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¿Alternativos?

Óscar Iván Sabogal V.

lunes, 1 julio 2019

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

No nos digamos mentiras, pretender instaurar un proyecto de alternatividad política, partiendo de las mismas mentalidades tradicionales de siempre, es obra de romanos.

Vamos por partes, para generar y posicionar un proyecto político de renovación por las autodenominadas fuerzas alternativas, no basta, como lo anuncian esas mentalidades simplistas, con un ‘buen’ pronóstico meteorológico- político que presagie nubes negras en el escenario electoral tradicional, altos niveles de turbulencia por cuenta de la corrupción reinante, tormentas ocasionadas por el desgaste de los políticos ante la falta de resultados  y altas temperaturas de  indignación  de  una ciudadanía inconforme  que, por lo menos en el Quindío, todavía anda en busca de intérprete.

No, el asunto es más complejo que desempolvar el viejo vicio de andar por ahí repartiendo, a la ligera,  condenas y absoluciones con corruptómetros calibrados al son de caprichos personales. Para generar alternativas se debe partir de un ejercicio de inteligencia aguda  y de pluralismo que genere una lectura seria y concienzuda de la realidad política que nos rodea, que a veces no coincide con nuestros deseos, de esa lectura depende que se encuentren respuestas sensatas y pertinentes que se conecten con las aspiraciones y los imaginarios  de una comunidad como la nuestra, que no tiene, por ejemplo, el  nivel de perspectiva política progresista de una ciudad como Bogotá.

Se debe, además, construir una plataforma política, un programa, una hoja de ruta ágil, concisa y pertinente que incluya una propuesta sobre la ética pública y la probidad de quienes la encarnan, una agenda ambiental de defensa de los recursos naturales y una propuesta de reconvención productiva.

Se deben presentar  unos candidatos a gobernación, alcaldías, asambleas y concejos sin la menor tacha, sin  mácula alguna, que contraste con los candidatos de la politiquería, con algún trabajo político y aire de renovación que los perfile como verdadera alternativa de gobierno, candidatos producto de una amplia concertación que reúna a sectores no corruptos independientemente del color de sus banderas políticas. A la gente le interesa menos la preponderancia de la izquierda o la derecha y más el rumbo de la región y la solución efectiva de los acuciantes problemas regionales, además, hay que decirlo, no es posible hoy construir una opción de poder solo con la izquierda en el Quindío.

En resumen, no basta con elucubraciones de mentalidades sectarias de la izquierda tradicional, ni con agitar las banderas de la anticorrupción sin sustituirlas por otras que verdaderamente interpreten el descontento popular, ni basta con contar con panoramas políticos favorables para el cambio, ni los avales a candidatos de la politiquería de siempre recién aterrizados en estos partidos, ni los impuestos desde Bogotá.

Se necesita también un verdadero partido de centro con credibilidad y perspectiva que logre la tarea delicada, pero absolutamente indispensable, de generar garantías de acercamiento a los diferentes sectores y  ese es el que no hay hoy en el Quindío.