Región / ENERO 10 DE 2021 / 2 semanas antes

La ‘Luz’ de su existencia es luchar por los que quedan vivos

Autor : Hector Barrera

La ‘Luz’ de su existencia es luchar por los que quedan vivos

Luz Amparo Agudelo Agudelo mira con nostalgia las fotos de su adorada hija, Angie Carolina Cossio Agudelo, que conserva colgadas en la sala de su casa.

Luz Amparo Agudelo Agudelo estaba en una tienda cercana al parque principal de Circasia. De repente, se le acercó su hija, Angie Carolina Cossio Agudelo, y le dijo: “Mami, tranquila que yo estoy bien. Vine solo para que me regale un abrazo y un beso”. Sin dudarlo, se fundieron en un prolongado abrazo en el que para la madre se mezclaba esa alegría de ver de nuevo a su hija, pero, a la vez, sentía una inexplicable nostalgia.  

Luego, Angie Carolina se fue perdiendo entre las calles, como el humo del cigarrillo en el aire. “¿Para dónde vas?”, le preguntó su madre, con cierta dosis de melancolía. Ella la miró y le respondió, mientras sonreía a cada paso que daba: “Mami, me tengo que ir, pero estoy feliz donde estoy. ¡Cuide mucho a mi niña!”. Acto seguido, Luz Amparo se despertó sobresaltada, y se percató de que su pequeña se había despedido para siempre de ella en ese sueño, ya que en vida no lo pudo hacer porque el feminicidio del que fue víctima se lo impidió.   

“A veces uno quisiera devolver el tiempo y encerrarla con llave y decirle que no se puede mover de acá”. Ese deseo inalcanzable, lleno de sentimientos de culpa y de arrepentimiento, lo expresó Luz Amparo un año y medio después del crimen de su hija. Sentía que le faltaron muchas cosas por hacer como madre para impedir que esa desgracia ocurriera.  

Ocuparse para que no duela y fantasear para no llorar  

Esta madre, de 41 años de edad, ha tratado de olvidar todo lo relacionado con el suceso, como un mecanismo de contención ante el dolor que la ha embargado durante todo este tiempo. “Si me pregunta el nombre del señor -del supuesto asesino- no lo recuerdo porque no lo traté, lo vi una sola vez y eso que me vine a acordar como a los 4 o 5 meses mientras trabajaba en el almacén. Recordé que él estuvo ahí borracho en la puerta por las fotos que me mostraron, pero en realidad no lo conocía ni quise tratar de hacerlo”, rememoró.  

Recordó con mucho orgullo que Angie Carolina Cossio Agudelo era muy emprendedora, amigable, y que solo buscaba un buen futuro para su pequeña hijita, de 3 años de edad. La amaba tanto que dio la vida por poder verla.  

Luz Amparo reconoció que Angie Carolina, como muchas jóvenes, fue llevada de su parecer y le tocó asumir la mortal consecuencia de una mala elección. Con frecuencia, a ella la invadía el recuerdo melancólico de su hija cuando estaba viva, en especial, cuando estaba sola y desempleada, como ahora. Entonces, para no sumergirse en esa angustia que la transportaba a un pasado que no volvería, optaba por ocuparse: salía a la calle, hacía oficio o simplemente conversaba con alguien. Así, ese dolor compartido se le hacía más llevadero. Lo importante, contaba ella, era tener su mente activa para enfrentar esos demonios del duelo, que a veces le querían carcomer la tranquilidad.  

Reveló que cuando iba al cementerio Libre de Circasia a visitar la tumba de su adorada hija, sus ganas de dormir quedaban tan sepultadas como su descendiente. Aceptar esa cruel realidad la desvelaba y la hundía en ese sentimiento de tristeza profunda que la hacía sentir miserable, como aquella vez que se fue a pintar la lápida de su pequeña después de recibirla como regalo de una amiga de Angie, quien vino a Circasia proveniente de Chile. 

“Eso no se supera. La gente cree que no me ha dado duro la muerte de mi hija, pero no es así. Tengo que pensar también en el resto de mi familia. Yo miraba a mi hijo y decía que, si yo me derrumbaba, también lo hacía él. Si me dejaba llevar por el dolor también se lo iba a transmitir a mi nieta, que tanto me necesitaba”, reflexionaba esta madre.  

Otra forma de elaborar ese duelo, propia de su edad, ha tenido la pequeña hija de la víctima, quien el próximo 17 de febrero cumplirá 6 años de vida. A veces, mientras estaba en su cuarto hablaba sola, pero en su mundo interior se hacía a la idea de que conversaba con su mamá y que ella le aseguraba que la amaba mucho.  

En otras ocasiones, la pequeña miraba hacia el cielo y en el infinito veía a su madre tomada de la mano con una tía que días antes también había muerto por causas naturales. Era como si la niña hubiera visto que su madre estaba siendo guiada por la mano bondadosa de esa tía en una esfera no terrenal. La niña se sentía abrazada y besada por su progenitora e, incluso, en sus pensamientos fantásticos jugaba con ella, como quien se divertía con un amigo imaginario, que ahora era su ángel de la guarda.  

Sin embargo, había momentos en los que la niña se sentía muy triste. Entonces se evidenciaba que necesitaba de una profesional para ayudarla a superar ese duelo, igual que su abuela, quien tampoco la había tenido, según ella, por la falta de plata. Luz Amparo requería de un apoyo sicológico. Para ella era urgente encontrar esa mano amiga que la escuchara sin juzgarla para poder seguir sus días sin ese peso asfixiante que le traía el arrepentimiento.  

Luz Amparo reveló que su nietecita les tenía pavor a los hombres y por eso no era bueno exponerla a un tratamiento especializado con uno. Lo ideal, aseguraba, era que otra mujer, tan cariñosa como su madre, la tratara para que estuviera tranquila.   

Parecía que la niña había heredado, por reflejo, esos sentimientos de miedo y terror que debió experimentar su madre cuando el presunto asesino, supuestamente ebrio, le fracturó las dos muñecas, le golpeó la cabeza contra la pared y con un arma blanca le degolló la existencia. Todo ocurrió aquella amarga noche del 16 de agosto del 2018 en medio de una acalorada discusión en un apartamento del quinto piso de un conjunto residencial del barrio El Tintal en Bogotá.  

Según la versión que tomaba más fuerza, el detonante de aquella desgracia se derivó porque Angie Carolina, de 19 años de edad, deseaba devolverse para Circasia, en época de fiestas, a ver a su pequeña hija. Él no fue capaz de darle esa libertad, simplemente porque su asadero de carnes no iba a tener quien lo atendiera.  

Los 2 hermanos de Angie Carolina también cargaron esa pesada cruz del duelo a su manera. Jhon Harold Cossio, el mayor, estaba en Bucaramanga cuando sucedió la desgracia, pero la sintió como si a ella la hubieran asesinado frente a sus ojos. Luz Amparo rememoró que conforme peleaban se querían, se comunicaban constantemente por medios virtuales.  

El otro hermano andaba, desde hacía tiempo, extraviado en el complejo laberinto de las adicciones, que lo llevaban a andar, sin rumbo fijo, como un nómada errante. La madre recordó que cuando ocurrió la tragedia trataron de buscarlo para contarle, pero solo pudieron hacerlo 4 días después, cuando el cuerpo de su hermana yacía metros bajo tierra. 

 Los golpes finales estaban anunciados 

Luz Amparo aseguró que siempre estuvo al margen, supuestamente inocente de las visitas que el presunto feminicida le hacía a su hija en Circasia. Ella nunca se lo presentó y solo tiempo después se vino a dar cuenta, por información de las amigas de Angie Carolina, que el sujeto la golpeó en varias ocasiones, pero esta madre no pudo estar ahí para prevenirla de la desgracia que le esperaba. Y no pudo hacerlo porque cuando eso pasaba, la víctima se escondía donde las amigas para que la mujer que la trajo al mundo no le viera las secuelas de esos maltratos, para que no la juzgara. 

Sentada en la sala de su casa en el ‘Municipio Libre’ del Quindío, muy cerca de un cuadro con la foto de su hija, esta mujer recordó que la relación amorosa siempre permaneció oculta, encubierta bajo la fachada de engaños que le ‘disparaban’ las amigas de Angie Carolina cada que ella les preguntaba por el paradero de la ahora víctima. 

Le decían que estaban de paseo o haciendo algún trabajo relacionado con sus estudios de zootecnia o de manicure. La primera era la carrera que cursaba por amor y la segunda, un curso que pretendía hacer para montar un negocio de belleza con la mamá y así poder cubrir las necesidades de su bebé. 

Pero la realidad era que lo único que estudiaba Angie Carolina, en esos episodios, era la manera de escaparse con aquel individuo sin dejar rastro, como lo hizo cuando se fue para Bogotá con él. La víctima le hizo creer a la mamá que se iba para Cali porque le había resultado un empleo en el que le daban tiempo para continuar con sus estudios. De hecho, un día antes del crimen, el 15 de agosto del 2018, la llamó para confirmarle esa farsa. Le prometió que, al día siguiente, que caía jueves, viajaría a Circasia para ver a su hija y hacer unas diligencias personales, pero la madre solo la pudo ver hasta el sábado, cuando se la llevaron hasta la casa en un ataúd. 

Sin embargo, detrás de esas mentiras de Angie Carolina había otro ingrediente. Según la madre, el hombre la tenía amenazada para que no le revelara los maltratos ni la relación y mucho menos el viaje a la capital del país, que en vez de cariño le trajo martirio. Una vez la asesinó, el hombre se cortó, según la madre de la víctima, para fingir que ella lo había agredido primero. 

Luz quedó al ‘Amparo’ de la desazón absoluta cuando en la noche del jueves un policía del CAI del barrio El Tintal de Bogotá la llamó a su celular para contarle la desgracia. Ella no podía creer que eso fuera cierto. En medio del aturdimiento llegó a pensar que estaba en medio de una pesadilla. 

Entonces trató de confirmar la veracidad de esa información con varias autoridades hasta que lo comprobó, pero aún seguía perdida en el limbo de la incredulidad. No podía creer que ya no volvería a ver a esa hija que en medio de las diferencias la buscaba para preguntarle si ya había comido, esa que era tan apegada a ella. 

  La indiferencia, un flagelo que fue cómplice del feminicidio 

“¡Chao, ahí les dejo eso!” Fue lo que algunos testigos le escucharon decir al presunto asesino, cuando salía del apartamento con las manos ensangrentadas. Momentos después se entregó en el CAI del mencionado barrio y confesó lo que había hecho. El arma blanca con la que supuestamente cometió el feminicidio no la encontraron, según la madre de la víctima. 

La doliente de Angie Carolina recordó que cuando fue a reclamar el cuerpo de su hija a Bogotá, la madre del supuesto responsable le ofreció dinero para que no declarara en su contra, pero ella lo rechazó. 

Luz Amparo asegura que desde Circasia ha hecho todo lo posible para saber sobre el proceso judicial del presunto feminicida, pero que nadie le ha dado razón de qué ha pasado con él en esa urbe. Carecer de los recursos para contratar a un abogado que se pueda apoderar del caso en la capital del país la ha privado del derecho a estar informada. 



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