y él en un canasto de carga siendo un bebé. Las duras jornadas lo llevaron a su tierra originaria del norte de Caldas. Pasó por Aguadas hasta llegar a Medellín, después de pernoctar muchas noches en Sonsón, La Ceja y Rionegro. 

En los años siguientes, ya convertido en adolescente, Obdulio se embarcó en los buques que hacían el recorrido fluvial por el río Magdalena, trabajando en otros oficios, y especialmente como ayudante de los dispenseros o jefes de comedores en las embarcaciones y puertos. 

Así fue como estuvo en Puerto Berrío, La Dorada, Puerto Colombia y Barranquilla. En este puerto se embarcó como ‘pato’ o ayudante en un buque que -pensaba él- lo llevaría a Nueva York, pero resultó desembarcando en Esmeralda, Ecuador. Allí debió cargar banano y ya un poco agotado regresó a Barranquilla. Con la resignación del hijo pródigo, emprendió el regreso a la estancia del Quindío, por vía fluvial primero, remontando el Magdalena y llegando a Honda y Mariquita. Desde Armero, pasando por Líbano y el páramo del Ruíz, arribó a Manizales. En la finca lo recibieron con alegría sus padres. 

Ya en la edad madura, desde 1937, comenzó la carrera artística que lo llevó a integrar duetos y tríos, siendo el más conocido el que conformó con el circasiano Noel Ramírez, llamado el dueto Ramírez y Arias, pues fueron alrededor de 80 canciones grabadas. Las más escuchadas son “Tan mía y tan ajena” y aquella inolvidable titulada “La nieve de los años”, cuya primera estrofa dice: 

“Se está poniendo blanca toda mi cabellera, la nieve de los años me está cayendo ya. Qué arrugada mi frente de tantas primaveras... Quiero vivir tranquilo y descansar en paz...”. 

Obdulio Arias Arias compuso varias canciones. Entre ellas están “Montañera”, “Ingratitud”, “Salve bambuco”, “Aguadeña” y “Señor bambuco”. 

Otros integrantes de esta familia también se destacaron en la poesía y en la prosa. Así se testimonia en un poemario publicado por la esposa e hijos de uno de sus hermanos menores nacido en Filandia, don Luis Enrique Arias Arias. En esa pequeña pero significativa obra aparecen los hermosos poemas de Luis Enrique, quien también fue alcalde de su tierra natal. 

Su título es “Palabras del viejo”, donde se publican 35 poemas, uno de ellos dedicado a Luis Carlos González. Se incluyen también dos poemas de autoría de Obdulio, titulados “Filandia centenaria” -agosto 20 de 1978- y “Canto a Filandia” -agosto 27 de 1997-. Un primo hermano de ambos, Marceliano Arias Arias, también compuso poemas, siendo el más conocido uno muy satírico, dedicado al intelectual de Filandia, Jaime Naranjo Orrego. 

Demostrando su espíritu poético, ya retirado de la vida artística, y residenciado en Pereira, Obdulio alguna vez manifestó: “Añoro las calles de Filandia, sus balcones engalanados por bellas mujeres, el aroma y el verdor de sus praderas y la bondad prodigada por Dios a esta perla de Los Andes”. 

Por fortuna, en el mes de agosto de 2001 la alcaldía de Filandia le rindió un homenaje en vida al cantante, poeta y compositor aguadeño, pero adoptado por Filandia. Y sus cenizas fueron sepultadas en el camposanto local en octubre del mismo año, unos días después de su muerte, ocurrida en la capital de Risaralda. 

Ambos hechos fueron muy significativos, pues su hermano Luis Enrique pronunció sentidas palabras en el atrio del templo principal. Y en el funeral, en medio de la tristeza ciudadana, Noel Ramírez entonó en soledad la canción que los había inmortalizado.



COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by: Rhiss.net