Opinión / SEPTIEMBRE 21 DE 2020

Defensa del humanismo

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Sorprende encontrar el nombre de Alejandro Gaviria, actual rector de Universidad de los Andes, en la baraja de eventuales candidatos a la presidencia de la República en las próximas elecciones. Y digo que sorprende porque un intelectual, humanista y académico de la hondura y el talante de este personaje, no parece clasificar dentro de las perspectivas de los bandos en que esta milimétricamente dividido el odio sectario del país político en Colombia. Veamos algunas de sus ideas peregrinas:

Debemos ir más allá de la indignación que reniega de todo por principio y del cinismo que niega la posibilidad de cualquier cambio por indiferencia o conveniencia. La universidad tiene que combatir las mentiras convenientes, las ideologías engañosas y los discursos del odio.

Nuestros peores errores vienen, no de nuestra falta de conocimiento, de nuestra ignorancia, sino del exceso de confianza, en la omisión de la complejidad y la negación de la incertidumbre.

Los ciudadanos del mundo están perdiendo la confianza en la democracia y las instituciones porque la política se vuelve una especie de galimatías, un debate jurídico sin sentido, que nada tiene que ver con las necesidades diarias de la gente.

No hemos podido trascender a los oidores de Santa Fe en la colonia, estos discutían temas que nada tenían que ver con los problemas de los ciudadanos y creían que estaban gobernando, mientras en la periferia aumentaban las necesidades.

Debemos practicar una democracia deliberativa, que a Colombia no ha llegado; la necesidad de pensar por sí mismo, de ser consecuente, de argumentar, de dejar los dogmatismos. Debemos hacer un esfuerzo tener una cierta provisionalidad en nuestras opiniones, de lo contrario no puede haber diálogo y sin diálogo, en esencia, no puede haber democracia. 

Todos deberíamos ser antisubversivos, las virtudes democráticas parten de la capacidad de cuestionarse sus propios argumentos, de cambiar de opinión, para que el diálogo democrático tenga sentido, dejarnos contaminar del otro, como decía Estanislao Zuleta.

La sociedad quiere cambios y hay que responder a esa impaciencia colectiva, pero la respuesta tiene que tener algo de pensamiento y establecer entre todos contratos sociales coherentes, yo veo, dice, en las extremas derecha e izquierda un rechazo a la coherencia.

El populismo tiene como característica evadir la complejidad del mundo y olvidarse de las dificultades a la hora de transformar la sociedad.

El humanismo necesita que asumamos los desafíos que nos plantea la libertad, conscientemente libres, compasivamente libres, que en Colombia tiene que ver con el respeto a la comunidad organizada, a quienes luchan por el medio ambiente a quienes protestan a los que nunca se conformaran con un mundo como este.

Comprenderán entonces que con ideas como estas, tan fuera del mercado del odio, difícilmente se podrán promocionar una candidatura presidencial en nuestro país, más aún si es por el Parido Liberal, sino pregúntenle a Humberto de La Calle.


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