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Quindío / SEPTIEMBRE 27 DE 2023 / 5 meses antes

Transformación y redención: la vida tras las rejas en Peñas Blancas

Autor : Por Laura Maria Espinosa Estrada, Dulce Carolina Arias Arias y Valentina Osorio Vásquez - Estudiantes de comunicación social-periodismo, Universidad La Gran Colombia Armenia

Transformación y redención: la vida tras las rejas en Peñas Blancas

Resocialización, arte y estudio, algunos procesos que se adelantan desde la penitenciaría.

Cabe destacar que el establecimiento penitenciario de Calarcá es el único en Colombia en sembrar, procesar y comercializar su propio café.  

Después de 16 años pagados, de los 33 de la condena, Diego Fernando* aún se niega a compartir los motivos por los cuales ha pasado la mitad de su vida privado de la libertad.  

El 6 de septiembre de 2007 comenzó su historia en los establecimientos carcelarios, con algo de tristeza y un poco de pena, cuenta que en un principio debía pagar 400 meses de prisión, equivalentes a 33 años y 4 meses, los que, después de estar privado de la libertad por 10 años, y tras una revisión de proceso, bajaron a 300 meses de prisión, equivalentes a 25 años.   

“¿Antes cómo era mi vida?, ni para qué contarla, era bastante difícil, la cárcel me ha hecho sentar cabeza, he aprendido a valorar las personas, los seres queridos, mi esposa”, expresó Diego desde el centro penitenciario Peñas Blancas, de Calarcá.     

Santander de Quilichao, La Dorada, Popayán, Jamundí y Calarcá, le han enseñado que la distancia, decisiones erradas, estadías difíciles, se convierten en el precio que se paga por errar.      

En Peñas Blancas, ha ganado 5 años y 6 meses, hasta el momento, en redención de pena, gracias a que se vinculó como estudiante y ha trabajado en las áreas de panadería, granja y asadero; así mismo, se ha formado y al día puede decir que dentro de las paredes de un establecimiento que en un principio no le prometió más que soledad y desesperanza, aprendió a hacer calzado, confecciones de jeans, chaquetas, hasta convertirse en un preso beneficiario de poder salir a solo unos minutos del centro de reclusión.         

A un año y medio de salir de las rejas a la libertad, su vida la proyecta fuera del país, ya que su familia, conformada por sus padres, sus cinco hermanas, su hermano y su pareja sentimental, la que conoció estando privado de la libertad, merecen su mejor versión.       

“Muchas veces me pregunté por qué a mí, por qué me sucedían cosas como estas, por qué el encierro, pero me pongo a verlo desde el lado positivo y con la estadía por estos centros he aprendido demasiadas cosas, sé peluquear, sé trabajar confecciones, hago jardinería, panadería, lácteos, entre otras artes que he aprendido y las puedo desarrollar en cualquier momento de la vida”       

Ahora, con 34 años, y la fiel muestra de que los procesos desarrollados con fe, y las buenas intenciones, cambian vidas, Diego añora su libertad, esa que le quitó la posibilidad de ver crecer a su hijo que dejó de un año y hoy tiene diecisiete, a sus hermanos que siempre fueron su vida, y a sus padres, a quienes quizá más que explicaciones, tiene muchos abrazos por devolverles en vida.

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Una tienda que demuestra que la redención es posible.  

Oportunidades para una nueva vida…

Peñas Blancas cuenta con la única tienda turística y panadería de Latinoamérica extracarcelaria, que es surtida, trabajada y atendida, por los mismos internos.  

Como quien añora la libertad y la redención de sus pecados, cometidos o no, con oraciones, afirmaciones y con la firme intención de iniciar una nueva vida, así se tengan muchos años, y sin importar los delitos, así pasan la vida muchos privados de su libertad en la cárcel de Peñas Blancas.       

Como en las distintas cárceles del país, los internos de la cárcel de Peñas Blancas, ubicada en el municipio de Calarcá, pueden acceder a beneficios que, según aspectos que varían dependiendo su condena, tiempo en prisión, adaptabilidad a la misma y disposición, pueden gozar, siendo así, por qué no referir a los programas y reestructuración de sueños que se adelantan allí, aprovechando que septiembre, en especial el 24, conmemora una de las festividades más importantes para las personas que viven tras las rejas, el Día de la Virgen de Las Mercedes.   

“A la patrona le imploro que mi pena la he pagado”      

Como un homenaje al himno salsero de la libertad, la mañana del martes 26 de septiembre, en una visita al establecimiento penitenciario, quedaron evidenciados los principales deseos de muchos de los internos que, en busca de cambiar las decisiones que en una época marcaron sus vidas, decidieron acogerse a los distintos programas de resocialización que brinda la penitenciaría, como una de las principales puertas hacia una nueva oportunidad.   

Carlos Augusto Hincapié Franco, director de la cárcel, expresó que desde ayer y hasta el 30 de septiembre tienen programadas una serie de actividades culturales, recreativas, y gastronómicas para celebrar la fiesta de la Virgen de las Mercedes, la patrona de los reclusos. “Muchas entidades se vinculan a ella, como las diferentes congregaciones religiosas y hay una red de apoyo que también está de manera permanente que son diferentes fundaciones, a nivel institucional, también tenemos a la alcaldía de Calarcá y a la gobernación”  

Más que incentivar una celebración religiosa, para los 1.100 internos de Peñas Blancas esta semana se trata de compartir con población externa, representa la posibilidad de sentir cercanas a las personas que están a pasos o kilómetros de su presencia.  

Ayer, durante el recorrido realizado por NUEVA CRÓNICA, unos gozaban de las diferentes actividades, los cantantes y ese poco espacio para devolverse en el tiempo y precisar la libertad, otros cumplían sus labores diarias, cuya promesa va más allá de, como cualquier trabajo, obtener un beneficio económico, más bien, estas labores se convierten en el pase que les asegura más pronto su libertad.   

Una jornada normal para los internos empieza a las 6 a. m., después de desayunar, un grupo sale del establecimiento a estudiar, otros a laborar en los patios, y otros se dedican a las actividades de aseo, limpieza, y proyectos productivos como el asadero, la panadería, la granja y expendio, de las que regresan a las 4 p. m. a las respectivas celdas.       

“En estas áreas los internos se encuentran descontando pena por medio de su trabajo. En el transcurso de la semana, de los 1.100 privados hay alrededor de 1.050 descontando pena”, expresó Hincapié.   

Una de las partes fundamentales de los procesos de resocialización, se basa en que los internos, más que redimir su tiempo de condena, puedan ocupar su tiempo en actividades que les permitan formarse, dentro de todo, con entidades como el Sena.   

“Estos programas, se convierten en una muestra de que la esperanza y la intención de cambio, hacen de los internos que se acogen a ellos, una herramienta de cambio”, así lo expresó Diego Fernando, “porque le da la posibilidad a las personas próximas a salir, que tiene conducta ejemplar, y los diferentes perfiles, para así asignarles tareas que tienen gran beneficio sobre el tiempo de condena. El mensaje para quienes disfrutan de la libertad es que esta es muy hermosa, es algo que anhelo tanto, con mi corazón”.   

“Virgen de la Merced  

Dame tu ayuda  

Qué linda es la libertad  

Pues la prisión es muy cruel  

Madre, te puedo jurar  

Que al sitio no volveré, qué va”.   

Una vida lejos de la cotidianidad.

Un renacer entre las rejas…  

Luis Enrique pasa sus días de condena sumergido diariamente en la creación de piezas artesanales. Sus manos, marcadas por las adversidades, trabajan constantemente con precisión y destreza. El plástico y las envolturas del café instantáneo son sus lienzos, las celdas se convierten en su taller improvisado y su creatividad es su mejor aliado. “Llevo cuatro años fabricando bolsos para vender con bolsas de café recicladas”, afirmó.  

Sus creaciones son sus vías de escape de la monotonía en la prisión, sus horas se desvanecen en el vaivén de los hilos y las bolsas, “para elaborar un bolso me demoro aproximadamente de tres a cinco días, cosiendo, eso sí, sin descanso”. Los materiales son limitados y costosos, “para ingresar materiales de artesanías por nuestra propia cuenta, tenemos que proporcionar el 10 % del valor total del material”.  

Cada detalle y pieza artesanal es un testimonio silencioso de la habilidad de este hombre, que busca redimir su condena, a través de la expresión artística. Los bolsos que salen de sus manos cuentan su historia de esperanza en un entorno cada vez más hostil, “a través de la artesanía me refugio de esta realidad”; así, por medio de su habilidad y destreza artesanal, Luis Enrique teje su propia narrativa de superación personal.  

Como Luis, hay muchos casos más de reclusos que se benefician de todos los espacios y programas que les brinda la penitenciaría para su crecimiento personal y para algunos, profesional; uno de ellos es Camilo Cruz, un recluso que dedica sus días al cuidado de los peces y la agricultura por primera vez en su vida. En este entorno limitado, este hombre ayuda al cultivo de café, maíz, fríjol y plátano, cuidando y recolectando con paciencia y dedicación cada brote.  

El cuidado de los peces también es parte esencial de su rutina diaria, manteniéndolos y alimentándolos cuidadosamente dos veces al día, “aunque se presente una división del trabajo en diferentes sectores, no se puede olvidar la obligación principal”, expresó. Estos trabajos no solo les brindan a los reclusos un sentido de responsabilidad, sino que, a su vez, les otorga una sensación de propósito y esperanza. “Este trabajo me permitió un aprendizaje continuo y un espacio de dispersión donde puedo liberarme del ambiente que se respira adentro”, afirmó Camilo.  

“Entré a la cárcel ciego, sin saber la realidad que se llevaba dentro”, así como Camilo, muchos más reclusos ingresan a las penitenciarías, sin conocer qué se vive realmente allí, enfrentando un ambiente y un entorno totalmente desconocido, luchando por encontrar la luz en medio de la oscuridad.   

La cárcel y sus programas de resocialización  

En la Cárcel Peñas Blancas hay artesanos, hombres que a diario dedican al estudio y al arte. Inician por la mañana aproximadamente a las 6:30 a. m.  

Son alrededor de 350 los reclusos que inician sus clases en las aulas que se les adaptaron, mientras que 400 internos aproximadamente dedican su día a realizar talleres de artesanía, de bolsos y bisutería en los 3 pabellones que componen el establecimiento penitenciario en su totalidad.  

Ya los otros internos se dividen a realizar diferentes actividades en los alrededores, las que se dividen en el aseo de la cárcel, proyectos productivos como el asadero con 8 internos, panadería con 12 y la granja, con 10; es así como la importancia de estas labores, más allá de mantener los internos ocupados, lejos de algunas problemáticas que suelen atacarlos mientras pagan sus condenas, se destaca que estas actividades, les permite redimir pena por medio de su trabajo, teniendo en cuenta que, cuatro meses ininterrumpidos de trabajo, de lunes a domingo, equivalen a un mes de libertad.  

Carlos Augusto Hincapié Franco, director de la penitenciaría, expresó que “todos redimen pena, dependiendo del tiempo que lleven de la fase en la que estén, que es alta seguridad, media seguridad, mínima seguridad y confianza”. Respecto a los niveles de peligrosidad se puede decir que los que están en mínima seguridad y confianza tienen el privilegio de trabajar en la granja y fuera de las paredes de la penitenciaría en la tienda turística y panadería.  

Teniendo en cuenta lo anterior, los internos que deciden acogerse a estos procesos también pueden gozar de alianza con el Sena, entidad que, dentro de las instalaciones, brinda cursos de panadería, barismo y atención al cliente, donde los internos, salen con sus certificados, los cuales son de manera permanente. “También otras actividades como comidas rápidas, especies menores, cultivos agrícolas, hortalizas, mercadeo, electricidad, construcción en talla de maderas donde trabajan los internos, el principal aliado para su capacitación es el Sena”, acotó Hincapié.  

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 Juan, interno de la penitenciaría se refirió sobre los beneficios que trae a nivel personal este tipo de actividades de resocialización “no estamos en el patio, estamos por acá, estamos como en la parte semi externa, se siente uno como libre, y también los que nos gusta trabajar, entonces estamos trabajando ya que cuando salgamos ya vamos preparados para trabajar”.  

Mentalmente, uno aprende cosas por acá de las cuales antes no había visto, no había trabajado en el campo y he aprendido la recolección del café y desyerbar, expresó el interno David sobre su experiencia trabajando en estos procesos de resocialización. 


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