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Por Ejemplo / MARZO 04 DE 2016 / 8 años antes

"Generaciones anteriores hemos sido alcahuetes con los hijos": Fausto

“Generaciones anteriores  hemos sido  alcahuetes con los hijos”: Fausto

El reconocido cantautor Fausto, que ya es cotidiano verlo por las calles de Armenia, habló de la familia, de música, de sus inicios, sus sueños y de Dios.

Luis Javier Piedrahíta Gaviria no pasa inadvertido por estas tierras del Quindío. Las razones: su notable estatura, una frondosa cabellera negra y porque, para muchas generaciones, es difícil no reconocer a Fausto, sí, a Fausto de Colombia. 

Mientras el cantautor antioqueño, nacido el 25 de abril de 1950, tomaba una aromática por las inmediaciones del parque De la Vida de Armenia, las miradas de los transeúntes delataban el descubrimiento de una estrella, un artista que interpretó grandes éxitos como 'Susana', 'Soñando con el abuelo', 'Beber para qué' y 'Agua caliente', entre otros.

El mayor de 8 hermanos, 3 hombres y 5 mujeres, de una tradicional familia antioqueña, vive en Armenia porque para él “esto es un paraíso”, y debido a que lo une una amistad y un proyecto con los nuevos gobernantes de la región, particularmente con el gobernador Carlos Eduardo Osorio Buriticá, en su 'misión' de construir una nueva sociedad desde las bases de la cultura y el arte.

 

Pocas veces lo llaman Luis Javier Piedrahíta Gaviria. 
En ese nombre hay demasiada historia, de mi familia, padre, madre, es decir que no es una familia pequeña, sin embargo a mí me tocó, por los talentos que Dios le regala a los seres humanos, trabajar en un área donde era mejor adoptar un nombre artístico.

 

¿Pero Luis Javier, qué relación tiene con Fausto?
Asumí el nombre de Fausto por Goethe, y salió de los libros que encontré en las bibliotecas de mi papá y abuela, de la obra completa de Johann Wolfgang von Goethe, de quien recibí la ilustración de tantas cosas que yo no me imaginaba que se podían expresar de una manera tan bonita, sencilla y  pura, de hacer lo correcto y el resultado de hacer lo incorrecto, sopesar no solo la vida, sino a las personas y las situaciones que hemos vivido, porque cuando no se ha hecho lo correcto se debe corregir.

 

Los talentos se los da Dios a los seres humanos. ¿Ese fue su inicio?
Sí, yo tuve la fortuna desde que nací. Mi padre y madre tenían interés por el arte. Mis padres, hermanos y tíos cantaban y todos teníamos la posibilidad de compartir ese amor por el arte. La primera noticia que le dieron a mi mamá en el kínder, fue de la profesora Gabriela Restrepo, quien le dijo que a mí me debían poner a estudiar teatro, música, artes escénicas, y yo solo tenía tres años y medio.

Cada ser humano nace con dones, talentos o carismas especiales, que si se le da la posibilidad de servir pues va a ser una persona feliz, como lo he sido yo, porque no se trabaja solo por ganarse un sueldo. De esta forma se pondera el ser humano, se le da mayor importancia a construir el ser humano, a dignificarlo.

A los 14 años compuso su primera canción 'Beber para qué'. ¿Cómo surgió la inspiración?
Yo nunca había tomado alcohol porque no era la costumbre de la casa, pero mis amigos sabían que yo pasaba por una tusa, por una vecinita muy linda, que no me eligió a mí sino a un compañerito... Eso me pegó muy duro, pues yo estaba acostumbrado a salir y a compartir con ella. Mis amigos, me dijeron que nos tomáramos unos tragos para olvidarla y en una olla mezclaron Coca-Cola y ron, y como nunca había tomado pues al otro día lo peor fue el guayabo tan tremendo... De ahí nació.

 

¿A tan corta edad ya componía?
Sí, mucha gente me ha preguntado que tan joven y con esas capacidades, lo que pasa es que uno nace con una conciencia universal, que hay que potenciar, hacerla consciente, sin embargo muchas veces lo que se hace es borrarla.

Hay actitudes de la gente que maneja la academia, no solo en Colombia sino en el mundo, que lo que intentan es imponer sus egos en lugar de entregar su práctica y experticia para que los nuevos tomen lo ya construido y prosigan en esa labor. De esa forma se valora al ser humano y se honra.

 

¿Qué recuerda de su primera vez en un estudio de grabación?
Que tenía una gripa, (risas). Eso fue en el estudio de Codiscos, en Medellín. El maestro Aníbal Ángel, un hombre muy correcto y categórico, dijo: 'qué examen le voy a hacer a este muchacho si está enfermo... Tiene medida, pero no puedo dar una opinión'.

Yo creo que la gripa fue por la tensión, yo solo tenía 19 años, aunque tenía una experiencia desde antes, porque cantaba en las parroquias, lo cierto es que los nervios fueron muchos.

 

Usted reitera en el valor del ser humano, ¿lo aprendió en su participación en la iglesia?
Siempre he estado vinculado a los procesos de la iglesia, quizás por eso aprendimos a respetar a nuestros hermanos, ya sean masones o judíos, a todas las personas, todos dependemos de un mismo Dios, de un mismo sistema creado por Dios.

 

De la misma forma, habla con especial entonación de la familia.
Hay que rescatar el valor de la familia. En pasadas generaciones, las familias tenían conciencia de que la autonomía era una cosa que se construía no regalándole todo a los hijos sino dándoles la oportunidad de que ellos mismos construyeran su propia vida.

Esa diferencia en el tiempo ha producido resultados nefastos no solo en Colombia sino en el mundo. Mire que los presidentes piensan que están manejando fincas personales, hay necesidad de tomar en cuenta una frase del padre Carlos Eduardo Osorio en el evento de Faro hace unos días: 'Cuánto sentimos el Quindío, cuántos lo sentimos, sentimos un amor de boca, o es de corazón, de espíritu... Esto se salva no con leyes mezquinas sino con la ley de Dios'. 

Hay que ver cuántos en el Quindío están sentados viendo televisión en sus casas, echados... Ya nos decían de los efectos dañinos de la guerra, pero debemos construir procesos de paz con base en la realidad, no pensando en un mundo ideal, porque ese, no existe.

 

¿Esboza una alcahuetería de anteriores generaciones?
¡Sí! Las generaciones anteriores hemos sido alcahuetes con los hijos, les hemos dado todo, hasta lo que no se merecen, la autonomía no es el patrón que rige a la sociedad, al contrario entre más borregos seamos es más fácil para el Estado gobernarnos... Por eso las ideas de los grandes hombres siempre han sido apabulladas, porque las generaciones que están amañadas y cómodas en sus sillas ancestrales creen que no hay nada mejor, pero el tiempo ha demostrado que siempre se puede hacer algo mejor y distinto. A los hijos se les debe dar el espacio, se les debe orientar, no presionar para que sean médicos o abogados.

 

Lo distinto no siempre es lo mejor, para retomar el tema de la música... ¿o sí? Porque hay nuevas tendencias musicales que para muchos no son aprobadas.
Me parece estar oyendo a los papás de nosotros en los años 60... 'Mire ese pelo largo, esas botas anchas de los pantalones'... Las generaciones siempre hemos tenido ese problema.

Yo creo que la música que se está haciendo ahora corresponde a ese patrón cultural que impera en el mundo, en el que la gente no tiene tiempo para conocerse, pero de todas maneras es muy respetable el esfuerzo de muchas personas que hacen reguetón o champeta... En nuestra época era la música de carrilera, la ranchera, por así decirlo ramplona, pero así ha sido siempre, estamos viendo lo mismo.

Cuando salieron Los Beatles, nuestros papás se rehusaban a escucharlos y hoy en día esos mismos padres van a los conciertos de esos grupos con sinfónicas y corales a escuchar esa música que se volvió clásica. Igual pasó con Michael Jackson.

Yo aspiro que este actual laboratorio llegue a una mejor armonización, más sustancia en el tema literario y en el musical. Esta música de ahora se hace porque es comercial, lo mismo que nos pasó a nosotros en los años 70... Con lo que voy a decir me van a halar las orejas en todos lados, pero yo rescato lo que es el valor de que la gente se haya atrevido a hacer cosas nuevas, distintas.

¿Es decir que ya el 'agua' no está 'caliente'?
(Risas). ¡No!, con todo lo que ha pasado y con estos calores, el 'agua' no está 'caliente'... Más bien hay que empezar a trabajar por un 'agua fresca'.

 

 

Por Javier Leonardo Zúñiga Torres


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