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Por Ejemplo / MARZO 10 DE 2016 / 8 años antes

Invito a los quindianos a vivir la experiencia de ser solidarios

Invito a los quindianos a vivir la experiencia de ser solidarios

Con su particular acento proveniente de la ‘bota’ itálica, Agostino Abate, el reconocido sacerdote llegado a estas tierras hace cerca de 38 años y quien se considera ‘un quindiano más’, expuso las labores de su trabajo en la Pastoral Social de la diócesis de Armenia y sus logros en las satisfactorias misiones como párroco de la universidad del Quindío.

Este ‘italo-quindiano’ dice llevar más tiempo en tierras quindianas que en su natal Italia. Llama a Pijao como ‘mi pueblito’ y dibuja sonrisas cuando relata algunas de sus anécdotas surgidas a raíz de su labor social, claramente enmarcada en lo gerencial, como orgullosamente, en el buen sentido de la palabra, lo enfatiza.
  
Padre Agostino, ¿qué es la Pastoral Social?
 Es la acción de la iglesia en lo social, a favor de los últimos de la sociedad y de las personas más vulnerables.


  
¿Es necesaria la caridad de los quindianos?
  A mí no me gusta mucho la palabra caridad, prefiero solidaridad. Yo conozco, porque estuve mucho tiempo y he vivido en el sur de Armenia, en el barrio La Milagrosa y en  Las Colinas, además fundé la parroquia en La Soledad de Montenegro, a muchas comunidades vulnerables y necesitadas.

Después del terremoto vino mucha gente y se construyeron casas y en la actualidad la gente no tiene empleo, está endeudada, vendió las casas que les fueron asignadas como ayudas, por lo que hay vivienda, pero también hay mucha pobreza… Un ejemplo de eso: en mi trabajo en la universidad, un día llegó un joven estudiante de física y me contó que había construido en su casa una pieza para él. Yo fui a visitarlo y en la plancha del segundo piso había hecho la pieza en guadua y solo tenía una cama.

En la cocina no había ni una mesa y la familia estaba conformada por cuatro personas, y los asientos para comer eran solo cuatro bultos de arena. Cuando entró al restaurante, en el programa que yo lideró en la universidad, él se rehusó a utilizarlo, porque me dijo: ‘yo no voy a comer allá, yo nunca he usado cubiertos y se van a reír de mí’… Ese es el claro ejemplo de que se necesita en la región mayor solidaridad, para ayudar a estos jóvenes y personas.
  
¿Cómo es el accionar de la Pastoral Social en esta cruda realidad del departamento?
  Yo estuve en Pijao cuando llegué de Italia, de 1977 a 1981, y yo acostumbraba a ir a las veredas y me quedaba allí, en las escuelas. La gente del campo, de la cordillera, vivía bien. Ahora que volví, con los programas de la Pastoral Social, y luego de 35 años, vi la miseria… Ahora el campesino está mal. Me espanté con la miseria, no obstante los gobiernos, tanto locales como departamentales y nacionales digan que están ayudando al campo… El empeoramiento de la situación es evidente.

Entonces, en la Pastoral Social tenemos en 21 veredas de la cordillera, planes rurales y de la tierra, como son gallinas ponedoras, estanques de peces, pollos de engorde, invernaderos, en los que las familias tienen una entrada y no tienen que ir hasta Génova o Pijao para comprar cilantro, cebolla, tomate y otros productos. Tienen agua y tierra, pero están abandonados por el Estado.

El campo en estos municipios es peor que hace 35 años, por eso el accionar de nosotros es impactar con estos planes a las comunidades más abandonadas.


  
¿Cuáles son los programas más representativos de la Pastoral Social?

  Tenemos el banco de alimentos, que consiste en recolectar y aprovechar los excedentes de alimentos y productos de la industria y el comercio, evitando el desperdicio. Nosotros pasamos todos los días por las grandes áreas comerciales que se han vinculado a la Pastoral Social y recolectamos los productos que están próximos a vencerse.

Después de un proceso de selección son distribuidos, de una manera organizada y digna, a las instituciones sociales del departamento.

Está además, el proyecto Mateo 25, que es una parte del evangelio: ‘Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber’, porque se le permite a las empresas poner en práctica cada día las obras de misericordia. Esto es interesante. A manera de anécdota: Me encontré con el gerente de Homecenter, quien pensaba que solo se podían donar alimentos, entonces le explicamos que todo tipo de cosas que tengan defectos, como una mesa, pueden ser donadas, pues muchas familias no tienen ni una mesa. Ello nos sirve, y así hicimos un convenio y nosotros las recogemos y se las entregamos a personas necesitadas.

Otro, es el Hogar de la Esperanza, que es un lugar bajo la dirección de religiosas que atiende a adultos mayores desde los 65 años y hasta 100 años, para que puedan vivir una etapa serena de su vejez, aceptando lo que es su realidad.

Y uno muy sensible, como lo es el programa de las personas en condición de calle, que es mejorar las condiciones de vida de estas personas incluyéndolas en proyectos para su desarrollo, para que puedan salir y así reducir la mendicidad.
  


¿Por qué la denominación de personas en situación de calle y no habitantes de calle?
Porque nosotros no queremos ayudar a personas de la calle sino a personas que están en esa situación por diversos tipos de problemáticas, por eso lo importante es trabajar para que se dignifiquen y salgan de esa situación, sino es así el problema será eterno.

Ese es el reto, no solo de nosotros sino de varias organizaciones, no tanto para entregar pan y aguapanela, sino para trabajar juntos con el gobierno, para que estas personas salgan. Hace unos meses, hicimos una fiesta con siete personas que logramos atender y sacar, y ahora gozan de una vida de familia.


  
¿Su mayor logro en este trabajo social?
  Lo más importante es que se logró organizar, a mí me gustan las cosas gerenciales. Yo vine y había muchos voluntarios, pero yo no puedo permitir que una persona que no trabaja, que no tiene entrada para su familia, dedique su tiempo de manera voluntaria, esta persona debe tener un sueldo, estar vinculada con un salario.

Yo estoy contrario al salario mínimo, que aunque es legal no es lo justo, quien trabaja tiene derecho a recibir un sueldo.

Sin embargo, yo prefiero no poner salarios altos hasta tanto yo pueda permitirme hacer algo más.

En la fundación de la universidad, por ejemplo, hay 27 trabajadores entre restaurante y cafetería, y el primer contrato es mínimo pero el segundo es más, porque esto es una fundación y no debe capitalizar. Nosotros trabajamos en lo social, pero como empresa, así la gente que trabaja con nosotros se siente bien y la gente que atendemos también.


  
¿Qué tan grande es el corazón de los quindianos?  

En la Pastoral Social llevó poco tiempo, solo 3 años, por lo que estamos empezando… En donde he visto mayor colaboración es en los programas de la universidad, pues son 26 años y la gente ya los reconoce y porque involucramos a muchos ciudadanos.

Hay varios ejemplos: una vez una familia me dijo que tenía una pieza libre en su casa y la ofrecieron para que un muchacho la utilizara. Igual, en la parroquia expongo una necesidad y al terminar la misa ya el problema está resuelto.

Así pasó con unos muchachos de Los Quindos, dos, que tenían una sola bicicleta para transportarse, por lo que debían hacer turnos para ir a la universidad, y al final de la eucaristía ya estaba el dinero para comprar una bicicleta. La gente es muy comprometida.
  


¿Cómo puede vincularse la gente para donar?  
Una, llamar al 7414130, de la Pastoral Social de la diócesis y nosotros vamos al lugar donde esté la donación, y dos, cuando estén en el centro lo pueden dejar en nuestras oficinas.


  
Una invitación a la solidaridad

Más que invitar, es agradecer a tantos quindianos. Yo me considero quindiano, y sé que se puede hacer mucho más. Hay cosas que la gente no usa, entonces para qué las tienen allí, es mejor donarlas… Quien dona recibe enseguida, si uno es generoso inmediatamente recibe generosidad. Invito a los quindianos a vivir la experiencia de ser solidarios.

 

 

Por Sergio Castaño Castaño


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