Región / OCTUBRE 18 DE 2020 / 1 semana antes

¡Una Carmen Emilia de armas tomar llegó a sus 104 años!

Autor : Jorge Eliécer Orozco Dávila - [email protected]

¡Una Carmen Emilia de armas tomar llegó a sus 104 años!

En la foto, doña Carmen Emilia Hernández de Jiménez con the Honorable Alfred H. Bennett, en el United States District Court Southern District of Texas, en el M.O. Campbell Education Center.

Bien plantada y con la firmeza de su estirpe, recibió el documento que la acredita como ciudadana americana. Su vida entre Manizales, Pereira, Circasia, Calarcá y Houston.

Como todas las mujeres, bisabuelas, abuelas y madres —oriundas del compuesto geográfico del departamento de Caldas y de Antioquia la grande— doña Carmen Emilia Hernández de Jiménez se formó como madre, ejerciendo con autoridad moral el mandato de señora de la casa. 

Su sonrisa juguetona, el ritmo corto y elegante de sus pasos al caminar, la genética que hizo de su cuerpo un ser único, han sido razón y aliento de una existencia comprometida con la vida haciendo el bien, y con cuantos más valores cuando lo ha hecho “sin mirar a quién”. 

Hizo 104 años el pasado 29 de septiembre que nació y según la certificación que dice: “El cura que suscribe certifica que en el libro 4 de bautizos de esta Santa Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción de Manizales, a 24 de octubre de 1916, yo el suscrito cura párroco bauticé a una niña que nació el 29 del próximo mes pasado, a quien le puse el nombre de Carmen Emilia, hija legítima de Secundino Hernández y María Gregoria Ortiz, vecinos de esta parroquia. Abuelos paternos Carlos e Inés Atehortúa. Maternos José Cristo y María Rojas. Fueron padrinos Cesáreo Rojas y Mercedes Arias a quienes advertí el parentesco y sus obligaciones. Doy fe. Jesús Antonio Molina. Es fiel copia, Manizales abril 17 de 1934”.

Se desprende de esta certificación que la jovencita Carmen Emilia iba a contraer matrimonio a sus 18 años. El siguiente documento lo confirma. Diócesis de Cartago, Valle. Parroquia de Nuestra Señora de la Pobreza. Libro 1. Folio 215. Número 39.

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“En la parroquia de Nuestra Señora de la Pobreza de Cartago a 5 de noviembre de 1934, cumplidas las prescripciones canónicas, el Pbro. Tomás Martínez presenció el matrimonio que contrajo, Jesús Antonio Jiménez, hijo de Jesús A. Jiménez y María R. Montoya, bautizado en Pereira el 9 de julio de 1911, con Carmen Emilia Hernández, hija de Secundino Hernández y Gregoria Ortiz, bautizada en la Parroquia de la Concepción de Manizales. Testigos: Víctor Hernández y Micaela Jordán. Doy fe. Fr. Tomás Martínez. A.R. Rubricada. Sin nota al margen. Es fiel copia expedida del original a 10 de abril del año 2000”.

Circasia, la primera etapa

Corría la quinta década de la mitad del siglo XX. Esto fue poco antes de que los campos del Quindío se bañaran de sangre cada día y especialmente en las noches aciagas, causadas por la violencia política fratricida que empezó en Colombia el 9 de abril de 1948 tras el asesinato en Bogotá del líder popular Liberal Jorge Eliécer Gaitán. Así fue como se conoció la fecha de los más tormentosos desvelos nacionales y los municipios del Quindío pusieron en las fincas cafeteras el blanco para exponer la cuota de sus propias víctimas como si fueran culpables de los cruentos y dolorosos derramamientos o de los factores que dieron lugar al comienzo de esa violencia.

Fue entonces cuando don Jesús Antonio Jiménez se instaló en Circasia, próspero municipio quindiano descendiente del Cauca al que perteneció los primeros años del siglo pasado. Ya había ensayado con Manizales, Cartago, Pereira. La ciudad donde se casó, una maravilla pero sin los requerimientos para el trabajo de hombres muy fuertes dispuestos a la brega de sol a sol. Cartago no logró encantarlos del todo y a Pereira le sobraba alegría, cuando lo que querían era un ambiente más pausado.

 De su matrimonio con Carmen Emilia habían transcurrido más de 10 años, decidiendo entonces venirse a Circasia a calentar nido, para que en el pueblo libre, que ayudó a forjar don Braulio Botero Londoño, nacieran los 3 primeros pichones de Jesús Antonio y Carmen Emilia: Nidia, Mary y Diego Antonio. A sus 104 años de vida, ha visto enterrar a su esposo Antonio; a Nidia y Diego Antonio, hijos nacidos en Circasia; después murieron otros 2. Ya veremos.

Calarcá segunda etapa con premios de montaña

En 1956, el matrimonio Jiménez Hernández recorrió la que sería su segunda y más importante etapa en el giro del Quindío, 10 años antes de la creación del departamento y con tantas vivencias y recuerdos de esa era cívico-política, como la que pudieran tener los calarqueños nativos o los que se habían asentado antes en los predios de la villa que tenía moneda propia, eran de 10 centavos. Y su cacique Calarcá, paseándose por el país mostrando su cara y sello, preferiblemente la carita del cacique. 

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Cuando se empezaron a levantar las muchachadas, Calarcá era una meca de mujeres, la carrera 25 parecía malecón con vista de todas los balcones y desde los andenes a estos y como no fueron pocos los hijos de don Jesús Antonio y doña Carmen Emilia, no había otro remedio que la señora de la casa saliera con ellas tanto para disfrutar de la alegría callejera como para marcar pasos y hacer parte de los grupos de control y vigilancia…

Nidia había sido la primera, nació en Circasia y fue también la primera en irse de este mundo. Mary quien vive en Houston, Jairo Diego Antonio, fallecido; Humberto, Amparo, Nelson, de quien nunca se sabe si está en Houston cerca a la mamá, o en el Quindío de sus amores, al fin y al cabo la familia de doña Carmen Emilia goza toda de su pensión; sigue Leonel, otro de los hijos fallecidos; Yolanda, en Estados Unidos; Edith, Diana Inés, la gatica como cariñosamente le llamamos quienes conocimos de sus gestos y valores humanos, a quien falleció hace pocos años en Houston; y Esperanza, la bebé que fue la última en fijar residencia en la metrópoli texana.

No es común y por eso propio de destacarse, que una quindiana, colombiana con una vida de nexos en el Quindío, todos sus hijos nacieron aquí, y con una buena cantidad de ellos acompañándola en Estados Unidos haya cumplido 104 años con una vitalidad asombrosa y que las autoridades texanas de migración en Houston le hubieran otorgado —en un acto muy especial— la nacionalidad americana.


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