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Aberrante

Luis Janil Avendaño Hernández

lunes, 19 octubre 2026

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

La palabra aberrante es un adjetivo que significa “que se desvía, se aparta o se aleja de lo normal, habitual, lógico o correcto”

Para la RAE “que se aparta de lo natural, normal o lícito”. En sentido general “comportamiento o situación que rompe con el estándar o lo esperado”. En lo moral o social “carga negativa fuerte para calificar actos depravados, inmorales, ilícitos o sumamente perversos. Sinónimos “anormal, anómalo, inusual, monstruoso”.

En la batalla que apenas comienza, otra vez, entre los extremos, se ha pasado del insulto, a la calumnia. Y aquí podemos recordar al famoso dirigente de la derecha que manifestaba “calumniad, calumniad, que de la calumnia algo queda”. Y digo comienza, porque las elecciones se realizarán el año entrante, en el mes de octubre y al paso que vamos no se respetará ni la natividad para lograr morigerar el lenguaje, y enseñarles a nuestros menores la necesidad de la tolerancia, la hermandad, y el respeto por la dignidad humana.

Las palabras y expresiones que se comienzan a usar van desde la ignominia hasta convertir a las enfermedades venéreas en epítetos para seres humanos. Está bien que pasamos de olvidar la literatura, la riqueza del lenguaje, para volver lunfardos a nuestros copartidarios, pero la riqueza de la forma llega al camino del respeto por el otro. La discusión de argumentos y palabras enriquecidas de contenidos políticos es superior al insulto ramplón, salido de una cueva oscura y maloliente que condena el idioma.

El arte convertido en garrote para golpear, y no para convencer, para hacer discurso, para llevar un mensaje de crítica acompañada de propuestas de solución, desdice de los autores, creadores o a quienes consideramos ciudadanos. Por que el ciudadano construye, busca mejora y reivindicaciones, busca la paz y la concordia, recorre el camino del encuentro con el adversario para lograr mejorar las condiciones de los seres humanos que defiende. Pero no es destruyendo el lenguaje y el arte como lograremos un mundo mejor.

Los hechos y expresiones de esta semana utilizando de un lado una menor para que de sus labios inocentes y cándidos, saliesen palabras que su mente aun no entiende, es la instrumentalización de la falta de solidaridad y construcción de un mundo nuevo. Los artistas con sus caricaturas y sus expresiones que riñen con lo vulgar y rastrero, no son una forma de enfrentar a quienes se consideran contrarios ideológicamente, parece mas la actividad de un sanatorio o frenopático.

Pero todo ello incita, invita, convoca a que todos nos enfrasquemos en una concupiscente guerra entre hermanos, donde solo ganan, como se está demostrando, unos pocos vivos mientras nos enfrentamos por su consejo e invitación. 

No es la predica de la moral de la mata de mora, o de la axiología de la lengua y el contubernio de los dientes, ni falsa forma frente a una materialidad infamante, es apenas un llamado, para que construyamos con el lenguaje, para que respetemos las palabras y las personas. Para que entendamos que por este camino no se hacen sino heridas sin posibilidad de restañar. Rencores por la brutalidad de una palabra, y muertos por la emoción de los discursos.