Saltar al contenido

Guardadora de refranes

Umberto Senegal

sábado, 29 junio 2019

COMPARTIR LA NOTICIA:

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

La escuché decírselo con sutileza a Julián, drogadicto asesinado en Llanitos de Gualará: “El cerdo no sueña con rosas, sino con bellotas”. Mi madre es Guardadora de refranes. No tiene un desusado cofre donde almacene objetos de su niñez o  su adolescencia. 

Cecilia, mi madre con 85 años de edad, es depositaria de exuberantes y raros refranes. En su memoria siempre mantiene uno. Uno solo y no más. El conveniente para revelárselo, como consejo, a quien se lo requiera. Jamás repite ninguno de ellos a otra persona solicitándole consejo mediante tales locuciones de popular sapiencia. Es otra particularidad de las enigmáticas Guardadoras de refranes. Ignoro cómo le surgen, y persisten llegando a su vida y su memoria, porque mi madre no ha leído ni lee libros sobre el tema. La evoco leyendo atenta un almanaque Bristol, cincuenta años atrás y repitiendo en voz baja, “tricófero de Barry, tricófero de Barry”. O cuando siendo yo un niño de seis años, me leía fragmentos de El Deshielo, por Ilya Ehrenburg, en la revista Literatura Soviética. Manifiesta encontrarlos en sus sueños donde viaja hasta la cabaña de una anciana indígena llamada Nayeli, cuyo nombre significa te quiero. Nayeli los declama. Entonces, innumerables refranes de diversos países se incorporan en su memoria, semillas de mostaza saliendo cuando son necesarias. Nadie los rechaza. Tampoco los prodiga a cualquiera. Solo dos veces se pronuncia el refrán, sin explicárselo, a la persona necesitada de este. No se le permite ir más allá a ninguna Guardadora de refranes porque entonces pierde, durante dos meses, la facultad de recordarlos. Imagino a la Sibila de Delfos, vaticinando mediante refranes presocráticos, órficos o pitagóricos. “Cállate o di algo mejor que el silencio”. Mi madre no es pitonisa. Cuando la interrogo sobre su literaria facultad, responde: “No se preocupe por eso, lea sus libros de papel. Yo leo los del sueño. ¿Quiere ponerse a escribir sobre esto, para que la gente diga que estoy chiflada? No soy la única. La verdemántica de Génova, a quien usted entrevistó años atrás, es otra Guardadora”. En las comunidades Matapí, Cubeo y Andoque, por la serranía del Chiribiquete, están entrenando a varias indígenas para Guardadoras de refranes. Doña Nayeli dio a beber en sueños, a mi madre, una bebida de aromáticas y ayahuasca “para la buena memoria”. “Y para que encuentre el sitio donde viven los refranes”. Mi padre tenía una biblioteca con miles de libros. En sus sueños, mi madre tiene uno solo, producto tal vez de resonancias mórficas y del campo morfogenético sobre el cual teoriza Sheldrake. O posee algún enlace mental con los Registros akáshicos. Nada de esto le interesa. “Búsquelos en sus libros o suéñelos”, me reprendió un día, cuando intenté cazarle uno. 

 

Noticias relacionadas