Historia / NOVIEMBRE 01 DE 2020 / 2 meses antes

Quimbaya y un viaje por la ruta de sus perdurables símbolos

Autor : Fernando Jaramillo Botero y Roberto Restrepo Ramírez

Quimbaya  y un viaje por la ruta de sus perdurables símbolos

El Templo Jesús, María y José, construido en ladrillo en 1932.

La pandemia ha traído —en todos los planos de la actividad social— una parálisis de las rutinas, pero también un suspenso en los roles y movimientos económicos, entre ellos el turismo. Con relación al Quindío, ya no veremos durante mucho tiempo los caudales de visitantes caminando por las calles concurridas de Salento, Filandia y otros lugares. 

Hasta hace muchos años viajar de Montenegro a Quimbaya significaba una penosa travesía. Curvas y vueltas tediosas, a más de un trayecto empolvado por el intenso verano, no deparaban el placer que hoy, en contraste, representa el mismo viaje. Para acortar la distancia, se horadaron barrancos y colinas y los buldozeres destaparon, después de siglos, las estructuras funerarias llamadas popularmente guacas. Lamentablemente, se saquearon de nuevo las piezas de cerámica y orfebrería de la época precolombina. Quimbaya siempre ha sido el centro de interés  por sus hallazgos arqueológicos, y por eso uno de sus apelativos fue “Luces y Arqueología”. 

En esa dinámica, Quimbaya es un maravilloso destino

Sus ventajas, por carretera, estar a media hora de la capital, a 10 minutos de Alcalá, a 15 minutos de Montenegro, a 40 minutos de Ulloa, a 25 minutos de Filandia, a hora y media de Pereira y a una hora de Cartago. En resumen, un recorrido regional, si se opta por extender el periplo a las citadas municipalidades. 

Esto ha motivado se generen soluciones, en aras de la reactivación económica de los sectores. En cuanto al turismo se refiere, el Quindío ha planteado una estrategia novedosa. Se conoce como “puebliar”, en la tónica de visitar, caminar, conocer y reconocer, en esas jornadas, los más singulares atractivos históricos y culturales de los municipios y también de los contornos vecinales de los departamentos que limitan. 

Cumpliendo está premisa, haremos en esta oportunidad un reconocimiento de Quimbaya a través de sus símbolos agrarios y construidos, de aquellos que representan las facetas e ideales de sus habitantes, algunos aspectos tangibles de su arquitectura, el arte y la religión y los monumentos del espacio público, algunos de ellos como expresiones de sus gentes y oficios. 

Al llegar al casco urbano encontramos el primer monumento, titulado ADN, del artista Juan Carlos García. Adelante, el símbolo más llamativo, la imagen del recipiente de cuatro esferas, que los colombianos llaman popularmente el “poporo quimbaya”. Aunque es un objeto encontrado en una población de Antioquia, en una tumba precolombina del llamado Período Temprano, para los quimbayunos es la pieza de más arraigo patrimonial. Fue levantado escultoricamente por el maestro Mario Marín Urrea. Cerca de este símbolo de la época prehispánica, otra escultura del espacio público resalta, se llama el Monumento a la Madre, del artista Buenaventura Malagón Silva. 

No obstante, en esa vía moderna de acceso entre Montenegro y Quimbaya, un primer símbolo agrario todavía se aprecia en relativa abundancia. Se trata del conjunto de guaduales, los mismos que llamaron la atención de los ibéricos. En una publicación del periódico El Tiempo, también de 1968, y titulada Elogio de Quimbaya, se menciona sobre el símbolo agrario que es la guadua, cuando transcurría la conquista del  siglo XVI: “...De esos cañaverales se llevó a España un trozo de caña que llamaban por acá guadua o tarros como de 2 varas de alto, y tan gruesa que apenas se podía abarcar entre los brazos, y el cual se depositó en la Casa Cartuja del Paular de Segovia para el gabinete de Historia Natural...”

Los quimbayunos demostraron, otra vez, con estas vías construidas  en línea recta ingenieril desde Montenegro y Alcalá, el deseo de sus habitantes, que alguna vez se manifestó con este texto del periódico local El Pregón, publicado en 1968 : “Ubicada la ciudad sobre una hermosa y promisoria llanura, Quimbaya está llamada a ser la segunda Ciudad Milagro de Colombia...”

Desde este lugar, donde los monumentos reciben a los turistas y visitantes, se emprenden 2 sentidos de recorrido. Escogemos el que nos lleva hasta el parque principal, desde la calle peatonal donde están 4 símbolos contiguos. Una de las últimas casas de bahareque. A su lado, el edificio de la casa de la cultura, en cuyo interior se exhibe la colección de cerámica y líticos más representativa de la época prehispánica. Frente a estos 2 espacios, sobre la peatonal, se instaló la obra del artista Duván López titulada Las Sillas de la Paz. El cuarto elemento es el nuevo Centro Cultural de Artistas, por cuya entrada lateral de la calle peatonal, accedemos a su interior, donde encontramos otra representación del poporo quimbaya, lo que nos indica la importancia de tal símbolo. 

Salimos al parque Bolívar por la entrada principal del Centro Cultural de Artistas, sobre la carrera séptima. En el costado derecho de esta construcción se conserva la fachada del antiguo Teatro Municipal. 

Un último vistazo al ajetreo del parque principal nos muestra a los adultos mayores sentados en las bancas de cemento sin espaldar del renovado espacio. Las grandes letras de colores con la leyenda “Te amo Quimbaya”, frente a las cuales posan los turistas para la fotografía de recuerdo. Los carritos modelo Jeep en miniatura, para pasear a los niños. El lustabotas que espera a sus clientes en un pequeño estrado. Si dirigimos nuestra mirada a la esquina de la carrera séptima, el Templo Jesús, María y José, construido en ladrillo en 1932, exhibe en su frontis el más famoso símbolo religioso, la escultura del Cristo de la Esperanza, otra obra de Buenaventura Malagón. 

El contorno interior del parque principal reúne un conjunto de elementos que simbolizan las realizaciones de varios quimbayunos, a través de mogadores donde se exhibe la serie titulada Héroes Cotidianos de Quimbaya y que nos recuerda los oficios tradicionales. El fotógrafo, el conductor de campero Willis, la campesina, el comerciante, el vendedor de dulces estacionario, el carretillero, el sastre y otras ocupaciones más, se resaltan en estos textos. 

Recomendado: Reseñas de oficios de antaño en la historia regional
 

Casualmente, mientras leemos las semblanzas, se nos acerca doña Delia Ospina, una de las personas allí representadas. Ella es la historia viva de una tradición ya desaparecida, la fabricación de los muñecos de año viejo, confeccionados de trapo y aserrín, ataviados con trajes en buen estado, y que alguna vez fueron catalogados como los más hermosos de Colombia. 

Otros recordatorios del patrimonio humano alberga el interior de este parque. Una placa que recuerda a los militares “caídos en cumplimiento del deber”, junto a 2 pequeños retablos escultoricos del artista Emiro Garzón. La estatua del Libertador que presenta en su pedestal nuevamente el grabado del poporo quimbaya. Y una placa conmovedora, al lado de un pequeño pino ornamental, sembrado a la memoria del joven quimbayuno Juan Andrés Vasquez Franco, muerto en accidente de aviación en Obando, Valle del Cauca, en agosto de 2016. 

El recorrido, por la carrera sexta, hasta la plaza donde está el edificio de la alcaldía, es la vía del comercio. Encontramos, en la primera cuadra, uno de los establecimientos comerciales más antiguos, el Almacén Para Ti. La plaza es un recuerdo de la primera historia, cuando los toldos de lona conformaban la tradición del mercado. En la esquina de la carrera 6 con calle 12 todavía se conserva el icónico local de la Escuela General Santander. 

Nos devolvemos, desde la esquina de la carrera 5 con calle 13, en un recorrido que nos llevará hasta las salidas a Montenegro y Alcalá. Observamos los últimos vestigios, muy escasos, de casas de bahareque. Entre las calles 19 y 20, una supervivencia simbólica nos sorprende. Al lado de la puerta de un taller automotriz, su dueño ha plantado, y consciente, un frondoso arbusto de cafeto, con sus frutos maduros. Es un admirable recuerdo de la época agraria, de la producción del grano y de la economía cafetera. 

En esa plaza de la estación, hoy absurdamente refaccionada, ya no están las bancas  donde se sentaban los familiares de los viajeros del tren. Solo 2 símbolos nos recuerdan los años idos. El monumento a la Virgen Inmaculada, levantado en 1942, y que refleja desde entonces el espíritu devocional que dio vida más adelante a la tradición de Velas y Faroles. Y el monumento Evocación, una escultura en cemento y metal, que servía como señal para marcar el kilometraje de la carrilera. 

En la esquina de la carrera quinta con calle 12, en el propio sector de la plaza administrativa, un aviso de madera nos recuerda que allí todavía funciona, desde los años 50, el café más antiguo de Quimbaya. Es el Monserrate, en cuyo interior degustamos un sabroso tinto de $600, mientras observamos una competencia de billar y el juego de los adultos mayores en una mesa. Y mientras admiramos las supervivencias del pasado en su interior: El mosaico y baldosas antiguas; las viejas registradoras y greca de su mostrador; los discos de 45 revoluciones por minuto, envueltos todavía en sus carpetas cuadradas de papel. 

Ver también: Derrumbe de bustos escultóricos e iconoclastia en la historia del Quindío

Una cuadra más abajo del Monserrate nos topamos con la tercera plaza histórica. La del recuerdo más profundo de los quimbayunos y donde se conservan algunos símbolos de su vida ciudadana del siglo XX. Ellos son la antigua estación ferroviaria. La esquina de la carrera 4 con calle 12, hoy vacía y fría, donde se levantó una de las pocas casas de 3 pisos, la de los Hoyos. La esquina de la calle 13 con carrera 4, conservada de una planta, de bahareque y techo de teja de barro y donde se conservaba el diseño de andén grabado más bello y singular. Allí  se avistaba  desde 1928, cuando la máquina del tren llegó a esa estancia, con sus pasajeros y su carga viajera. 

Los otros 2 sitios corresponden al barranquismo del maestro Efrén Fernández Varón, en el kilómetro 1, costado derecho de la carretera al Valle. Y, al frente de este conjunto escultórico en barranco, titulado El Tesoro de La Soledad, se encuentra el yacimiento arqueológico más importante de Quimbaya. Las tumbas de cancel del Instituto Quimbaya. Un sitio mágico, que nos recuerda la importancia de este municipio colombiano en el plano de la investigación arqueológica de la Nación. 

Nuestro recorrido termina en la salida al municipio valluno de Alcalá. 3 símbolos que evocan el pasado nos reciben en este sector. Otra escultura del maestro Mario Marín Urrea, que representa un poporo antropomorfo del Tesoro Quimbaya, el hallazgo de orfebrería prehispánica realizado por guaqueros en la explanada donde está hoy el municipio de Quimbaya, en 1890, y que para entonces se llamaba La Soledad. 


Temas Relacionados: Quimbaya Historia

COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by: Rhiss.net