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Apocalipsis megaminería

Umberto Senegal

sábado, 22 junio 2019

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

¿Dónde nos refugiaremos los quindianos cuando destruyan nuestra región? ¿Hacia cuáles lugares de Colombia desertaremos, luego de la desolación, por la diáspora megaminera? La catástrofe no tendrá fronteras.

Los primeros masacrados serán los animales. Centenares de especies devastadas sin misericordia. Descuartizadas por las explosiones. Envenenadas. Apisonadas por toda clase de maquinarias. Luego, millares de plantas medicinales. Yerbas y árboles astillados. Arrancados de la tierra y la memoria. Seguirán el agua y el aire. Todo será corrompido y torturado. Sucumbirán las emblemáticas palmas de cera. Se desvanecerá este paisaje que atrae millares de personas con fe en la tierra y en el hombre. Cada quindiano que se silencie frente a la megaminería, ¡es culpable! Emponzoñará su alma, su cuerpo con los cánceres que desarrollará, las enfermedades que caerán sobre él y sus hijos. Los judíos que iban a ser deportados hacia campos de exterminio masivo, portaban un distintivo con la estrella de David. Propongo remendarnos cerca del corazón un brazalete con una palma talada, si no reaccionamos, si consideramos natural el holocausto que sucederá en Salento y el Quindío y consideras, hermano quindiano, que este funesto tipo de minería es progreso. El exterminio seguirá con los seres humanos. Yo, tú, él, nosotros, vosotros y ellos. ¿Te lucrarás de alguna manera con la megaminería quindiana? ¿Recibiste algún pago canalla, para engañar la población y deslumbrarla con sofismas de desarrollo? Ningún Dios te perdonará. Todos los elementales de la naturaleza te castigarán: aire, fuego, tierra, agua, éter. Asesinarás sin compasión aquello que conoces. Y también a seres que desconoces: hadas, duendes, gnomos, mitos, leyendas, historia. ¿Eres propietario de fincas, chalets, cabañas, hoteles? ¿Crees que descenderá del cielo, como líquido maná, el agua que necesitarás para sobrevivir? ¿Dime qué beberán tus caballos y tus vacas, tus cerdos y tus jardines? Comprarás garrafones de agua de alguna marca determinada. No digas nada contra la megaminería y créelo todo como si fuera bueno. Tu personal refugio seguirá indemne. Vendrán mariposas a relatarte de su apareamiento con las máquinas. Colibríes y armadillos vendrán a contarte cómo fueron violados por los taladros. Vendrán nuestros aborígenes que guerrearon contra la ambición de los conquistadores, a preguntarte por qué permites que se renueve la historia de la destructora ambición. Cierra tus ojos frente a los azules y verdes. Cuando los abras, cuando tus hijos o nietos abran los de ellos, porque los tuyos estarán carcomidos por las enfermedades, solo verán la desolación y se preguntarán: ¿qué era Salento? ¿Qué era el Quindío? ¿Qué significan montaña y árbol, agua y canto de ave? Luego recorrerán esta aridez algunos robots cuya misión será verificar que por aquí hubo seres humanos que cultivaban café o plátano, amaban y escribían poesía. El nuevo apocalipsis tiene once letras: Megaminería.