Región / ABRIL 04 DE 2021 / 6 meses antes

Dos hechos históricos del Domingo de Resurrección en Filandia

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Dos hechos históricos del Domingo de Resurrección en Filandia

En semana santa en Filandia se marcaron dos hechos históricos que se combinaron con el arte y la singularidad de la cotidianidad profana. Ello sucedía el Domingo de Resurrección. En pocos lugares de América se puede relatar una historia diferente a la que corresponde al rito religioso de este día que, sin embargo, era tolerada por la iglesia católica. Sucedía alrededor de una tradición que se llamó la ‘quema y el testamento de Judas’ y que heredamos de Europa con la llegada de los españoles en el siglo XVI. 

En Filandia -igual que en otros municipios de países vecinos y de Centroamérica- se acostumbraba quemar un muñeco de trapo, que representaba a Judas traidor, no sin antes leer el testamento, una página humorística que resumía con gracia e ironía la vida provinciana y el recuento de los más recientes acontecimientos locales. 

Roberto Toro Toro fue un docente, intelectual y poeta de la ‘Colina Iluminada del Quindío’, a quien se le recuerda también por sus dotes de orador. En 1955, después de la procesión del Resucitado, y haciendo parte del ritual de la quema de Judas, leyó una página literaria muy recordada, “en bien cordonado verso, buena métrica y un gran humor”, la más famosa de todas las que se escribieron para dramatizar esta costumbre curiosa. Se tituló ese testamento como la “Vida, pasión y muerte de Judas Iscariote”. 

Mientras tanto, y ya en tiempos recientes, año 1988, un artista gitano llamado Mario Gallo, más conocido como Magall, y vinculado a Filandia, ayudó a materializar una idea artística, con la motivación de la ceremonia y procesión religiosas del domingo de Resurrección. Se trataba de mostrar y elevar a la condición de monumento a un Cristo resucitado, que además emergiera de varias manos que significaran un nuevo nacimiento. Por la amistad que había cosechado con otros intelectuales de Filandia, la gestación de un primer boceto de la imagen se le encomendó a Magall y debía corresponder a la de un Cristo victorioso con las manos levantadas. 

Magall era conocido por sus retablos en madera y metal, que hemos llamado los Cristos sufrientes. Reflejan la imagen de Jesús crucificado, con presencia desgarradora y martirizante y está además presente en ellos la mutilación. Siempre quiso este artista de Montenegro, Quindío, representar en ellos la violencia de Colombia y el drama que viven muchos compatriotas. Pero en esta oportunidad, la idea artística correspondía a todo lo contrario de su estilo creador, el que había obtenido bajo la enseñanza de su tutor, el escultor Rodrigo Arenas Betancur. Entregó años después su dibujo del Resucitado, que llamaríamos el Cristo Victorioso de Magall. Por única vez en su vida artística, aquella imagen mostraba otra versión de sus Cristos. La que también nos enseñaba la otra faceta de este artista, a quien su esposa describió como un “soñador, encantador y cautivador ser humano”. 

La tradición de la quema de Judas poco se recuerda en Filandia. A principios del siglo XXI, una iniciativa ciudadana la quiso revivir en el balcón de la casa de la cultura y tuve el honor de leer el testamento, escrito días antes, mientras ardía el muñeco de trapo. La lectura de Roberto Toro Toro es, no obstante, la que no ha dejado sumir en el olvido total a la tradición. Así dice su penúltima estrofa, que refleja la picardía endilgada al Judas enjuiciado y enamorado: 

“Viene el diablo corriendo al pasotrote... Adiós Lucero, adiós Amparo López...Dora Muriel, te doy mi despedida. Lucía Medina, te ruego que no llores. De ninguna reniego ni me quejo. Tengo un dolor, Estelita Vallejo, de tus ojos perversos. Mil señales sufrió mi corazón, Lola Puñales”. 

Poco se recuerda la gestación del proceso artístico del Cristo Victorioso, que el artista gitano había iniciado con su hermoso boceto. Tampoco se han valorado otras dos realizaciones posteriores, inspiradas en el dibujo de Magall. Son ellas, un óleo del maestro Germán Pérez Medina, que está exhibido en la pared de la nave derecha del templo principal. Y el monumento escultórico del maestro Jairo Bedoya, que se levantó en el mejor mirador hacia el bosque de Bremen. Esta imagen, de 2.90 metros de alto, peso de 4.50 kilos y soportada por una base de 3.40 metros, luce abandonada y nadie hace el recorrido turístico o de peregrinación hasta ese lugar. 

A pesar del olvido y el desconocimiento sobre este proceso creador, Magall siempre fue y será recordado por la claridad de dos mensajes. El primero lo plasmó en el dibujo y se refleja en el trazo que muestra al Cristo, pues la figura emerge de un conjunto de 13 manos de partero y simboliza el alumbramiento. En la placa de su pedestal, una oración alegórica a la paz, nos recuerda el segundo mensaje, tan deseado en el año 2000, cuando el escultor antioqueño Bedoya la esculpió e instaló, por encargo de algunos ciudadanos, la Curia y los miembros de la fundación Paisaje Turístico. Y gracias también al propietario del terreno, don Simón Morales, quien cedió el espacio. Así reza: 

“Señor, tú que te levantaste victorioso sobre la muerte, sanando con ternura las heridas que te había causado la insensatez humana, ayúdanos a encontrar en esta larga noche de la violencia el camino que nos conduzca a la reconciliación y a la paz”. 

Esta oración nos recuerda hoy al Magall conciliador, pacífico y escuchador, al hombre que tenía en cuenta a todos, desde el mendigo hasta el profesional, al padre y esposo amoroso, al ser que combatía la injusticia. Murió el 15 de febrero de 2020. El artista había nacido el 9 de abril de 1949, un año después del comienzo de la barbarie, la que sufrió en su niñez. En estos días se hace memoria de él en Filandia, con una exposición de sus Cristos sufrientes y de otros objetos de su vida artística y familiar. Se puede apreciar en la callejuela comercial y cultural ‘La puesta del sol’, al final de la ‘Calle del tiempo detenido’. 


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