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Historia / DICIEMBRE 03 DE 2023 / 2 meses antes

Sesquicentenario del natalicio del Maestro Guillermo Valencia

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Sesquicentenario del natalicio del Maestro Guillermo Valencia

Se cumplieron, el pasado 20 de octubre de 2023, 150 años del natalicio del escritor Guillermo Valencia, más conocido como el Maestro. No hubo acto oficial alguno que celebrara dicha efeméride, para quien se ha considerado uno de los grandes poetas de habla hispana. Algo que sí ocurrió en su centenario, hace 50 años, cuando varios periódicos del país mencionaron detalles sobre su vida y obra. Fue precisamente el diario EL PAÍS de Cali, en su separata dominical del 21 de octubre de 1973, el ejemplar que destacó varias facetas de este payanés famoso y del cual extraje apartes importantes para redactar este artículo.

De otra publicación, un folleto y cancionero popular, que en los años 60, destacaba las reseñas de poetas colombianos, canciones famosas y otras secciones de interés, me he permitido transcribir su resumida semblanza:

El maestro Guillermo Valencia, uno de los más grandes poetas americanos y gloria de las letras colombianas, nació en Popayán en el año de 1873 y murió en la misma ciudad en 1943.Fueron sus padres don Joaquín Valencia Quijano, notable abogado de su tiempo y doña Adelaida Castillo de Valencia, ambos de noble estirpe española. El ilustre maestro es famoso en todo el continente, no solo por su obra poética sino también por sus memorables discursos en el parlamento colombiano y en la plaza pública. Fue dos veces candidato a la presidencia de la República, senador, representante al Congreso, diplomático muy destacado y miembro de varias academias nacionales y extranjeras. Sus obras principales son “RITOS”, “CATAY”,”JOB”,”LA BALADA DE LA CÁRCEL DE READING”, traducción ésta de Óscar Wilde, y varias otras”.

Sobre el progenitor del maestro Guillermo Valencia, esto escribe Camilo Cruz Santos en la separata dominical del diario caleño:

“El doctor Joaquín Valencia, al decir de sus contemporáneos, fue un varón ilustre: eminente jurisconsulto, matemático distinguido, filósofo, conocedor avanzado de las lenguas latina, inglesa, francesa e italiana. Cuando murió, don Sergio Arboleda dijo de él en la clase de Derecho Canónico de la Universidad del Cauca: “Con el doctor Joaquín Valencia ha perdido Colombia uno de sus mejores jurisconsultos y el partido conservador su primera cabeza”.

Guillermo Valencia se casó con Josefina Muñoz y fueron sus hijos Guillermo León (presidente de Colombia), Josefina, Guiomar, Álvaro Pío, Dolores y Luz.

El maestro Guillermo Valencia se lució como magnífico orador y fue en el Parlamento, adonde llegó muy joven en representación del Cauca, el lugar donde se escucharon sus intervenciones. La última incursión como parlamentario fue en 1941.Tal vez el silencio en el registro escrito sobre su vida y obra se deba a esa condición de político, como quiera también fue jefe del partido Conservador. Su hija Josefina Valencia de Hubach, en uno de los artículos de  EL PAÍS, titulado “Guillermo Valencia, mi padre”, anota lo siguiente:

Mucho se ha escrito y se ha dicho de Guillermo Valencia, pero es muy poco lo que se sabe de su extraordinario valor humano. Su puesto en las letras es incuestionable, sus derrotas en la política no solo le han enajenado el afecto de su pueblo, sino que lo han acrecentado, como lo demuestra el extraordinario y constante fervor con que el pueblo de Colombia visita su casa y su tumba, a pesar del silencio que se ha impuesto a su memoria.

También fue funcionario. Después de regresar de París, en su primer viaje, y donde publicó por segunda vez “RITOS”, es nombrado Jefe de Crédito Público del Ministerio del Tesoro. Viajó a Europa por segunda vez y a su regreso el presidente Concha lo nombró Ministro de Guerra. En su tierra fue Jefe Civil y Militar del Cauca. Como diplomático presidió la delegación de Colombia durante las negociaciones en Río de Janeiro para solucionar el conflicto colombo peruano. Concejal de Popayán. La Universidad del Cauca le otorgó el título Honoris Causa en Filosofía y Letras.

Fue un bolivariano devoto. Dentro de la línea literaria se le consideró “un renacentista que evocó el clasicismo de la tradición medieval”, tal cual lo afirmara Óscar Gerardo Ramos. Fue traductor literario de textos franceses, italianos, alemanes, ingleses y chinos. Precisamente en su obra “CATAY”(1929) se publicaron 98 poemas chinos  y 5 de temas árabes, que había traducido de la obra “La Flute de Jade”(1879) de Franz Toussaint.

Sus dos poemas más conocidos son “Los Camellos y “Anarkos”.Se publicaron en su primera obra poética (Bogotá, 1898), que luego saldría con el nombre de “RITOS” en 1899.

El primer poema mencionado se pronunciaba permanentemente en todos los círculos ciudadanos. La siguiente es su inicial estrofa:

“Dos lánguidos camellos,

 de elásticas cervices, 

de verdes ojos claros y piel sedosa y rubia,

los cuellos recogidos,

hinchadas las narices,

a grandes pasos miden un arenal de Nubia”.

Sobre “Anarkos”, el poema máximo, alguna vez comentó que sus copartidarios nunca le perdonaron su difusión. Es en realidad una expresión de la cruda realidad social en cada uno de sus fragmentos, tal cual lo refleja el siguiente, tomado del poema completo, publicado por el periódico EL PAÍS:

“Los mudos socavones de las minas

se tragan en falanges los obreros

que, suspendidos sobre abismo loco,

semejan golondrinas

posadas en fantásticos aleros.

Con luz fosforescente de cocuyos,

trémula y amarilla,

perfora oscuridad su lamparilla;

sobre vertiginosos voladeros

acometen olímpicos trabajos

y en tintas de carbón ennegrecidos,

se clavan en los fríos agujeros,

como un pueblo infeliz de escarabajos

y taladrar los árboles podridos.

Sus manos desgarradas

vierten sangre; sarcástica retumba

la voz en la recóndita a huronera:

allí fue su vivir; allí su tumba

les abrirá la bárbara cantera

que inmóvil, dura, sus alientos gasta,

o frenética y ciega y bruta y sorda

con sus olas de piedra los aplasta”.

Sus oraciones fúnebres son también muy comentadas. En el sepelio de Miguel Antonio Caro pronunció, frente a su busto de bronce: “Los hombres, como los mármoles, ganan a medida que los tiempos corren”. Y, manifestando su dolor, en la oración a Uribe Uribe: “Así premias, democracia, a tus mejores hijos. ¿Con óleo de sangre los unges? ¿Los vistes de escarnio y los paseas ceñidos en los cascabeles de los locos? Oh democracia, bendita seas, aunque así nos mates”.

El primer número de la revista Cromos (Bogotá, enero 15 de 1916) publicó una prosa de su autoría, titulada “Una estatua de Camilo Torres”. En el pie de página se anotó lo siguiente: “Artículo redactado con ocasión del proyecto de erigir la estatua del célebre presidente de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, que hoy se yergue en la plazuela de San Francisco de Popayán. La inauguración se ha retardado porque para ella se requería la presencia del autor del escrito, quien habrá de llevar la palabra en la ceremonia. Esta se realizará en breve, pues el esclarecido orador y poeta está ya en esa ciudad”.  En efecto, días después de la publicación de ‘Cromos”, se realizó el acto, con la presencia de Valencia. Seguirían muchas invitaciones a diferentes lugares, donde todos querían conocerlo y escucharlo.

 Para evidenciar su versatilidad, en la penúltima página de la separata dominical de EL PAÍS se publicó una crónica especial del maestro Guillermo Valencia. Se titula “PÁJAROS BOBOS”. Es una prosa especial y singular, como lo atestigua su primer párrafo, en relación con un tema de corte social:

“No hay población sobre el planeta que no tenga un bobo, y feliz de aquella que guarde uno solamente. Los hay de muchos géneros y en matices de estupenda variedad: bobos callados, bobos gariadores, bobos apacibles, bobos agresivos, bobos analfabetos y otros que aparentan no serlo, y hasta bobos sin ínfulas de tales. Si en el físico son reconocibles, lo son también por sus decires y conducta, aunque un poquito más difíciles de clasificar que los otros: ¡tantas son sus variedades!”.

En Armenia y el Quindío al maestro Guillermo Valencia se le recuerda especialmente. Se le atribuye la famosa perífrasis de “Ciudad Milagro”. Se remonta ello a la inauguración de la línea del tren y su estación, en 1927.Todo indica que el poeta estuvo presente en ese acto e hizo un comentario de asombro sobre el progreso de Armenia, que devino en el popular apelativo. Lo curioso es que no quedó registro fotográfico alguno, aunque sí se comprobó la expedición de un Acuerdo del Concejo Municipal mediante el cual  “se destina la suma de cuatrocientos ($ 400.00) pesos para atender los gastos que demanden la recepción de los personajes que entrarán a la ciudad en las primeras locomotoras del Ferrocarril del Pacifico”. Aunque otra versión, en este caso generada en Filandia, de fuente confiable, asegura que el poeta llegó por el Camino Nacional y se alojó en una posada en dicho municipio, antes de trasladarse a Armenia. En el Parque Valencia de la capital del Quindío, con la frase famosa por él pronunciada, “ESTO ES UN MILAGRO DE CIUDAD”, se levanta un pedestal con el busto realizado por el famoso escultor Luis Pinto Maldonado, como homenaje a su memoria.

Lea también: La Ruta del Bahareque en Filandia y su señalización interpretativa


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