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Historia / MARZO 26 DE 2024 / 2 meses antes

Recuerdos de la Semana Santa de Armenia, en la pluma de "Dionisio"

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Recuerdos de la Semana Santa de Armenia, en la pluma de "Dionisio"

El primer libro escrito de Bernardo Ramírez Granada ("Dionisio").

"..Fue el primer rector de la Universidad del Quindio. En el sector público ejerció las secretarías de Educación y de Fomento y Desarrollo del departamento. Se ha destacado, además, como articulista de diferentes periódicos y revistas".

A principios de la década de los años ochenta salió a la luz en Armenia otra publicación sentimental. Fue escrito aquel libro pequeño por Bernardo Ramírez Granada, más conocido con el seudónimo de Dionisio. Leyendo la reseña biográfica que sobre él escribió Gustavo Páez Escobar, nos enteramos de la altura intelectual de  Ramírez Granada, autor de tan simpática obra que tituló "CRÓNICAS DE DIONISIO" (Lito Editorial Quingráficas, Armenia, octubre de 1981).

"..Fue el primer rector de la Universidad del Quindio. En el sector público ejerció las secretarías de Educación y de Fomento y Desarrollo del departamento. Se ha destacado, además, como articulista de diferentes periódicos y revistas".

En "CRÓNICAS DE DIONISIO", su primer libro, también hubo espacio, haciendo gala de su agradable y singular prosa, para contarnos coloquialmente sobre los detalles provincianos de la "Semana Santa en Armenia", como encabeza uno de sus capítulos. Enseguida - y para recordar aspectos de ese acontecimiento religioso, a principios del siglo XX, en la capital del Quindio - transcribimos algunos párrafos. En ellos se mencionan algunos personajes. Y,en especial,a Fray Peña, un sacerdote con méritos de orador egregio, que tenía su apostolado en Cartago y que era hermano del historiador Heliodoro Peña, el autor del mejor tratado sobre Historia y Geografía de la Provincia del Quindio, publicado a finales del siglo XIX:

"La Iglesia Parroquial, con alta torre de madera forrada en latón  y con aspecto de caja fúnebre, recibía en vísperas de los días santos un toque casi festivo, a pesar de las moradas vestimentas de los apóstoles. Animaba más aún la celebración próxima las rifas con venta de diminutas y apretadas boleticas en las que  estaba la suerte de los feligreses dadivosos que podían ganarse o una "vacinilla" o un almanaque de Bristol....

...En una de aquellas ceremonias de cuaresma anunciaron que predicarían el padre Fray Peña y el padre Fray Cendales.Aquellos sacerdotes de ropaje café y síngulo blanco eran extraños por estas tierras del Quindio y pocas veces visitaban estos rincones montaraces. Con la boca abierta los fieles miraban pasar los franciscanos, quienes regaban torrentes de oración y de doctrina, por las naves de la iglesia...

...El padre Peña tenía una figura imperiosa: era alto, robusto,su voz dominaba el auditorio, porque los oradores de antaño no necesitaban micrófono y se hacían oir con su voz clara, sin la ayuda de ningún adminículo. En esos tiempos el orador sagrado redondeaba muy bien las frases; sabía hacer frases dulces y hasta extraía jugos de lágrimas de los fieles. Recuerdo que con el puño de la camisa los hombres se secaban los ojos y las mujeres se limpiaban las lágrimas con el pañuelo. Ya no se escuchaban esas oraciones esplendorosas que bañaban de emociones extrañas a los circunstantes...

...Recuerdan, mis amigos de aquellas épocas, la figura del padre Cendales: pequeño, pálido, magro, de ojos fulgurantes, de pequeña boca y menuda cabeza llena de sabiduría. Y recuerdan que subía al púlpito despacio, como si estuviera cansado ya; y cuando miraba a la multitud afloraban de sus labios lentamente las palabras. Y recuerdan, como recuerdo yo, que se crecía y se agigantaba de elocuencia como si le hubieran quemado la lengua con sabiduría. Nunca escuché nada más elocuente en mi vida...

...Es grata la revivicencia de esas lejanas Semanas Mayores con olor a cera de panales, incienso fresco y el bullicio campesino de las gentes que llegaban de todos los linderos del Quindio.  No podía faltar un cartelón verde oliva que iba y venía por el poblado, para ser visto por la gente que se arremolinaba en la plaza. Decia el cartelón: "Píldoras Antipalúdicas de José Manuel Gutiérrez". Un enorme zancudo con la barriga llena saturaba el ambiente de aquella propaganda y a fe que esa feligresía de "Burila", "Barragán", "La Vieja", "Alejandría", "Tebaida", "El Orinoco", llevaba en la sangre el paludismo. No en vano vivía el pueblo campesino entre cafetales y cañeros. El fabricante de las píldoras antipalúdicas tenía más paludismo que las píldoras y los guasones , cuando leían aquel aviso, expresaban: "Píldoras Antigutiérrez de Manuel José Palúdico"....

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...Los llamados "pasos de la semana santa, o mejor, los santos de las procesiones, cada año salían de su encierro en las casas que llamábamos "principales". Doña Amalia de Arango custodiaba a San Pedro, le lavaba la cara, vestía y rejuvenecía cada año; doña Rosarito Jaramillo abrillantaba para el Viernes Santo las lágrimas de la Dolorosa. La noche de La Soledad llevaba la Virgen un traje negro valioso bordado de oro y plata. Majestuosa en medio de un murmullo tenue, el pueblo iba tras las pisadas de la Virgen. En la actualidad es una bella procesión con las características antiguas...

... Pero todo el sentido de esos días santos y de recogimiento se sintetizaba en el Viernes Santo y en la Calle de la Amargura (carrera 13). "La calle de la amargura", así le decía mi madre a la calle de encima. Antes de las once de la mañana, una multitud silenciosa subía por las calles real y de encima. El Ecce Homo, de ojos doloridos y amargura infinita en el fondo de las pupilas, salpicado de gotas de sangre y con las manos y los pies azulosos por los golpes, subía desde la calle de Sevilla de la casa de doña Carmelita Castaño, hasta el Parque Sucre, frente a la trilladora (Trilladora Sucre,hoy Colegio de las Capuchinas). El Nazareno miraba hacia el balcón con fijeza conmovedora. El rumor del gentío aumentaba hasta que la voz alta y sonora del padre Castaño anunciaba la primera estación...

... Arturo Cardona ("Cachirí"), quien reemplazó después a Julio su hermano, con aire de Pilatos haría el pregón, pronunciando con voz aguda la sentencia. Y los ojos de Jesús seguían fijos en el orador. Reemplazó a Cachirí, después con el mismo expediente sentenciador, don Joaquín Mejía Botero. Los oyentes escuchaban el documento del procurador romano, que desde la tribuna difundían esos buenos secretarios del juzgado municipal de Armenia...

...El silencio se cortaba con la languidez emotiva de la marcha ejecutada por el maestro Rafael Moncada.Aquella procesión de la amargura conllevaba una especial devoción que, aún pasados los años, se conserva para recordar los rostros, los ojos y otras circunstancias de quienes asistieron en aquellos momentos. Y volvía a oirse, en medio del sordo murmullo apagado de las oraciones musitadas, la voz timbrada y cantante del padre Castaño, quien afanoso imponía el orden en aquel apretujado mar devoto...

...El grito estremecedor, agudo y despavorido del corista Luis Pelón abría el compás de las estaciones cantadas por voces mixtas llenas de suaves sensaciones. Cuando el corista acallaba su grito y en el ambiente se perdían sus estridencias, se dejaba oir la ajustada y suave melodía de los espontáneos cantantes menores,más gratos al oído".


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