Historia / AGOSTO 23 DE 2020 / 1 mes antes

Relatos de apariciones y milagros fabulosos en los pueblos de agosto

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Relatos de apariciones y milagros  fabulosos en los pueblos de agosto

El huevo apocalíptico. Foto : Imagen tomada de Google.

Quimbaya, Circasia, La Tebaida y Filandia son los pueblos de agosto del departamento. 

La noticia más reciente, que alegró al pueblo venezolano en medio de sus angustias cotidianas, fue la beatificación del médico popular José Gregorio Hernández Cisneros, por parte del Vaticano, anunciada el  19 de junio de 2020. Ello nos trae a la memoria otros hechos similares, tratados dentro del campo de la antropología religiosa, en los que he querido llamar los pueblos de agosto.

Los pueblos de agosto en el Quindío son Quimbaya, Filandia, Circasia y La Tebaida. Los habitantes, y sus alcaldes, festejan en diferentes días de este mes un nuevo aniversario de su fundación, y recuerdan a los colonos, descuajadores de montaña y hasta algunos guaqueros que estuvieron en esas aventuras de creación de sus caseríos.

El más antiguo de los 4 pueblos de agosto del Quindío es Filandia. Fue fundado el 20 de agosto de 1878. En su transcurrir la piedad practicante de sus fundadores ayudó a la permanencia histórica de las tradiciones de la semana santa en vivo, a la entronización de rogativas a santos católicos como San Isidro Labrador o a la devoción de  la Virgen del Carmen, entre otras manifestaciones. 

Pero en este pueblo también  se recuerdan 2 hechos acaecidos en marcos antagónicos. Una imagen que fue efímera leyenda religiosa y el acontecimiento generado a partir de la puesta en escena de la historia de una niña resucitada, escrita en  una obra literaria. Esto último es la trama de la película Milagro en Roma, que despertó un imaginario basado en el cuento titulado La Santa, de Gabriel García Márquez, y que se cristalizó en esa película colombiana, filmada en Filandia  en 1987.

El primer hecho mencionado de Filandia sucedió en la primera década del siglo XX, mientras se construía su actual templo principal. Se trató de transportar un cuadro de la Santísima Trinidad desde Alcalá. Se cuenta que ese retablo había aparecido en la vecina población, que para entonces se conocía como La Balsa. Se describía como un cuadro de madera con el borde plateado y tenía rosas labradas en su marco, lo que también había convertido el paraje de su presunto hallazgo en centro de peregrinación religiosa.

En la reseña histórica escrita en 1957 por Carlos E. Restrepo, y donde esto se narra, se recuerda la versión contada por una señora llamada Rosa Trujillo. Ella relata que el cuadro fue traído a Filandia sin ninguna dificultad, pero cuando se iba a levantar para regresarlo, resultó misteriosamente pesado. Fue desde ese momento cuando el suceso se convirtió en leyenda mística, efímera además, porque no se recordó en las generaciones posteriores. Se atribuye ello a que el cuadro desapareció después y nunca más se supo de su paradero. Una mezcla de inventiva popular y de temor religioso.

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En la memoria de los circasianos también ronda la historia de la masonería y la creencia, más bien un mito urbano, de los sepultados de pie en ese monumento, el Cementerio Libre. También se rememora la práctica de los espiritistas y la historia de los llamados niños moros de Circasia, denominación atribuida por un escritor local a los hijos naturales, a quienes la iglesia católica les negaba en esos tiempos el sacramento del bautismo. 

Pero la más interesante historia de imaginario religioso popular alguno se da todavía en el cementerio católico Los Ángeles, donde un culto profano, que la antropología llama del fetiche funerario, se presenta en torno a una tumba donde reposan los restos de una mujer que en vida se llamaba Bernardina Martínez. No está canonizada, y mucho menos beatificada, como le ocurrirá al Venerable Hermano José Gregorio, pero el fervor popular, con mezcla de intención supersticiosa, elevó a esta simple mortal al título de milagrosa, llamándola la monjita santa Bernardina, pues así la invocan quienes acuden a ella para pedirle favores económicos.

Quimbaya perteneció como corregimiento, hasta 1922, al municipio de Filandia. El primer día de agosto es su festejo oficial. El hecho de religiosidad más notable sucedió en la mañana del 10 de julio de 2008 cuando, en el muro de la cuadra donde estacionan los taxis urbanos, la imagen no muy clara de un rostro llamó la atención de los conductores. Ese manchón en la pared que se  aproximaba a la figuración de un rostro femenino, se convirtió en la noticia maravillosa de la aparición de la Virgen en Quimbaya. 

El suceso no trascendió, por lo menos para la mayoría de los habitantes. Sin embargo, los curiosos visitaban el improvisado altar, hasta que un grupo de otra vertiente religiosa lo destruyó  en medio de la oscuridad de una noche. Los taxistas, que son también fervientes devotos de la Virgen del Carmen, pasaron el ícono de su devoción ocasional al interior de la oficina de despacho de los vehículos, entronizando ese rincón de culto con una foto enmarcada de aquel detalle de la pared milagrosa. 

Fue en La Tebaida, cuya fundación  realizada por guaqueros, data del 14 de agosto de 1916, donde un relato se constituyó en el más curioso y pintoresco hecho de milagros y apariciones del Quindío. Se conoce como la historia de un huevo apocalíptico.

El licenciado en ciencias sociales Francisco Cifuentes Sánchez se refiere a esta anécdota, en su libro titulado La Tebaida Quindío, publicado en agosto de 1993. “...En la mañana del jueves 29 de marzo de 1979, llegó una campesina donde el  sacerdote Antonio Orozco, con el fin de dar a conocer un  huevo con inscripciones en alto relieve y delicada caligrafía, donde se podía leer claramente - JUICIO FINAL- ARREPENTIOS- DIOS. La señora, que expresó ser iletrada, no quiso dejar el huevo en la casa parroquial y continuó su andanza con la noticia apocalíptica por toda la plaza de Bolívar, generando una tremenda aglomeración en torno suyo.”

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En la finca San Joaquín, propiedad de Hernando Molina, a 10 kilómetros del municipio, en la vereda La Popa, inspección de Policía de La Herradura, en la casa habitada por 2 campesinos, supuestamente, una gallina copetona había depositado el huevo en la cama matrimonial. Se difundió la versión que el huevo fue vendido a una vecina y ella, asustada por el mensaje, lo llevó a la cabecera municipal. 

Entre ires y venires de aquella sensacional historia, más adelante se descubrió que había sido un montaje y todo quedó como parte del acervo anecdótico de esta tierra quindiana de la simpatía y el humor.



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