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Cristoneofascismo (2)

Umberto Senegal

sábado, 3 octubre 2026

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

La aclaración del término aparece en La Internacional del odio, libro donde Tamayo estudia la expansión internacional de la alianza entre movimientos de extrema derecha con sectores cristianos fundamentalistas de Brasil, Estados Unidos y Europa.

Presenta al cristoneofascismo como religión política sustentada por el odio. En particular por instrumentalizar la Biblia. Tal idea ocupa lugar sustancial también en el libro La compasión en un mundo injusto. Tamayo lo aborda en contraste con la compasión, la solidaridad y la justicia. El cristoneofascismo representa la perversión de valores evangélicos como amor al prójimo y la misericordia. Dicha obra incluye un capítulo titulado: El cristoneofascismo, nueva religión. Políticamente fundada en alianzas entre extrema derecha y determinados fundamentalismos religiosos, en cabeza de pastores delegados por Jesús para aglutinar su obediente rebaño con los intereses partidistas de la persona que apoyan. Su base económica es el ultraliberalismo. Defensa del mercado sin controles sociales. Reducción de políticas redistributivas y exaltación del individualismo competitivo, justificados por interpretaciones religiosas proporcionando a tal programa legitimación moral y divina. A su vez, la extrema derecha ofrece capacidad de influencia institucional a tales grupos religiosos, secuaces del poder.  Como sucede en Colombia, con acciones y determinaciones del mandatario devoto de la Virgen María, capaz de bauti-camuflarse en aquellas iglesias cristianas, fundamentalistas o no, favorecedoras de su gestión. La lógica política cristoneofascista se organiza mediante la dialéctica amigo-enemigo, fraccionando la sociedad entre quienes representan la supuesta nación auténtica, cristiana y tradicional y cuantos, por su pensamiento disidente, serán marcados como amenazas: ustedes feministas, comunistas, progresistas, ustedes inmigrantes, indígenas, colectivos LGTBI+,  ustedes defensores del laicismo, ecologistas  y partidarios de los derechos sexuales y reproductivos. Tal dinámica transforma diferencias sociales en combates morales absolutos. En el plano social, el cristoneofascismo excluye y estigmatiza, explotando miedos reales que nos aquejan a todos, —crisis económica, inseguridad, pérdida de empleos, evoluciones culturales— y transformándolos en resentimientos y odios contra grupos vulnerables. Lo señala Carolin Emeke en su libro Contra el odio “El odio solo se puede combatir con lo que a ellos se les escapa: la observación atenta, la matización constante y el cuestionamiento de uno mismo. Esto exige ir descomponiendo el odio en todas sus partes, distinguirlo como sentimiento agudo de sus condicionantes ideológicos”. El cristoneofascismo al que están espoleando las clases populares, convierte la fe en teísmo político: Dios, la Biblia y la tradición cristiana, el nombre de Cristo, manipulados para justificar proyectos fascistas de poder. La religión deja de ser llamada de justicia para los pobres. El fenómeno se apoya en lecturas impropias de la Biblia, en defensa de una autoridad patriarcal y la identificación entre cristianismo, nación y orden social tradicional, dispositivo de obediencia, disciplina y combate cultural. No hay lema tan peligroso ni tan representativo del cristoneofascismo como vociferar: “¡Viva Cristo Rey!” 

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