Historia / ENERO 24 DE 2021 / 1 mes antes

Un nuevo aniversario del terremoto y la afectación del Patrimonio Cultural

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Un nuevo aniversario del terremoto  y la afectación del Patrimonio Cultural

El terremoto de 1999 fue muy mortífero, ya que en Armenia se registraron 752 muertos.

En este año 2021 se cumple el aniversario 22 del terremoto de Armenia. La tragedia telúrica de finales del siglo XX partió en dos la historia del Eje Cafetero y todavía sus detalles y consecuencias, como el balance de la reconstrucción física, se comentan y recuerdan en cada fecha conmemorativa. 

También se comparan las destrucciones con las provocadas en otros eventos, en los que se destacan las cifras y los reportes de daños. En lo que respecta al Quindío no se obvió el contraste entre el sismo ocurrido en 1995, con el de aquella fecha fatídica del lunes 25 de enero de 1999.

Las lecciones que dejan ambas tragedias se conocieron desde las siguientes estadísticas: el epicentro del sismo del miércoles 8 de febrero de 1995, fue en Calima, Valle del Cauca, pero afectó a Pereira en muchas de sus edificaciones. Por su parte el de 1999, tuvo como epicentro el municipio quindiano de Córdoba, pero la mayor destrucción sucedió en Armenia, con 57,2% de viviendas afectadas, fallas en redes de acueducto y alcantarillado, e infarto telefónico.

Pero el mayor dolor se sintió con el número de muertos. El sismo de 1995 no registró victimas en Pereira, pero en Armenia, aunque fue reducida la cifra significó 1 deceso, 13 heridos y 20 edificios averiados, hubo un total de 30 muertos en toda la región, comprendiendo los tres departamentos del Eje Cafetero, el Valle del Cauca, y Huila. 

En contraste, el terremoto de 1999 fue muy mortífero, ya que en Armenia se registraron 752 muertos y en Pereira 50; en la capital de Risaralda hubo 385 edificaciones destruidas y 522 tuvieron que demolerse. La anterior relación, publicada en la edición extra del periódico Café 7 días el día 7 de febrero de 1999, fue una de aquellas noticias que la historia registra para la posteridad.

Algo claro en este tipo de desastres es que nunca se evalúan los daños sufridos por el patrimonio cultural en todos sus órdenes, y en especial el arquitectónico y el arqueológico; son cifras que no interesan a las comunidades, pero tampoco son tasadas por las instituciones.

Los daños o atentados contra el patrimonio del Quindío deben verse como un desastre permanente desde décadas atrás. No fue el remezón de 1999 el que derrumbó algunas casas patrimoniales de la colonización ni los monumentos artísticos. Y tampoco el que provocó un saqueo puntual o guaquería de las tumbas prehispánicas y de piezas arqueológicas. Tales situaciones venían sucediendo y por eso se habla de un terremoto social constante, que se reflejó en la falta de cuidado y sensibilidad hacia los bienes y manifestaciones del patrimonio cultural material e inmaterial.

Armenia, con su famosa perífrasis de la ‘Ciudad Milagro’, hizo desaparecer, desde los años 60 del siglo XX, el conjunto patrimonial de bahareque de las manzanas aledañas a la plaza Bolívar. Lo que produjo el sismo de 1999, fue el desplome de las últimas casas tradicionales por falta de mantenimiento de sus estructuras. 

El evento trágico más lamentable ocurrió en la esquina de la carrera 13 con calle 21, donde funcionaba una de las sucursales del restaurante Sandwich Qbano en la primera planta del edificio de concreto. Mientras que en sus pisos superiores estaban los apartamentos residenciales. 

En la tragedia más de 20 personas murieron, entre las cuales estaban los comensales del restaurante y los ocupantes del edificio. La historia nos recuerda que en los años 30 y 40, una casona de bahareque ocupaba esa esquina de la plaza Bolívar y luego fue remplazada por la construcción de material que se derrumbó en el terremoto. La experiencia constructiva ha demostrado que aquellas viviendas de bahareque de dos pisos poseen una condición antisísmica, la cual ha salvado la vida de sus ocupantes. 

Otro dato que sustenta esta razón, es el reducido número de muertes en los municipios donde la arquitectura temblorera del bahareque persistía todavía. Las cifras son evidentes para el terremoto de 1999: Filandia con 1 muerto, Pijao con 3, Córdoba con 2 decesos y Buenavista sin víctimas.

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Un año antes de aquel terremoto, en 1998, varias acciones de protección del patrimonio cultural del Quindío fueron sugeridas por los ciudadanos en un evento organizado por la dependencia cultural departamental de la gobernación del Quindío. En el texto titulado Aproximación a un documento de identidad regional quedaron explícitas las siguientes propuestas de apropiación del patrimonio en la línea de difusión:

- Fortalecimiento de la filial del Consejo de Monumentos Nacionales. 

- Programa Aquí podemos vivir mejor. 

- El Quindío también es poesía. 

- Reactivación del Fondo Editorial de Autores Quindianos. 

- Reactivación del Comité de Protección Arqueológica.

- Publicación de la serie La cultura Quindiana. 

- Programa Historiografiemos (historia y geografía audiovisual del Quindío).

- Implantación de un sistema de señalización turística.

- Implementación de los salones artesanales.

- Ruta artesanal del Quindío.

- El magazín cultural.

- Portafolio turístico artesanal. 

- Promoción de la dimensión artística y cultural en el currículo educativo.

- Ruta arqueológica del Quindío.

- Campaña de difusión cultural.

- Programa Viernes, alma quindiana.

- Vitrina quindiana.

- Museo de la historia local.

- Museos escolares.

- Bienal de arte.

- Mejoramiento de la sala Roberto Henao Buriticá.

- Apoyo a acciones de casas de la cultura.

- Museos arqueológicos municipales.

También, desde la Filial del Consejo de Monumentos Nacionales, fundada en 1997, y hoy conocida como el Consejo Departamental de Patrimonio, se plantearon las siguientes acciones, antes de la ocurrencia del terremoto: 

- Apoyo a los inventarios arquitectónicos de Filandia, Salento y Circasia, adelantados por docentes y estudiantes de la Universidad de La Salle de Bogotá.

- Propuestas de inventarios culturales y ambientales. 

- Acompañamientos a los municipios en la elaboración de sus documentos Porte, o sea, sus planes de desarrollo territorial. 

- Conformación del comité de apoyo al proyecto de etnocultura en el Quindío.

- Reuniones de descentralización en los municipios en materia de temas del patrimonio.

- Celebración del día nacional del Patrimonio Cultural.

Ver también: Una pesquisa sobre plazas, casas y moradores del Quindío en sus primeras décadas

Irónicamente, y en búsqueda de aquellas soluciones a la destrucción del patrimonio cultural por el terremoto, otra buena lista de propuestas de salvaguardia y recuperación de los bienes arquitectónicos que sufrieron daños, se socializaron con urgencia para el proceso de reconstrucción desde febrero de 1999. Entre otras, fueron ellas:

- Reuniones extraordinarias y permanentes de carácter ampliado con grupos patrimoniales de Caldas y Risaralda.

- Propuestas de declaratorias municipales de bienes de interés cultural.

- Defensa de la plaza de mercado de Armenia.

- Realización del seminario titulado El componente cultural y los planes de ordenamiento territorial.

- Y 2 documentos concertados entre los defensores del patrimonio y las instituciones llamados Declaración de Salento y Pacto colectivo del municipio de Calarcá.

Empero, pocas acciones dieron sus frutos. Continuaron la demolición de casas de bahareque y la expoliación del patrimonio arqueológico. Lo ocurrido, sin consideración alguna, incluso los días actuales en el tiempo del turismo del Eje Cafetero, es la constante en los municipios: derrumbe o refacción injustificada de las casas de bahareque, ese estilo constructivo único y singular de este patrimonio de la humanidad que es el Paisaje Cultural Cafetero de Colombia, denominado con la sigla PCC. Descuido o desaparición de los bienes arquitectónicos que pertenecen al Patrimonio Cultural de la Nación y el atentado a los yacimientos y sitios arqueológicos.

3 casos puntuales son y serán recordados por los quindianos:

-La demolición injustificada de la plaza de mercado de Armenia, monumento nacional.

- La desaparición del conjunto histórico de casas de bahareque del centro de Calarcá y Montenegro, a pesar de estar amparados y protegidos por normas oficiales.

- La práctica recurrente de la guaquería en miles de yacimientos arqueológicos, lo que ha estropeado la investigación en el territorio y la reconstrucción de sus procesos históricos.

Son historias particulares y sucesos de la ignominia oficial hacia el patrimonio cultural, que contrastan con muy escasas situaciones en las que los ciudadanos o los vigías voluntarios del patrimonio han defendido los bienes y manifestaciones de nuestro acervo cultural.



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