Región / MAYO 15 DE 2022 / 1 mes antes

La verdad sobre la verdad, una entrevista con Dago García

Autor : Por Antony García especial para la crónica

La verdad sobre la verdad, una entrevista con Dago García

El productor audiovisual y ahora escritor vino al Quindío como invitado del proyecto Voces y Letras organizado por la Librería Pensamiento Escrito, Comfenalco y Cofincafé.

La paranoia, antes de volverse clínica, es una salida a la crisis del sentido. Por eso los locos se parecen a los escritores, ven cosas que nadie más logra desentrañar, conectan universos semánticos aparentemente inconexos, tratan de entender lo que se esconde detrás de cada gesto, palabra o acción. Nada es lo que parece. El escritor lee entre líneas el plano de lo real. Darío Armando García Granados es uno de estos escritores. En su primera novela, La verdad sobre la verdad, hilvana un tejido múltiple que describe el estado actual de la sociedad colombiana.   

García Granados, más conocido como Dago, es comunicador de la universidad Externado de Colombia. Ha producido seriados y telenovelas en diferentes países del mundo. Como resultado de estos trabajos audiovisuales ha obtenido reconocimientos de gran importancia: premio Simón Bolívar, premio India Catalina, premio TV y novelas, entre otros. En 1995 creó Dago García Producciones -DGP-, una de las productoras audiovisuales más reconocidas del país, con la cuál ha escrito y producido películas de gran éxito. Entre ellas El olvido que seremos, ganadora de los premios Goya y Platino 2021. Además de esto es vicepresidente de producción y contenido del canal caracol. Linkterna habló con el novelista sobre La Verdad sobre la verdad, su primera novela. 

 ¿Por qué escribir novela? 

Mi llegada a esta novela es casi accidental. No tenía previsto dentro de mis planes inmediatos escribir literatura. Un día me llamó Juan David Correa de Editorial Planeta. Me hizo una introducción manifestando que él pensaba que la gente que trabajaba en televisión o en el mundo audiovisual del entretenimiento, desarrollaba cierta habilidad para comunicarse con los grandes públicos. Juan David pensaba que ese tipo de habilidad debería capitalizarse en la literatura. 

Entonces me preguntó si yo nunca había pensado escribir literatura y me sugirió que le enviará algún manuscrito a ver si se podía empezar a trabajar en algo. Yo tenía el argumento de la novela. Un guionista normalmente tiene 20 guiones en un cajón y produce en su vida 2 o 3. El argumento central de La verdad sobre la verdad formaba parte de esos proyectos que estaban en veremos. Se lo envié al editor y le pareció la semilla indicada para empezar a trabajar. Así empezó el proceso. 

A partir de la desaparición de un avión comercial, con su tripulación y pasajeros, se comienza a desarrollar el argumento de la novela. Cuatro hilos narrativos aparentemente inconexos que en la medida que se entrecruzan producen el tejido central del libro.  

Háblenos un poco sobre la estructura de la novela. 

En el caso de La verdad sobre la verdad casi que el tema se imponía. Primero estuvo el tema y mi preocupación sobre lo que está sucediendo con el concepto de verdad en estos tiempos de posmodernidad, en donde las verdades absolutas implosionan y terminan siendo convertidas en múltiples pequeñas verdades. Ese tema me inquieta mucho y yo quería desarrollar una historia donde cuatro narrativas de la agenda pública interactuaran, se comunicarán, entraran en conflicto. 

En el mundo contemporáneo las 4 narrativas más influyentes son: la narrativa periodística, la narrativa del poder y de la autoridad, la narrativa política y la narrativa religiosa. Estas narraciones están definiendo el destino de las naciones y de la gente. Se expusieron inicialmente de manera individual, como para establecer las reglas del juego y gracias a un evento fortuito, que es la desaparición del avión, empiezan a entrar en contacto y en conflicto. 

No existen hechos sino interpretaciones. En Colombia cada quien construye su propio cuento. ¿qué piensa al respecto? 

Pienso que es cierto. Cada cual construye su verdad en un intento de supervivencia. Cuando estás en el mundo tratas de organizar simbólicamente lo que te rodea. Te aferras a unas certezas muy particulares para no caer en el sinsentido. Hay un filósofo muy de moda hoy en día, Yuval Harari, el filósofo israelita, el cuál plantea que la particularidad del ser humano no es la inteligencia, ni siquiera el lenguaje, sino su capacidad para construir sistemas simbólicos independientes y autónomos, y luego irse a vivir en ellos. Esos universos simbólicos donde cada uno vive son las verdades particulares.  

Yo creo que es el momento en que hay una desintegración de las verdades absolutas. El problema serio con este asunto es la polarización. La poca actitud o la poca predisposición de los dueños de esas verdades particulares a aceptar otras verdades. En una pretendida sociedad sana, las diferentes verdades deberían establecer un diálogo dialéctico, un diálogo solidario si se quiere, un diálogo complementario. Pero es todo lo contrario. Hay una tendencia a anular otros puntos de vista. Esto se debe a que cada construcción de sentido, cada narrativa de lo verdadero trae consigo intereses particulares, lo cual deriva en una crisis profunda de odios, resentimientos y agresión. 

Según Milan Kundera, en El arte de la novela, una de las condiciones para que una novela cumpla con su función en la sociedad es que logre ampliar la comprensión del género humano. ¿Buscaba cumplir ese objetivo? 

Es bastante complicado opinar sobre el trabajo de uno mismo. Lo que trato de señalar es el estado actual de la sociedad. Un estado actual de lo que está sucediendo con los diferentes discursos y narrativas, con los diferentes sectores que participan en la conversación pública. En ese sentido, cada uno de los personajes representa una forma del poder: el político, el de los medios de comunicación, el de los sistemas religiosos y el del orden judicial. Cada uno de estos intenta, según convenga, construir una verdad. Más que una novela de caracteres, es una novela de tema. 



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