Región / SEPTIEMBRE 26 DE 2021 / 1 mes antes

El camino que fundamentó el territorio 

Autor : Álvaro Hernando Camargo Bonilla Vigía del Patrimonio, Miembro de la Academia de Historia del Quindío.

El camino que fundamentó el territorio 

Hay que destacar y recapitular la historia del camino o paso del Quindío para dilucidar los componentes de la  quindianidad  desde sus inicios, y estimular la búsqueda de los elementos históricos, culturales y ecológicos que confirmen el concepto.  

El camino inicialmente era ruta de los Pijaos y Quimbayas, quienes ante la arremetida ibérica trataron de impedirles el paso, en el tránsito entre los valles interandinos del Magdalena y del Cauca.  

Finalizando la Conquista y transcurso de La Colonia se evidencia el uso del camino, remontando la montaña del Quindío en tránsito de Ibagué a Cartago, bastiones coloniales de los españoles en las gobernaciones de Mariquita y Popayán.  

Por más de 300 años sin interrupción alguna, salvando duras cuestas, hondos canalones, vegetación exuberante, espesos y profundos lodazales, trasegaron bueyes, cabalgaduras, y recios silleros y cargueros, dedicados a trasladar personas y mercaderías por la montaña del Quindío.  

 En los albores de la gesta libertaria (1813), por el camino se trasladaron los ejércitos  que  de Santafé, marchaban de Cartago a Popayán con el propósito de  apoyar   la  causa libertaria. Se referencia acontecimientos bélicos presentados en inmediaciones del camino, en el sitio conocido como ‘Las Cañas’, en límites de  Filandia, Quindío, y Alcalá, Valle del Cauca.  

En 1830 Simón Bolívar cruzó el Boquerón del Quindío, a su llegada a Bogotá el 25 de enero de 1830, decretó la composición del camino desde la ciudad de Cartago a Ibagué, como medio eficaz para el fomento de la agricultura, industria y comercio.  

la colonia penal de  Boquía  (1842).      

Pedro Alcántara Herrán, presidente de Colombia en el año de 1842, determina una empresa estatal enfocada a la recuperación y mejora del camino. Para este fin se crearon leyes, decretos y ordenanzas, asignando fondos nacionales trabajo personal subsidiario, y de presidiarios, repartición de baldíos, donación de herramientas, semillas y ganados, establecimiento de tambos o posadas, y fundación de poblaciones. [1]  

Sobre los caballones de los riachuelos  Boquía  y Quindío, el gobierno colombiano estableció un presidio. En sus vecindades paulatinamente se ubicaban migrantes ataviados de ruana, sombrero aludo de paja, mulera, zurriago, alpargatas de cabuya, pantalón de manta, camisa de fula, marchaban todos con apuro a la ‘Hoya del Quindío’. Sobrevivir era su destino. A pesar de los malos días y las desgracias de sus desventuras, talaron selvas, cultivaron y establecieron sus moradas.  

En el camino se situaron puntos como  Boquía, Novilleros, La Balsa,  Arcabuquillo, Buriticá,  Tanambi,  Boquía,  Oraida,  Navarco, Arrayanal,  Macanal, entre otras más.   Sitios que mojonaron la fundación de los primeros pueblos: Salento,  Filandia, y la Balsa (Alcalá).  

  Los primeros fueron reos, vagos, y mujeres de dudosa reputación, condenados a trabajos forzados en los presidios de  Valdesina  (Toche), y de  Boquía. Estos purgaban su condena laborando en la empresa de composición del camino.  

También se aposentaron personas que huían del reclutamiento forzado de las guerras civiles, guaqueros, aventureros, labriegos, ilustrados, y tahúres, que fueron tejiendo los primeros cimientos fundacionales (casa de gobierno, plaza, iglesia, cementerio, y establecimientos de comercio). Así fue surgiendo las relaciones socioeconómicas de los primeros habitantes, quienes inspirados por los efectos del “tapetusa” extraído en los alambiques de contrabando, al calor de partidas de juego de dados y naipes, departían, convenian, negociaban y relataban sus aventuras.  

Los guaqueros.  

 “Siempre me han gustado las guacas, nací con esa alunadura ¿Sabes? Al guaquero le rasca el alma, como si la tuviera llena de candelillas. Para mí una guaca, cualquier guaca, es emoción, es vida.”  

Al sur, en las montañas tupidas del Quindío, estaban los tesoros de los Quimbayas. Más de 2.000 personas, de las cuales muchas no conocían guacas, y en su vida no habían ejercido la actividad, se dedicaron a guaquear.  

Muchedumbres procedentes del Cauca, Antioquia, Tolima y altiplano Cundiboyacense, provistas de hacha, machete, mediacaña y manigueta, se adentraron por la selva en función del “cateo” (sondeo) de las sepulturas indígenas como: La Soledad,  Maravélez, El Muerto, El Entorchado, Montenegro, La Argentina. Lugares sagrados de los indígenas horadados por la fiebre “guaquera”, de donde sacaban oro por quintales. Esta práctica duró desde 1885 a 1914, año en que comenzó su decadencia.  

La muestra más fehaciente del accionar guaquero es la colección o tesoro Quimbaya, valiosísima colección de piezas de oro halladas en 1890 en la vereda La Soledad, en inmediaciones de  Filandia, y que fue donado a España por el presidente Carlos Holguín en 1892, para “conmemorar” los 400 años del descubrimiento, está expuesto en el Museo de las América en Madrid.  

Los puntos de encuentro y abastecimiento guaquero facilitaron el nacimiento de pueblos, pensados por curtidos guaqueros, entre los cuales figuraban  Casafú, Ramon Medina, Carlos Agudelo, (Macuenco), Rafael Valencia, Ángel Toro, Epifanio Vargas, “Patebarra”, “Reliquia”, “Pesuña”, Nicolas Macias, Tomás Herrera, Jesús María Ocampo (Tigrero), Alejandro y Jesús María Suárez, Bibiano Cardona, Luis Tabares, Juan de Dios Arango y Miguel Giraldo.  

  “Allí en Montenegro, a muchos guaqueros, mientras se limpiaban un ojo les robaban los víveres.”[2]  

 Con los guaqueros también llegaron los vicios, el robo de herramientas, indumentaria, abastecimientos, y oro, adicción al “tapetusa”, y apuestas en los juegos de azar (dados, naipes, y riña de gallos).  

La diáspora principió en  Boquía, trasladada a Barcínales con el nombre de la Aldea de la Nueva Salento y continuó en la “Cuchilla de los Novilleros”, donde se fundó  Filandia. Paulatinamente se fue copando el territorio de “La hoya del Quindío”: Circasia, Calarcá, Armenia y Montenegro, Colón (Pijao), Génova, La Tebaida, Quimbaya, Córdoba y  Tolrá  (Buenavista). Cuando los guaqueros no encontraban más guacas se dedicaban a derribar la montaña para establecer sus parcelas.  

El camino debe ser un referente en las consideraciones idiosincráticas del concepto de  Quindianidad.  

Cualquier parecido con la actualidad, no es mera coincidencia.  

[1] LEY 3ª. -MAYO 27 DE 1842 (PÁG. 39). Sobre composición y mejora del camino de Quindío. Art. 1° El Poder Ejecutivo aplicará para la construcción de un camino de herradura, desde Ibagué a Cartago, por la montaña de Quindío 1° hasta la tercera parte del producto total del derecho nacional de caminos: 2° el presidio o presidios que estime convenientes: 3° (Deroga. Ley 26, P.2.): 4° también podrá aplicar hasta doce mil pesos del tesoro nacional para el mismo objeto.  

[2] Arango Cano. Recuerdos de la Guaquería en el Quindío.  



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