Opinión / SEPTIEMBRE 18 DE 2020

Nos desmantelan, Sancho

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La incertidumbre reina en la gestión cultural en Colombia. Aparte del nombramiento de una ministra, como Carmen Inés Vásquez, ajena al sector, la apuesta de la economía naranja, una amalgama incierta de industria creativa y desarrollo digital, nunca arrancó. 

El retroceso de la gestión en Colombia, con este gobierno, era un ya hecho antes de la pandemia. Luego, con el virus en nuestras vías respiratorias, la cultura colapsó en este ámbito. Muy poco, desde el Estado central, aparte de unos nimios alivios tributarios, se ha hecho para atender a un sector condicionado por la informalidad y autogestor por naturaleza.

El asunto en Quindío era un poco distinto, por el crecimiento paulatino de las inversiones en el pasado decenio. El incremento de programas artísticos, la consolidación del sistema de cultura, el aumento de las bolsas de concertación y estímulos, eran notables. Veníamos bien, in crescendo, desde la administración muy afortunada del gobernador Julio César López Espinosa.

Si bien existían discrepancias por el favoritismo y politiquería del pasado secretario de cultura, James González Mata, la institucionalidad venía creciendo, en particular por la concurrencia de funcionarios como Ana Lucelly Velasco, Jackeline Valencia y Jorge Eduardo Urrea, que le dieron reglas de juego y participación ciudadana al sector. 

En los anteriores cuatro años, de recursos propios, de estampilla Procultura, de telefonía móvil, de cofinanciación nacional, bajo la tutela del exgobernador Carlos Eduardo Osorio, se llegó a $22.497.000.000, que fueron aplicados en ese lapso. Avanzamos.

Empezamos el año con la expectativa del nombramiento de un secretario del sector, Jorge Iván Espinosa, quien llegó con la bolsa llena de ilusiones, pero también cargada con un discurso controversial, aupado por otros gestores, quienes fueron confrontados en la anterior administración. Traía también en esa talega la vieja aspiración de construir, con asignaciones de regalías, la biblioteca departamental.

Nos cayó la pandemia y la zozobra llegó. El gobierno departamental, sin argumentación clara, quitó de un tajo los $1.500.000.000 de presupuesto propio del sector, y aún no se sabe la pertinencia de esa decisión. Y rebajó el 50 % de los recursos de la estampilla Procultura, $700.000.000. Esa secretaría, en las actuales condiciones, queda casi desmantelada en inversión para el sector.

De esa nueva calamidad para el sector de la cultura, surgen algunas preguntas que nos debería responder el señor gobernador: ¿Por qué el sector más vulnerable debe poner sus espaldas para recibir el planazo de la crisis presupuestal? ¿Será que se busca debilitar a esa secretaría por razones de política local? ¿Por qué en los cargos clave de la secretaría han impuesto profesionales que nada que ver con la cultura? ¿Tiene apoyo político y administrativo el secretario actual o seguirá su poca influencia en un consejo de gobierno donde la cultura vale poco?

El señor gobernador, Roberto Jairo Jaramillo, aún puede remediar el menoscabo perpetrado a la cultura en Quindío.  


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