Región / ENERO 09 DE 2022 / 2 semanas antes

Leer a Carmelina Soto De versos y de lluvia

Autor : Juan Felipe Gómez Cortés

Leer a Carmelina Soto De versos y de lluvia

Tarde lluviosa del primer lunes de enero. Hojeo la antología de poesía “El pescador absoluto”, de Carmelina Soto, y me detengo en estos versos: «Agua de surtidor. Agua cantora / como surgida por su propio invento. / Interminable y dulce como un cuento, / con tarde y ruiseñor y ruiseñora». Desde hace algunos días buscaba la manera de iniciar este artículo, para hablar de Carmelina y su obra sin caer en lugares comunes, pero en este lunes persiste uno de esos maravillosos lugares comunes de la poesía: la lluvia. Mientras arrecia el aguacero, busco otros versos de Carmelina que aludan al agua o a la lluvia. Leo: «Y la lluvia ligera y distraída / que toca vanamente en los cristales, / primarios carillones naturales / dibuja y desdibuja conmovida». Recuerdo que Carmelina se desempeñó como bibliotecaria y viene a mi mente el monólogo teatral “Conferencia sobre la lluvia”, del escritor mexicano Juan Villoro. Empiezo a releerlo. En este un bibliotecario que se dispone a ofrecer una conferencia sobre la relación entre la poesía amorosa y la lluvia pierde los papeles, hecho que lo conduce a hilvanar una bella digresión sobre su oficio, sobre el amor y otras cuestiones literarias. «Me interesa entender el agua imaginada por los poetas», dice el monologante, y algunas páginas después: «Los poetas se liberan del mundo con la lluvia, y al mismo tiempo logran una melancolía llevadera, la de un día nublado donde ni siquiera lo peor es completamente atroz».

Ha parado la lluvia, pero el gris se quedó instalado en el cielo de la tarde de lunes. Sigo leyendo “Conferencia sobre la lluvia” y este fragmento me devuelve a Carmelina: «La conferencia es un género menor, pero permite que ciertas ideas entren al corazón de los oyentes. Ojo que no digo “la cabeza”. Eso sería mucho pedir. Me conformo con que alguien sienta y su corazón lata de otro modo. El corazón tiene derecho a otra sorpresa». También el corazón late en los versos de Carmelina, y en ese otro maravilloso lugar común que es la noche: «Noche del corazón y arriba el cielo / y abajo nada más, la arcilla, el suelo. / Noche vampiro de mi corazón». Y en esta “Canción”: «Iba mi corazón / −caracol sin lamento− / impulsando, sangriento, / su pequeña canción. / Iba mi corazón…». 

A propósito de conferencias −charlas, discursos –, vuelvo al fragmento de una pronunciada por la poeta en 1968, y recogido en los estudios introductorios de las ediciones de “La Casa entre la niebla” –2007–,realizado por Luis Fernando Suárez; y de “El pescador absoluto” –Biblioteca de Autores Quindianos, 2019–, firmado por Carlos Alberto Castrillón y Yeni Zulena Millán; y que resulta revelador sobre los intereses y el horizonte poético de la autora: «amo la poesía a lampos… tempestuosa…testimonio y análisis de la propia entraña. Poesía con conocimiento de causa…poesía minoritaria. Ígnea flor armoniosa del pensamiento, la palabra, la acción y la pasión. Saeta luminosa lanzada hacia el misterio; a grandes rasgos he llevado a la palabra escrita el relato de las inquietudes y las disciplinas intelectuales que como agujas imantadas me recorrieron y me sirven de guía para llegar al punto cardinal del canto». 

Mañana del 31 de diciembre. El cielo se muestra gris a través de las ramas del gran Samán que ensombrece las placas en homenaje a la poeta en el parque Sucre de Armenia. En la primera, con el perfil en bronce de Carmelina en una esquina −obra del maestro José Roselved Pérez González− , se lee el emblemático soneto “Mi ciudad”: «Y nació mi ciudad en sol bañada, / los pies en tierra aurífera y oscura / y una perenne vocación de altura / en la límpida frente iluminada…». En la otra, deteriorada como buena parte del espacio público en esta ciudad, todavía se alcanza a leer la leyenda «Caminante: Aquí yacen las cenizas de una de las más grandes poetisas de América”. El año se termina y pienso que esta ciudad hace mucho dejó de ser aquella en cuyas calles se quedó enredada la infancia de la poeta.

Lo escrito sobre Carmelina en una de las placas del parque Sucre, aunque hiperbólico, ha sido respaldado por diversas voces desde los días de publicación de sus poemarios “Campanas de alba” (1941), “Octubre” –1953–, y “Tiempo inmóvil” –1974–. El primero motivó estas palabras del periodista y poeta Juan Lozano y Lozano: «una prodigiosa experiencia intelectual y una saturación de lirismo […] la hacen, no ya la más alta de las poetisas de toda nuestra historia literaria, sino uno de los primeros valores de la poesía colombiana». De la Carmelina de “Octubre” señala Luis Eduardo Nieto Caballero esta singularidad: «Parece saturada de clásicos, por ciertas reflexiones filosóficas y por ciertos giros, de una elegancia y de un sabor que no son habituales». En ese mismo tenor escribió Maruja Vieira: «…la de Carmelina Soto es una palabra distinta, un acento de insospechada trascendencia, en el ámbito que conocemos en la historia literaria colombiana como la etapa de Piedra y Cielo». 

Otros conocidos y contemporáneos suyos, como Adel López Gómez y Julio Alfonso Cáceres, también valoraron con entusiasmo el trabajo de Carmelina Soto, apreciaciones necesarias para entender la dimensión de su propuesta estética y su posición frente a la vida y la creación. Aparecen estas voces muy bien sopesadas y tejiendo un necesario entramado crítico en los estudios referidos de Carlos Alberto Castrillón, Luis Fernando Suárez y Yeni Zulena Millán.

Sobre su experiencia frente a la obra de Carmelina, como investigadora, pero sobre todo como lectora, la docente y poeta Yeni Zulena Millán destaca que «de los primeros poemas que leí me llamó la atención su fuerza; había en ellos una voluntad de nombrar directa y sincera, como si el poema lo viera a uno a los ojos y lo obligara a mirarle, a entrar en ese recinto donde no había dónde o por qué ocultar lo que se sentía». En el ejercicio de ubicar la obra de la poeta en el panorama de la lírica nacional y latinoamericana, y encontrar vasos comunicantes con otras autoras y tradiciones, la profesora Millán señala: «me parece posible acercarla a quienes fueron sus contemporáneas: Maruja Vieira, Matilde Espinosa, Meira Delmar y Dora Castellanos; si la búsqueda nos lleva a ubicar cierta resonancia en las voces poéticas, esa necesidad o reclamo que deja su marca en el tono de la enunciación, pienso en las poetas españolas del grupo de las “Sin sombrero”, y en algunas poetas cubanas y argentinas, en Alfonsina Storni o en Carilda Oliver, por mencionar algunas.» 

Los versos de Carmelina Soto han trascendido el papel para llegar a nuevos lectores y escuchas. En los últimos años la bella y poderosa voz de la cantautora Victoria Sur se ha encargado de llevar algunos de ellos a otros públicos. Como invitada a hacer parte de la banda sonora de “Corazón violeta”, serie para Telecafé inspirada en Carmelina, Victoria adaptó los poemas “Almas” y “Balada del recuerdo”. «Me parece que es una mujer que entendió muy bien nuestra cultura, que tiene una delicadeza, una profundidad, una feminidad en su obra, pero también mucha fuerza, mucha fuerza femenina, y siento que nuestro paisaje quindiano está muy presente en su obra también”, dice la cantautora. 

«Estamos en deuda con Carmelina Soto y es necesario que todas las jóvenes mujeres que ahora escriben −y los hombres también por supuesto− conozcan su obra», escribió Maruja Vieira. Buscar sus libros en las bibliotecas públicas y compartir sus versos en redes sociales y a viva voz hacen parte de esos pequeños actos necesarios para saldar esa deuda, y lograr, como menciona la profesora Yeni Zulena, que el legado literario de Carmelina Soto salga a “navegar por aguas más profundas”. 

 

*Contenido realizado como parte del proyecto “Lecturas y miradas a la Biblioteca de Autores Quindianos, una década de historias y voces recuperadas”, ganador de la Beca para el Fortalecimiento a la Creación y Circulación de Contenidos de Crítica Cultural y Creativa del Programa de Estímulos del Ministerio de Cultura 2021. 



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