Por Ejemplo / ENERO 18 DE 2023 / 2 semanas antes

Mariana Cárdenas y su vida dedicada al servicio

Mariana Cárdenas y su vida dedicada al servicio

Como sicóloga entendió que para ayudar a los niños y jóvenes vulnerables debía ejercer en las calles. 

Es la directora del programa de la pastoral social, Tejiendo Sueños de Esperanza.

Mariana Cárdenas Martínez es la directora de uno de los programas pilares de la pastoral social de la Diócesis de Armenia, Tejiendo Sueños de Esperanza, a través del cual se contribuye a la recuperación de niños y adolescentes en condiciones de vulnerabilidad. 

Un proceso que comienza en la calle como primer escenario, pues a través de ‘rutas fraternas’, un equipo interdisciplinario, liderado por ella visita sectores deprimidos y entra en contacto con las familias, se genera un ‘enganche’, es decir, crea lazos de fraternidad y confianza que permitan luego a los chicos acercarse a la casa.

El programa busca cambiar hábitos en estos muchachos que los han llevado a la degradación y así reconocerlos como importantes para la sociedad en general.

Mariana nació en Pijao, sus estudios básicos los llevó a cabo en la institución educativa Santa Teresa de Jesús de dicha localidad y los profesionales en sicología, en la Universidad San Buenaventura de Armenia.
 

¿Dónde nace la vocación por ayudar a los más necesitados?

Soy una persona sencilla, hija de Dios, siempre ha existido en mí ese don de servicio, esa capacidad de entregarme al que lo necesita. De hecho, cuando pensé en mi profesión lo que quería estudiar quería que me sirviera para ayudar a los demás. 

Desde muy pequeña me he caracterizado por servir. Por ello, en el 2019, cuando empecé a trabajar con personas en situación de calle, comienzo a enamorarme más de esta parte social, de hecho, estando en la universidad me inclinaba a lo individual y clínico, pero al salir a práctica encontré la vocación de trabajar con las personas, esto le dio más sentido a mi vida, ya no era un trabajo, sino un refuerzo personal, el pago no era el dinero, sino la sonrisa y la transformación de la otra persona.

Ahora con los niños, me llena de bastante ánimo el ver su mirada llena de ternura, pero al mismo tiempo saber el drama que esconden.

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¿Cómo empezó su trabajo por los más vulnerables?

Desde que estaba en el colegio siempre he estado vinculada a grupos de la iglesia, en la universidad, cuando empecé mis estudios de sicología me gustaba ayudar, en la prepráctica que desarrollamos en el colegio de Las Colinas de Armenia identifiqué estas realidades, así mismo, tuve la oportunidad de visitar algunos hogares del adulto mayor para evidenciar también la necesidad. Sentí que debía trabajar por ellos, no para estar detrás de un consultorio, sino en ese espacio donde realmente puedo ser más útil y entiendo más su vida, sus necesidades.
 

¿Qué es lo más complejo de esta tarea de carácter social?

A veces, cuando se empiezan a modificar los comportamientos de la persona que uno atiende, pero esta reincide en el consumo, en la habitanza en calle, entonces hay un poco de frustración. Al inicio para mí fue muy fuerte cuando tuvimos el caso de un chico habitante de calle con el que tuvimos el proceso de seguimiento, desintoxicación, rehabilitación, la persona iba muy bien y era la primera persona con la que tenía un acercamiento, pasaron unos meses y recayó. Eso me generó una frustración muy grande, pero se convirtió en un aprendizaje y de querer descubrir nuevas potencialidades, ya uno entiende que esa es la dinámica de ellos, que no van a ir al ritmo mío, sino al de ellos, al entender esto uno lo entrega todo, pero no espera nada a cambio. Esto a veces fortalece la paciencia, la frustración. Esto no es de juzgar, sino de entender al otro.
 

¿Qué pasa con estas personas que reinciden?

Hemos estado con él en varios procesos. Se desintoxica, vuelve y cae, él vive en una espiral y toca entenderlo, seguir acompañándolo, que él encuentre en uno una red de apoyo. Uno pensará para qué seguir el acompañamiento, pues porque se disminuye poco a poco un daño, así estuviera 15 días durmiendo en un hospital con comida es un tiempo donde no estuvo en calle.
 

¿Cómo se vinculó a Tejiendo Sueños de Esperanza?

En el 2019 estaba trabajando en la gobernación, pero también con la Diócesis en el tema de habitante de calle, en el 2020 trabajé la parte de sicología de la pastoral social, entonces el obispo Carlos Arturo Quintero Gómez, a quien agradezco el apoyo que me dio, depositó su confianza en mí para emprender un nuevo programa, pero con niños y adolescentes.

Es un reto grande asumir como directora de este bonito programa, al inicio fue duro porque trabajar con niños es distinto a los adultos, con susto asumí el reto. Gracias a Dios y también a un equipo consolidado, en cabeza de Monseñor Quintero Gómez, hemos podido lograr grandes cosas, vamos apenas a cumplir un año, pero en poco tiempo hemos logrado muchas cosas.

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¿Cuáles son las expectativas para el 2023?

Son muchas, una de ellas que nos tiene muy felices es un proyecto que presentamos a nivel internacional para tener una escuela móvil que nos ayude con el trabajo con niños y adolescentes en situación de calle, después de un proceso muy arduo de presentar informes, pero se hizo en trabajo récord y vamos a empezar a implementarlo, es un objetivo para este año y que podamos llegar a muchos rincones, no solo los que abordamos, sino nuevos y así invitar a más infantes a la casa de Tejiendo Sueños de Esperanza.



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