Región / JUNIO 06 DE 2021 / 4 meses antes

Café y anarquía, la apuesta de Juan Felipe Herrera

Autor : Natalia Delgado Arango

Café y anarquía, la apuesta de  Juan Felipe Herrera

Foto : Natalia Delgado Arango, Instagram: @Nattylovescoffee

“¡Vamos, te muestro el café!”, me dice Juan Felipe siempre que lo visito en su finca de Calarcá. Esta vez, lo observo, mientras revuelve los granos en la elba y me explica, con generosidad, el proceso de secado de los cafés honey y naturales.

Para él, el conocimiento debe ser compartido, más aún cuando tiene que ver con un producto que supone beneficios para la región. Por eso, uno de sus propósitos es hacer pedagogía con los productores. “Parte de nuestro trabajo es poner en marcha un proceso de sensibilización frente al tema del café, dándole importancia a los árboles, a la conservación del agua y a la nutrición adecuada de las plantas”, explicó el joven administrador de empresas.

Según él, estas prácticas ecológicas son contrarias a la política nacional cafetera, por eso el nombre de su emprendimiento se denomina “Colectivo de productores de microlotes especiales café anarquista”. “La teoría anarquista busca el bienestar de las personas, además, es cierto que las ideas de algunas organizaciones no están funcionando en la práctica. Así que, intentamos demostrar que se pueden hacer las cosas de otra manera”.

En ese sentido, detalla que desde su emprendimiento busca caminar en contravía de la ruta tradicional para trabajar con café en Colombia. Esta consiste en sembrar la variedad Cenicafé 1, cultivar a plena exposición solar, realizar fertilizaciones monótonas y lavar el café. “La costumbre de lavar el café tiene relación con los pactos comerciales que se gestaban entre países andinos y el exterior. Consideraban conveniente lavar el café porque, a diferencia del continente africano, aquí teníamos suficiente agua. Además, el café lavado permite mayor almacenamiento y transporte. Por otro lado, un café sin su miel favorece el comercio del azúcar en el mundo”.

Sin embargo, para Juan Felipe, los cafés procesados en seco como el natural, que se seca en cereza, y el honey, que conserva el mucílago, son una alternativa más
sostenible al ser más exquisitos y alcanzar puntajes superiores en taza, lo que supone mejores márgenes de ganancias. Además, estos procesos favorecen la conservación del agua.

El concepto de café anarquista de Juan Felipe, es entonces, un café sensible o sostenible, que se preocupa por el equilibrio biológico, por el desarrollo social y económico. De esta manera, en el proceso comercial con diferentes productores, él se encarga de transmitir sus saberes sobre estos temas y acordar precios justos. “Nuestra estrategia es obtener cafés de muy alta calidad, a los menores costes y gastos posibles. Con ese principio les damos a los productores el mismo precio de Federación, pero en cereza. Lo que, para nosotros, representa una ventaja para el productor”.

La gran misión de Juan Felipe es utilizar su conocimiento sobre el campo, el café y la economía para hallar nuevas opciones y mejorar el precio de venta del grano, conservando su calidad hasta la taza y procurando sostener el equilibrio natural de los ecosistemas. “Lo que hacemos en las fincas es volver a los procesos en seco, optar por el sombrío, por lo orgánico y por lo varietales, que permiten obtener una ventaja económica. Para ello debemos hacer una pedagogía con los caficultores con la intención de romper paradigmas”.

Esa pedagogía tiene que ver con temas como la selección de granos maduros, la importancia de las recolecciones frecuentes y las implicaciones del cambio climático en las floraciones espontáneas. Todo ello, teniendo en cuenta que la caficultura ha cambiado y las circunstancias ambientales también; de hecho, según advierte Juan Felipe, el café está en vía de extinción.

No obstante, cree que existen alternativas para conservar la producción a futuro, como la recuperación de os ecosistemas y los pagos justos para que más jóvenes
se animen a incursionar en la caficultura.

Una herencia cafetera

El interés de Juan Felipe por el campo, el café y la economía no es fortuito. Sus padres, don Héctor Herrera y Azucena Gonzáles provienen de familias cafeteras. Ambos tuvieron la fortuna de acceder a la educación universitaria. Él es ingeniero forestal y ella, economista.

Para Juan Felipe esa educación de sus padres fue fundamental para el progreso de su familia y para que ahora puedan vivir una vejez digna, a diferencia de algunos de sus compañeros de infancia que no tuvieron las mismas oportunidades. Por eso, Juan Felipe tiene claro que muchos de los problemas de sus vecinos y colaboradores tienen que ver con el poco acceso a la educación, por eso, siente que, con mayor información, pedagogía y excelente calidad en taza del café, puede contribuir a mejorar su calidad de vida y así pagar un precio más favorable, que incentive con mayor fuerza la producción de cafés de especialidad.


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