Región / JULIO 20 DE 2009 / 11 años antes

Juan José Ramírez, pasión musical por todos los poros

Juan José Ramírez, pasión musical por todos los poros

Juan José Ramírez, músico.

Hoy el maestro será el epicentro del Gran Concierto Nacional en nuestro departamento.
Por: Gilberto Montalvo Jiménez
Especial para La Crónica del Quindío


Cuando su padre Luis Ángel a los cuatro años y de cortos lo llamó para que hiciera parte del coro de la familia Ramírez, nadie pensó, incluso el propio maestro, que Juan José, el rubio muchachito de entonces, sería con el tiempo el virtuoso caballero musical de hoy.

El maestro Juan José, como también se le conoce, no sólo es uno de los más importantes compositores, arreglistas y ejecutantes de saxo del país sino que en su talentosa existencia hay todo un cuaje de cosas generosas tejidas a través de la música, su pasión sin discusión.

El maestro Luis Ángel Ramírez Alzate, su padre, nunca quiso que el muchacho siguiera sus pasos como músico, porque consideraba que otros destinos eran los predestinados para el chico, pero aquí entre nos, es el que más admira y goza con deleite con sus triunfos, precisamente como excelente profesional. Ironías de la vida.

Cuando frisaba Juan José los siete años a escondidas y con la complacencia de su abuelo, comenzó a digitar con virtuosismo el tiple y la guitarra, instrumentos que le fueron abriendo el camino por los senderos increíbles de una de las expresiones culturales más significativas de la historia de la humanidad.

En el bachillerato, siempre Luis Ángel con su recia actitud de marinillo chapado a la antigua, insistía en que el destino de su muchacho debía ser otra profesión que lo alejara del vicio y los placeres. Entendible ya que por entonces meterse de músico era un privilegio hacia la perdición.

Una vez terminado su bachillerato en el colegio San José, de los hermanos maristas, Juan José hacia parte de grupos musicales donde cuentan quienes le conocen y son muchos admiradores y otros compinches de trabajo, se destacaba como un genial bajista, dueño de agilidad magistral en sus manos, donde arrancaba arpegios y sonoras notas que acompañaban con delicia los ritmos de la época.

Son extrañas las cosas en la vida de este gran músico que su padre no sabía que al convocarlo solo para que hiciera parte del coro de la familia lo iba induciendo por el camino de las armonías y lo acordes placeres que quedaban en el subconsciente del hoy jubiloso profesor.

Juan José, además de ser un arreglista privilegiado, tiene la sabiduría del músico innato a quien cuando visita la musa no hay nadie que le detenga, porque se sabe que es de usanza sus encierros voluntarios en su estudio del norte de la ciudad, que lo alejan de veleidades mundanas para trasportarlo por los senderos angelicales de la composición.

Ha escrito música para su padres, esposa, hijos, hermanos, amigos, su tierra que tanto ama, e incluso es tanto su pasión por el instrumento que hoy acaricia diariamente en su frenesí de músico permanente, que le regaló un pasillo ‘Mi amigo el saxo’, interpretado por las grandes sinfónicas del país y con orgullo sabe que en Brasil lo están ejecutando con arreglos de bossa nova.
Juan José Ramírez es un riguroso del trabajo, como maestro de juventudes ha enseñado la disciplina como único requisito para triunfar y se le debe como agregado a su apasionante personalidad haber sido el iniciador de muchas de las bandas juveniles del departamento, muchas veces sin más contraprestación que su vocación de servicio.

Llegó a la banda departamental de la mano de su padre, otra curiosidad, pero se abrió el camino solo con capacidades propias.
Fue instrumentista de campañillas, músico primero y posteriormente gracias a su formación y capacidad director, su sueño, hecho realidad hace varios años. Allí se ha destacado por su ejemplo de seriedad cuando se asumen los retos.

Entre sus compañeros de trabajo donde están los más reconocidos músicos de la región ejerce un liderazgo natural exento de artilugios y solo ratificado por su profesionalismo sin par.

El empirismo de Juan José, fue perfeccionado por su inclinación al estudio, que lo convirtió primero en enjundioso estudiante del conservatorio del Tolima para posteriormente recibirse en el doctorado de la universidad de Caldas como músico profesional. Y asegura que para ser idóneo hay que estudiar toda la vida y ese concepto comparten sus amigos.

No se sabe cuántas composiciones hay en su haber pero una sola muestra cuando el departamento cumplía 42 años regaló de parte de su ingenio pasillos, bambucos, cumbias, joropos, danzas y qué más pedir.

Hace poco estrenó un Concierto para Banda y Saxo que fue para los conocedores del asunto la consagración del músico clásico al servicio de las artes populares.

Cada semana es acompañado por cientos de personas a un ritual de 32 músicos que bajo su batuta y en el hall del Banco de la República, entregan todo el encanto del destello de las musas.

Le queda mucho por hacer, su juventud está al servicio de su incansable rutina de músico ejemplar.

Quienes los viernes por fortuna se desplazan a El Solar, un reconocido restaurante al norte de Armenia, se encontrarán allí al modesto, pero inmenso músico, con un saxofón en la mano, interpretando cualquier melodía no importa que sea el viejo New York New York, La Cumbia del Caribe o arrancando de su amado instrumento las notas legendarias de Jobin y de Moraes.

Cuando su madre Emma, su padre Luis Ángel y sus doce hermanos cantaban hace cuarenta años Bajo un Palmar nunca intuyeron que tantos años después, en un homenaje cálido y justo las gentes de su departamento votaran masivamente para convertirlo en este 20 de julio como uno de los mejores músicos vivos de este país.

Hoy están de fiesta los saxofones porque uno de sus mejores ejecutantes se salió con la suya.


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